Vive UAG amplio programa de actividades por el Día de Muerto.

Cuando cae la noche y las luces comienzan a iluminar los altares, la memoria encuentra un camino para regresar.
Así ocurrió en la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), donde el “Día de Muertos: entre fe, historia y memoria” reunió a la comunidad universitaria y al público en general en una celebración que convirtió Ciudad Universitaria en un escenario para recordar a quienes ya no están, celebrar nuestras raíces y compartir una tradición que permanece viva en el corazón de México.

Durante la jornada, el aroma de la comida mexicana, el color de las flores, las velas, la música y las expresiones artísticas acompañaron a los asistentes en un recorrido por distintos espacios del campus.

Cada actividad ofreció una manera distinta de acercarse a una festividad que, lejos de representar un adiós, encuentra en el recuerdo una forma de mantener presentes a quienes dejaron una huella en nuestras vidas.

Una noche en la que las tradiciones cobraron vida

Desde la tarde, Ciudad Universitaria recibió a familias, estudiantes, colaboradores, egresados y visitantes que acudieron para disfrutar de una programación que reunió cultura, arte, historia y convivencia.

“Kokonechatli” abrió un espacio para que los más jóvenes se acercaran a esta celebración, mientras que “El paraíso de los mortales” y “Color, arte y tradición” llevaron sabores, colores y expresiones artesanales a la jornada.

Entre puestos, aromas y conversaciones, la celebración mostró que las tradiciones también se preservan en los momentos compartidos, en aquello que se transmite de una generación a otra y en la posibilidad de reunirse para recordar.

El recuerdo como puente entre el pasado y el presente

El Día de Muertos encuentra uno de sus significados más profundos en la memoria. Por ello, la celebración de la UAG abrió espacios para acercarse a la historia y a la fe desde distintas expresiones.

“Umbral de las ánimas: El camino del alma hacia la eternidad” ofreció una experiencia en torno al tránsito del alma y la espiritualidad, mientras que el Altar de Muertos Institucional, instalado en Rectoría, recordó que cada altar representa una historia, un nombre y un vínculo que permanece.

En el Museo Cristero, los asistentes encontraron otro espacio para acercarse a la memoria histórica.

La obra de teatro “La madre de un cristero” llevó al escenario una historia marcada por la fe, los afectos y las circunstancias que forman parte de la historia de México.

Así, el pasado encontró un lugar en el presente y las historias adquirieron nuevas voces para llegar a las generaciones actuales.

Catrinas, música y danza para celebrar la vida

Pero recordar también es celebrar. La música y la danza llenaron de energía distintos espacios de Ciudad Universitaria. En la Plaza de las Banderas, “Celebración de fe y tradición” reunió al público alrededor de una propuesta artística que evocó el espíritu de esta festividad.

En la explanada frente al Edificio C, “Pirekuas: El camino de las ánimas” acercó a los asistentes a una expresión musical vinculada con las tradiciones de los pueblos originarios.

Las catrinas también tomaron protagonismo. El concurso de caracterización convirtió la Explanada de Biblioteca Central en un espacio lleno de color, creatividad y personajes que forman parte del imaginario colectivo del Día de Muertos.

Cada rostro pintado recordó que esta celebración mexicana también tiene un lenguaje propio: uno que transforma la tristeza en color y convierte la memoria en una fiesta.

Una luz para quienes permanecen en la memoria

Uno de los momentos más significativos de la noche fue el encendido de los altares de muertos.

La luz de las velas iluminó fotografías, flores y objetos cargados de significado. Por unos instantes, cada altar pareció contar su propia historia: nombres, rostros, familias y recuerdos que encontraron en aquella noche un espacio para permanecer presentes.

Porque en el Día de Muertos la memoria no desaparece. Se transforma.Permanece en una fotografía, en una canción, en una receta familiar, en una historia que alguien vuelve a contar y en una vela que ilumina el camino de regreso a casa.

Réquiem de luz para cerrar la noche

La celebración llegó a su momento culminante con el Magno concierto “Réquiem de luz”, que reunió a los asistentes en la explanada de ingreso a la Biblioteca Central.

La música puso el punto final a una jornada en la que Ciudad Universitaria se llenó de símbolos, colores y recuerdos.

Al terminar la noche, quedaron las luces de los altares, las historias compartidas y el eco de una tradición que, año tras año, encuentra nuevas formas de permanecer.

Porque celebrar el Día de Muertos también significa recordar quiénes somos.

Significa mirar hacia nuestras raíces, reconocer las historias que nos preceden y comprender que mientras exista alguien que recuerde, ninguna historia desaparece por completo.

En la UAG, la tradición volvió a encontrarse con la memoria para demostrar que, en México, recordar también es una manera de celebrar la vida.

Información. Comunicación UAG.

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