“Que no se les diga locos”: familiares de pacientes del CAISAME León piden empatía.

Durante el día de visitas en el Centro de Atención Integral para la Salud Mental (CAISAME), familiares de pacientes que permanecen internados coincidieron en que la empatía, el trabajo de atención y el no llamarles ‘locos’, pueden ser las vías para la mejor convivencia con sus allegados que padecen de alguna enfermedad.

En el caso de Juan Manuel Peña, es su hermano quien ha vivido con esquizofrenia desde hace más de 25 años. En un principio lo atendieron en el Hospital de Fray Bernardino de la Ciudad de México, hasta que fue enviado a Guanajuato. Acá ha sido internado en prácticamente seis ocasiones por intentos de suicidio.

“Son muy amables y le ayudan a uno cuando se atora algo. Mi hermano tiene esquizofrenia paranoide, y es muy difícil porque cuando está depresivo es agresivo contra él. Se corta las venas de las manos o incluso trata de conseguir veneno para ratas para matarse. Esta vez fue por eso, consiguió dinero y compró veneno”, platica.

Sin embargo, Juan Manuel asegura que es difícil encontrar un lugar para poder ingresar a los pacientes, esto debido a la ocupación y demanda que existe de las camas disponibles. Pero además pide a las empresas que entiendan a los trabajadores -como él- que se ven en la necesidad de cuidar a sus familiares y registran faltas laborales, así como también solicita que no se les llame ‘locos’ a quienes padecen de alguna enfermedad mental.

“Se debe de trabajar con la empatía con la demás gente, y que haya trato con familiares de pacientes porque también nos enfermamos nosotros. Gracias a dios nosotros ya lo entendimos con mi hermano, pero luego hay gente que no”, afirma.

“Que pidan ayuda porque siempre hay un lugar donde se pueda atender, y no le digan al paciente que es un loco, porque él sabe lo que hace, él no es un loco. Yo aquí lo entendí y sólo tienen una enfermedad. Siempre hay lugares de apoyo”, añadió.

Por su parte, la señora Apolinar Hernández ha internado a su hijo por segunda ocasión debido a que también arrastra un padecimiento de esquizofrenia. El proceso, de igual forma, ha sido complicado debido a las crisis.

“Tiene muchos años enfermo, pero no lo habíamos llegado a necesitar. Nos acercamos a Caritas y de ahí nos mandaron al psiquiatra”, señaló.

Ella solicitó que se extienda el servicio para ayudar con cuestiones como los traslados de los pacientes. Sobre todo por complicaciones que se pueden tornar violentas.

“Lo único que pidiera más es que nos apoyaran cuando no podemos nosotros con el paciente, porque no hay manera de trasladarlos, es muy complicado y podemos salir atacados por el paciente. A nosotros ya nos pasó eso, porque pedimos ayuda y no hubo nadie quien nos pudiera apoyar”, señaló Apolinar.

El legado de los pacientes de La Castañeda en León

Hace más de 50 años cerró el Hospital Psiquiátrico de La Castañeda en la Ciudad de México. Ese hospital lo fundó Porfirio Díaz en 1910, y al momento de su cierre se mandaron a la ciudad de León a diversos pacientes con enfermedades mentales. Sin embargo, de ellos ya no queda ninguno, pues el último falleció hace dos años.

El personal del lugar aún recuerda a ese último paciente como un tipo que solía platicarles de manera muy amena sus noches de bohemia con el músico Agustín Lara. Se recuerda que el hombre hacía hincapié de esos momentos de encuentro con el músico veracruzano.

“De La Castañeda llegaron a ser alrededor de 350 pacientes, más los que había en el estado, que andaban en las calles o no los reconocían sus familias. En total, llegaron a ser hasta 500 o 600 pacientes. Tenían grandes pabellones, pero todo el día estaban en el campo”, señaló la doctora Ana Bertha Meza.

Sin embargo, existieron otros pacientes que formaron una familia con el personal del lugar. Así es como recuerdan a uno de ellos, quien se hacía llamar ‘El Nene’, y cuya condición mental le hacía permanecer en una edad de tres o cuatro años. Por ello, jugaba en el piso con sus cochecitos a pesar de su edad adulta. De igual forma, ese paciente murió hace más de dos años.

También se recuerda a Toñito, quien escribió poemas hasta que su edad y su salud se lo permitieron. U otro paciente al que se le ‘apadrinó’ con un piano viejo que tocaba muy a menudo, sobre todo, en las celebraciones de cumpleaños, posadas y otros festejos.

“Son escenas que son totalmente diferentes a lo que se piensa de un hospital psiquiátrico”, consideró la doctora Ana Bertha Meza.

Información. Periódico Correo.

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