La cumbre de la OTAN en Turquía, entre bromas de Trump y negocios de armas.

La capital turca se convierte en sede de la reunión de líderes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en el que la presencia del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es facilitada únicamente por la hospitalidad de su contraparte turca , Tayyip Erdogan, quien es considerado por el mandatario estadounidense “un líder fuerte”.

Tras una recepción en el aeropuerto en la que fue recibido por el líder turco y escoltado por caballos blancos a través de las calles de Ankara, Trump criticó a los líderes europeos de la alianza y señaló que de no ser porque la cumbre se realizó en Turquía habría boicoteado el encuentro. En el palacio presidencial turco, el mandatario estadounidense declaró que la “química” entre él y Erdogan facilita la cooperación entre sus dos países; es tanta la buena voluntad entre los dos líderes que está considerando permitir la venta de aviones de combate F-35 a Turquía.

La posibilidad de esta venta daría marcha atrás a siete años de sanciones en las que un acercamiento con Rusia resultó en la expulsión de Turquía del programa F–35, el sistema de combate aéreo más avanzado de los Estados Unidos. Si bien la Casa Blanca puede impulsar el reingreso de Ankara a este programa, y la eventual venta de estos aviones de combate, la decisión tendría que ser aprobada por el Congreso.

Sumado a las reservas que legisladores estadounidenses han expresado, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha denunciado una actitud abiertamente hostil por parte de Erdogan hacia Israel y la amenaza al balance de poder en Medio Oriente que representa  la adquisición de los F-35  por parte de Turquía.

En contraposición con la complacencia expresada hacia Turquía, el presidente Trump declaró su decepción con Reino Unido, Alemania, Francia e Italia por no apoyar la guerra en Medio Oriente y señaló que no descarta un repliegue mayor de las fuerzas estadounidenses del viejo continente.

En respuesta al retiro de tropas estadounidenses y una menor participación en la defensa trasatlántica, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, llamó a una revolución en la industria bélica y apuntó a la necesidad de cambiar los procesos de adjudicación en materia de defensa. Así mismo, el primer día de la cumbre en Ankara sirvió para anunciar los tratos que la industria militar ha hecho con los países miembros de la alianza.

Si bien los competidores en esta carrera de rearme europeo son empresas locales, las firmas de defensa estadounidenses resultan las principales beneficiados en el corto plazo, pues su desarrollo tecnológico y el interés de los líderes europeos de congraciarse con la Casa Blanca  facilita hacer negocios con la OTAN. Ejemplo de ello es que Lockheed Martin y la empresa alemana Rheinmetall firmaron un memorándum de entendimiento para fabricar misiles balísticos de mediano alcance en territorio germano, mientras que Northrop Grumman proveerá drones de vigilancia furtiva a cuatro países europeos.

Información. Reporte Índigo.

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