El Término Medio y la Inteligencia Artificial.

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una herramienta cada vez más presente en la educación. Estudiantes y profesores la utilizan para buscar información, redactar textos, resolver dudas y organizar contenidos. Sin embargo, su creciente uso plantea una pregunta importante: ¿cómo emplearla de manera adecuada?

La filosofía realista ofrece una respuesta valiosa. Tanto Aristóteles como santo Tomás de Aquino enseñan que la virtud consiste en encontrar el justo equilibrio entre extremos. Este principio puede orientar el uso de la IA en la formación humana.

El término medio según Aristóteles

Aristóteles sostiene que la virtud se encuentra entre dos excesos. En su obra Ética a Nicómaco afirma que la virtud es un «justo medio» entre el defecto y el exceso.

Una de sus frases más conocidas dice:

«La virtud consiste en el término medio.»

Esto no significa mediocridad ni indiferencia. Significa actuar de acuerdo con la razón y elegir lo que favorece el bien de la persona.

Aplicado a la educación, encontramos dos extremos. El primero es rechazar completamente la IA por miedo o desconfianza. El segundo es depender totalmente de ella, dejando de pensar, investigar o escribir por cuenta propia.

El término medio consiste en utilizar la IA como apoyo, sin sustituir las capacidades intelectuales del estudiante.

La visión de Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás retoma la enseñanza de Aristóteles y la integra en una visión cristiana del ser humano. Para él, la razón posee la capacidad de conocer la realidad y orientarse hacia la verdad.

Escribe:

«La virtud moral consiste en el medio determinado por la razón.»

La educación tiene como finalidad perfeccionar la inteligencia y formar hábitos buenos. Una herramienta tecnológica solo es útil si ayuda a alcanzar este objetivo.

Desde esta perspectiva, la IA no es buena ni mala por sí misma. Su valor depende del uso que haga la persona.

Cuando favorece el aprendizaje, la comprensión y la búsqueda de la verdad, cumple una función positiva. Cuando sustituye el esfuerzo intelectual, perjudica la formación.

Riesgos de los extremos

El rechazo absoluto de la IA puede privar a estudiantes y docentes de una herramienta útil. La tecnología permite acceder rápidamente a información, generar ejemplos, resumir textos y personalizar ciertas actividades de aprendizaje.

Pero el uso excesivo también presenta riesgos. Un estudiante que copia respuestas generadas por IA sin comprenderlas desarrolla una dependencia que limita su capacidad crítica. Aprende menos porque delega el trabajo intelectual.

La filosofía realista recuerda que el conocimiento se adquiere mediante el contacto de la inteligencia con la realidad. Ninguna herramienta puede reemplazar completamente este proceso.

Un uso prudente de la IA

La virtud que mejor orienta el uso educativo de la IA es la prudencia. Para Aristóteles y santo Tomás, la prudencia permite elegir los medios adecuados para alcanzar un fin bueno.

En el ámbito escolar, la prudencia invita a:

  • Utilizar la IA para apoyar la investigación.
  • Verificar la información obtenida.
  • Mantener el ejercicio de la lectura y la escritura personal.
  • Desarrollar el pensamiento crítico.
  • Promover la creatividad y la reflexión propia.

La IA puede ayudar a aprender, pero no puede aprender por nosotros. Puede ofrecer información, pero no sustituye el juicio humano.

Ergo:

La filosofía realista enseña que la educación debe orientarse hacia la verdad y el desarrollo integral de la persona.

El uso de la inteligencia artificial requiere evitar dos extremos: rechazarla completamente o depender de ella de manera absoluta.

Siguiendo a Aristóteles y a santo Tomás de Aquino, el camino más razonable es el término medio. La IA debe ser una herramienta al servicio de la inteligencia humana, nunca su reemplazo. Cuando se utiliza con prudencia, fortalece el aprendizaje; cuando se convierte en sustituto del esfuerzo personal, debilita la formación. El verdadero progreso educativo no consiste en que las máquinas piensen por el estudiante, sino en que ayuden al estudiante a pensar mejor.

  • El autor es director del Departamento de Filosofía de la UAG.

Información. Comunicación UAG.

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