Huele a muertito: las fosas del salón de fiestas de Tenango, Edomex, y su trágico pasado.

Primero llegaron los municipales, pocas patrullas y luego todo el alboroto, con soldados encapuchados que fueron rodeando un salón de fiestas situado en la colonia La Joya, en Tenango del Valle, dice un vecino que no se acerca, que está a una buena distancia de donde aún hay un acordonamiento amarillo.

Antes del 12 de enero, este salón había dejado de existir. Antes del múltiple hallazgo de 20 cuerpos y 46 envoltorios de restos humanos, allí era un desierto.

El hecho

El pasado viernes, la Secretaría de Seguridad del Estado de México (SSEM) y la Fiscalía mexiquense llevaron a cabo una operación en la que fueron encontrados varios paquetes que contenían restos humanos en una bodega.

Según las autoridades, estos restos podrían pertenecer a diferentes sujetos integrantes de organizaciones criminales contrarias a la Familia Michoacana, quienes habrían sido ajusticiados y sepultados en dicha bodega por miembros de este grupo delictivo.

En dos acciones policíacas, la SSEM logró la captura de cuatro sujetos, dos de ellos en Toluca y otros dos en Metepec. Durante la acción policial, se decomisaron dos vehículos, dos teléfonos celulares, droga y dos armas de fuego.

La Fiscalía ha señalado que no se puede determinar el número de personas a las que pertenecen estos restos hasta que se realice un proceso de lateralización, es decir, determinar con exactitud a qué cuerpo pertenecen los huesos encontrados.

Un lugar abandonado, con un gran secreto

El último evento que se realizó allí fue cuando asesinaron a una mujer, dice un policía que tiene uno de los turnos para custodiar el salón.

“Tiene como diez años clausurado, fue cuando mataron a una muchacha”, revela el uniformado, a quien esos hechos no se le olvidan. A ningún policía se le olvidan.

Luego de esa fecha, el salón fue clausurado y nadie supo más de lo que llegaría a esconder esa enorme bodega a la que hicieron salón de fiestas y bar.

Huele a muertito”, dice el compañero fotógrafo con quien se hace el recorrido a las afueras del salón. Su nariz está adiestrada, como si fuera la de un binomio canino entrenado para inhalar cualquier pista.

“Es suave el aroma, pero inconfundible, este aire ya lo he olido”, repite, mientras acelera su lente a los montones de cascajo que la maquinaria ha sacado del salón de fiestas y los echaron a cielo abierto a espaldas del terreno.

Un desierto

El salón de fiestas pareciera que fue construido en un desierto. A su lado Este, pastizales de milpas y terrenos sin bardear hasta topar con la colonia vecina del Telamical. A su lado Oeste, las “espaldas” de tres bodegas de forrajes de las que nadie entra ni sale.

A su costado Sur, le resisten dos viviendas que fueron abandonadas, quizás al mismo tiempo de la clausura del salón.

Aquí si alguien gritaba o echaban disparos, nadie sabía”, dice un hombre que burló el acordonamiento y acostumbrado de cruzar el callejón de terracería frente al salón, pasó y echó la mirada al domicilio antes de irse.

El salón aún intenta brillar con su anuncio por encima del tejado, con las letras grandes pero carcomidas por el sol. Tiene al frente la forma de una residencia de dos plantas, con una herrería en color blanco, rejas y lo que son unos marcos que servían para colgar las lonas de los eventos.

Los muros fueron plafoneados para que dieran la forma de adobes y taparan el tabicón con que se construyó el salón. Era el centro de las tardes y noches de fiesta en Tenango del Valle, aunque está a un kilómetro de la cabecera.

Ahora solo está su fama de gran salón de banquetes y de fosas clandestinas. Porque lo populoso del salón quedó hace 10 años.

Un final macabro

Al salón de fiestas ya lo tienen en las crónicas urbanas que nadie quiere contar en público. Ese terreno, de unos 100 metros de largo, nadie lo reclama ni nadie se detiene a mirarlo desde que mataron a una jovencita en su interior.

Los vecinos más cercanos dicen que fue una riña en medio de una fiesta. Y que al dueño se lo llevaron detenido. Por eso es el que lugar estuvo abandonado y por eso es que fue el sitio idóneo para sepultar cuerpos.

El gran salón, al que no le competían en la zona, tuvo su final macabro y la fachada estilo residencial solo es un engaño, porque el jueves 12 de enero, debajo de su piso, hallaron más de 20 cuerpos emplayados y ejecutados por un grupo del crimen organizado con orígenes en Jalisco.

Ahora es explicable que la calle Revolución, donde se ubica el salón, no haya sido pavimentada y que las casas de buena hechura que le colindan estén abandonadas.

Silencios

A unos 200 metros del salón, sobre el mismo camino de terracería, está la única casa habitada. Está pintada con un verde limón que contraste con lo cenizo de la calle empolvada.

Un hombre de edad avanzada se pasea frente al domicilio con las manos atadas a su espalda. Intenta echar la mirada al acordonamiento y luego se sienta. Se vence sobre la banqueta y saluda a los reporteros que ya se van.

En el resto de la cabecera de Tenango del Valle el ambiente no es muy distinto. Hay ruido urbano de una vida cotidiana y también silencio sobre lo que pasó en ese lugar.

¿Quién podría decir que aquí hallaron una fosa?”, comenta el fotógrafo mientras pasamos debajo de un puente peatonal donde colgaron lonas con los rostros y fichas de desaparecidos.

Información. El Sol del Bajío.

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