Pedir por la paz incumbe a todos.

El padre Gerardo Hernández hizo un llamado para orar por la paz, pero aclaró que es una invitación para los credos porque la inseguridad no va sólo hacia los católicos sino contra todos los cristianos y está afectando a los hermanos de todas las iglesias, y por ello la importancia de unirse como pueblo de Dios para recuperar la seguridad y la paz social.

“Celebramos de la Asunción de la Inmaculada Virgen María al cielo, una fiesta que data de 1950, cuando fue proclamada como dogma de fe por el Papa Pío XII, y hoy es necesario orar por la paz en un barrio que representa la fundación de Celaya.

“Los obispos, a nivel nacional, nos han invitado a orar por la paz y hacer jornadas de oración por la paz social, por la reconciliación y para volvernos a ver como hermanos. De manera especial, ahora que celebramos a nuestra Madre Santísima, en este dogma de la asunción al cielo, para nuestra ciudad de Celaya, bien conviene pedirle a ella que nos regale paz y bien para la ciudad”, puntualizó.

Pidió que la virgen interceda para buscar el bien social, un bien que nace al mirarse como hermanos, porque al descubrirse hermanos unos a los otros, juntos dejarán de lastimarse y hacerse daño.

“Pero la invitación nacional por la oración por la paz, no es sólo para nosotros los católicos, sino que es un llamado universal, para cualquiera que sea el credo, porque la paz es un patrimonio común de las personas que va más allá del credo”, manifestó.

Expuso que como católicos ser pioneros de la oración por la paz, invitar a los hermanos de otros credos a unirse por la paz, porque la paz atañe a todos los hombres y todas las mujeres.

“También es necesario que desde nuestra familia hagamos conciencia de que la paz es un don de Dios, que se recibe, que se trabaja y sobre todo, buscando siempre salvaguardar la seguridad de las vidas como algo sagrado”, señaló.

Recordó que a nadie le está permitido privar de la vida y de la libertad a un hermano, porque es algo que no le corresponde a ninguna persona, y reiteró que la vida es un don de Dios, un don sagrado que se debe de cuidar y respetar.

Para concluir, el sacerdote dijo que se trata de fomentar el diálogo, empezando desde la familia, fortaleciéndose desde la colaboración y acción común para que desde la familia, surja la cultura de paz que tanto necesita Celaya, el Estado de Guanajuato, México y a nivel mundial.

Información. El Sol del Bajío.

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