Un Grito ahogado por el Covid-19.

Con tristeza en el corazón, nostalgia, luto e incertidumbre, por segundo año consecutivo, Guanajuato capital vio como la pandemia opacó una vez más los festejos por el nacimiento de la patria a consecuencia de un virus que ha azotado al mundo desde marzo de 2020.

Decía José Alfredo Jiménez, “ Es el 15 de septiembre una fecha, que todos los mexicanos recordamos con honor”, sin embargo, son ya dos años en los que los festejos más importantes para el estado cuna de la independencia, se han convertido en festejos aislados donde más que el espíritu de libertad, se hace presente un sentimiento de impotencia ante una batalla contra el Covid-19, que por momentos parece superarnos.

En la capital, la imponente Alhóndiga de Granaditas, donde el ejército insurgente obtuvo la primera victoria sobre las fuerzas españolas, no recibió a los miles de cuevanenses que año con año acuden con euforia a recordar a cada uno de los héroes que nos dieron patria.

Con el fin de evitar aglomeraciones, contagios y muertes, la ceremonia del grito de Dolores se trasladó a la presidencia municipal, donde el alcalde capitalino, Alejandro Navarro Saldaña, entonó los nombres de nuestros héroes ante un reducido grupo de apasionados patriotas en medio de la lluvia y un gélido viento del norte.

Este año la Alhóndiga no se convirtió en un encuentro de olores y sabores por los puestos de antojitos mexicanos que deleitan el paladar de los capitalinos previo a interpretar las letras de nuestro glorioso himno nacional, mientras en lo más alto del colosos ondea nuestra bandera al ritmo de las campanadas.

Se extrañaron los fuegos pirotécnicos, se extrañaron los “cuetes”, si esos que al calor del tequila olvidan todo pudor y se sumergen en un bacanal que en muchas ocasiones se convierten en el centro de atención ya sea por su forma de bailar, por sus disparates e incluso, por amenizar la noche con una improvisada sesión de boxeo por algún mal entendido.

Claro, para algunos la pandemia no fue un motivo para que algunas personas se encontraran en la amplia oferta de bares en la zona centro, donde esporádicamente recordaron sus raíces mexicanas al ritmo de mariachi, para después regresar a la rutina nocturna contemporánea de baile acalorado al compás de reggaetón.

La mañana del 16 también fue opaca, pues sin desfile no se escucharon los tambores y clarines de las bandas de guerra, que con estruendo cimbran las empedradas calles de la ciudad a su paso, despertando también a aquellos que en una noche de farra tenían contemplado reposar la resaca sin interrupciones.

Solo algunas banderitas en los pintorescos carritos de souvenirs, nos recordaron que es día de la independencia nacional, que hoy México cumple 2010 años de rebelión y dejar el yugo de esa corona española que tanto daño hizo a nuestros antepasados indígenas.

Pese a los “desaires “ de la pandemia, nuestra bandera nacional lució más bella que nunca en el asta de la Alhóndiga, recordándonos que somos un pueblo que ante cualquier adversidad somos fraternos y combatimos juntos a cualquier enemigo, ondea boyante como haciéndonos un recordatorio que el coronavirus no podrá doblegarnos, no podrá abatirnos y pronto regresaremos a la vida alegre que nos caracteriza a los mexicanos.

Información. Tomás Cuevas.

Foto. Periódico Correo.

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