Árboles de la calzada de los Chinacos en Irapuato guardan los ‘secretos’ de la Guerra Cristera.

Los árboles de la Calzada de los Chinacos siguen siendo testigos fieles de los irapuatenses que fueron castigados con la horca durante la ‘Guerra Cristera’ y cuyas almas, aseguran, siguen buscando un descanso eterno y católico.

A más de 90 años de la ‘Guerra Cristera’, la Calzada de los Chinacos ha perdido al menos 75 de estos árboles históricos debido a sus fenómenos naturales como trombas y fuertes lluvias. O simplemente por su antigüedad y el riesgo que representan los árboles de más de 30 metros de altura. Sin embargo, su historia, así como sus leyendas siguen presentes entre los irapuatenses.

Calzada de los Chinacos
Foto: Eduardo Ortega

Investigadores como Raúl Arévalos, a través de su página Irapuato de Mis Recuerdos, comparten los datos históricos de este suceso, que en casi ningún libro se podrá encontrar. Este suceso sólo pudo ser pasado de boca en boca por los sobrevivientes y sus familias y ser conocida como ‘Los ahorcados de Chinacos’.

Calzada de los Chinacos
Foto: Eduardo Ortega

La historia

Todo se remonta a 1926 cuando el presidente Plutarco Elías Calles impulsó la Ley Calles en donde limitaba el poder de la Iglesia Católica. Esto desató inconformidad entre los religiosos y llevó a una prohibición del culto. Ante ello, tanto sacerdotes como creyentes fueron perseguidos durante tres años hasta que el gobierno mexicano negoció con las autoridades eclesiásticas.

Fue el 29 de Julio de ese año que Guanajuato recibe la notificación de la suspensión de cultos y el cierre de templos. Esto provocó inconformidad entre la población que seguía, de forma clandestina, celebrando los oficios religiosos.

Calzada de los Chinacos
Foto: Eduardo Ortega

En Irapuato, se narra que hubo un solo levantamiento armado liderado por Don Zenón Ayala el 8 de mayo de 1927, vecino del Barrio de Santa Anita. A él lo detuvieron tres días después y lo fusilaron en la hoy Catedral de Irapuato, antes conocida como la Iglesia Parroquial. Fue así que Irapuato fue sede de la 29va Jefatura de Operaciones Militares del Estado en donde llevaban a los rebeldes y el general José Amarillas, apoyado ‘El Yaqui’, conocido por su crueldad y violencia, fusilaba a todo qué desobedecía la ley.

En 1929, con la orden de acabar con el conflicto y la rebelión, Joaquín Amaro y el general Amarillas primero detuvieron a rebeldes y sacerdotes en la zona hoy conocido como ‘Padres Mártires’ en Pueblo Nuevo. Ahí fueron arrestados sacerdotes y fieles católicos para después organizar una emboscada en la Catedral de Irapuato y detener al grupo cristero que se encontraban ahí.

Comparten testimonios

En la página de Irapuato de Mis Recuerdos son compartidos testimonios de lo sucedido. Uno de ellos el de la señora Angélica González Torralba, nieta de Demetrio Villafaña Gutiérrez quien fue apresado en junio de 1929. Ella cuenta que Demetrio se unió a los 16 años a la Guerra Cristera en 1927 en donde combatió durante dos años. Al asistir a un oficio religioso, fue detenido por los federales, siendo torturados y junto con otros prisioneros a quienes pasearon por las calles hasta llegar a la Calzada de los Chinacos. Ahí los ahorcaron de las ramas de los árboles para exhibirlos y los tomaran como escarmiento para futuras rebeliones.

Los cuerpos de los ahorcados fueron decapitados y por orden de Amarillas nunca los entregaron a sus familiares. Muchos de ellos, como en el caso de Demetrio, sus padres murieron en 1988 antes de poder encontrar con el cuerpo de su hijo.

Foto: Especial

En el testimonio de Maximina Rosales Meléndez, hija de Santiago Rosales Landeros, cuenta que a su padre lo arrodillaron en la Calzada de Los Chinacos, golpeado y con la evidencia de la tortura sufrida tomó la pierna de uno de los militares rogando por la vida de su papá, cuando el general Amarillas tomó un arma y le apuntó a la cabeza para que se fuera. No obstante, fue detenido por el general Joaquín Amaro quién ordenó liberar a su papá.

Muchas víctimas

Fueron muchas las personas que murieron ahorcadas en la Calzada de los Chinacos, por la Guerra Cristera. Otros más, se dice, huyeron vestidos de mujeres o en los vagones del tren. Lamentablemente los cuerpos de los fallecidos jamás pudieron ser sepultados de acuerdo a su religión. Es por eso que se tiene la leyenda que, a las tres de la mañana, suelen verse entre los árboles los pies colgantes de las personas que ahí murieron y esperan poder descansar en paz.

Foto: Especial

Aunque esta calzada es parte de la historia de Irapuato, sus históricos árboles han sido olvidados y talados en repetidas ocasiones, quitando altura para evitar riesgos de que caigan. Jamás se ha buscado su conservación, en su lugar, se pueden ver los troncos trozados y recientemente la plantación de más árboles de otra especie, que poco a poco dejarán en el olvido a ‘los ahorcados de los Chinacos’.

Información. Periódico Correo.

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