No solo el dolor: buscadoras de Salamanca sufren deterioro en su salud.

La incertidumbre de no saber el paradero de un familiar genera en las personas altos niveles de estrés, ansiedad, depresión y también enfermedades crónicas que, poco a poco, deterioran el cuerpo, la mente y la esperanza.

En Salamanca, el Colectivo Unidos Buscando Desaparecidos cumple seis años de trabajo formal. Actualmente agrupa a más de 300 familias que buscan a un ser querido. En este tiempo, siete madres buscadoras han fallecido mientras realizaban labores de rastreo. Dejaron la salud en terrenos baldíos, fosas y hornos.

El caso más reciente es el de Lupita. Murió a consecuencia de un infarto, pero su salud se fue deteriorando con el paso del tiempo. Buscaba a su hijo, desaparecido en 2019. Lupita falleció sin poder localizarlo.

La encuesta Afectaciones a la salud de familiares de personas desaparecidas y la respuesta institucional en México 2023, de IDHEAS Litigio Estratégico en Derechos Humanos A. C., reveló que el 79 % de las personas declaró haber desarrollado una enfermedad crónica a raíz de la desaparición de un familiar.

De acuerdo con Abraham Sánchez, investigador de la Universidad La Salle Bajío, campus Salamanca, mientras las víctimas indirectas de homicidio y feminicidio logran vivir su duelo, las madres buscadoras no dejan de pensar en sus hijos e hijas. Muchas mueren a consecuencia de diversas enfermedades e incluso son asesinadas durante la búsqueda.

«Los familiares de víctimas de homicidio o feminicidio logran tener un duelo porque saben que su hijo o su hija está en un lugar específico; sin embargo, los familiares de personas desaparecidas no. Ellos no saben dónde está su hijo o su hija y es una búsqueda de todos los días», dijo.

Las integrantes del colectivo han señalado que la búsqueda permanente no permite cerrar el duelo y eso se traduce directamente en afectaciones físicas y emocionales que se acumulan año con año.

«Hemos perdido a siete compañeras en diferentes circunstancias. Cada una se fue sin encontrar a su hijo. La vida continúa para quien no vive una situación como esta, pero nuestra vida se detuvo el día que nuestros hijos no llegaron», dijo Alma Tapia, vocera del colectivo.

Información. Periódico Correo.

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