El 24 de febrero de 2022, Rusia lanzó su invasión a gran escala contra Ucrania. Cuatro años después, la guerra continúa. Kyiv, la capital ucraniana, continúa a pesar de ella: con su metro lleno a las horas pico, con sus vecinos paseando al perro bajo un cielo blanco de enero, con sus jóvenes tirándose en trineo por una colina nevada a orillas del río Dnipro.
El ruido de los generadores eléctricos, esa nueva banda sonora de la capital ucraniana, no sólo ha mantenido la vida. La ha reconfigurado. Kyiv aprendió a funcionar con cortes de luz, a comer borscht a la luz de una vela, a pescar en el río helado un domingo por la mañana, a seguir cantando y bailando mientras suenan las sirenas.
Esto no es normalización. Es resiliencia. Y entender la diferencia es entender a la gente de Ucrania.
Los rituales que nadie puede bombardear
El 19 de enero, Ucrania celebra el Vodohreschya, la Epifanía ortodoxa. La tradición manda sumergirse en agua helada en ríos, lagos o cualquier cuerpo de agua disponible, como acto de purificación y fe. En 2026, con la guerra en su cuarto año, los ucranianos se metieron al agua helada de todos modos. En traje de baño. Ante las cámaras y espectadores emocionados. Sonriendo y dedicando su nado a sus compañeros que perdieron la vida luchando.
Es un acto que desafía toda lógica de la guerra. Y por eso mismo es profundamente inspirador. En Kyiv, mantener las tradiciones no es ignorar el conflicto: es negar la capacidad de borrar una cultura. Cada chapuzón en agua helada, cada borscht cocinado en casa, cada bandura tocada en el subsuelo es un acto de identidad que la invasión no ha podido alcanzar.
El borscht tiene su propio peso simbólico en esta historia. En julio de 2022, la UNESCO lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de urgencia, en un proceso de inscripción excepcional acelerado por la guerra. No inscribió una receta: inscribió una forma de vida.
La ciudad que llora y aún así no para
En el Maidán Nezalezhnosti, la Plaza de la Independencia, epicentro de la historia más reciente de Ucrania, hay una instalación de fotos y banderas. Son retratos y altares a los defensores caídos. Al lado, el monumento que dice «Я люблю Україну»: Yo amo Ucrania.
La convivencia de esas dos imágenes, el amor declarado y la muerte documentada, no es accidental. Es el estado permanente de Kyiv en guerra: la ciudad que sigue amando y la ciudad que sigue enterrando.
Darina Tkachenko, periodista de UATV en Español, lo dice con una claridad que no admite eufemismos: «Putin no quiere paz. Quiere borrar a Ucrania y a los ucranianos del mapa para siempre.» Con esa frase ella resume más de cuatro años de guerra y explica por qué en Kyiv cada acto de vida cotidiana tiene la densidad de un manifiesto.
México en el corazón de la resiliencia ucraniana
Los beneficiarios del Proyecto Axolotl Rehabilitación y Prótesis, la iniciativa humanitaria coordinada desde territorio mexicano por la Embajada de Ucrania en México y la Diáspora Ucraniana en México A.C., visitaron México y conocieron Teotihuacán, Yucatán y la Ciudad de México. Sonrieron con luchadores enmascarados del CMLL. Comieron chapulines. Descubrieron que el mundo es más grande que una invasión a gran escala.
Pavlo Naida, desarrollador de software que perdió una pierna cerca de Bajmut en 2023, conoció las ruinas mayas de Yucatán como parte de los beneficios que recibió gracias al programa humanitario.
Maribel Guardia, actriz e ícono del espectáculo mexicano, compartió entonces un mensaje de apoyo para los defensores ucranianos, en 2023. Su presencia no era un detalle menor: era la cara pública de una solidaridad que México construyó desde abajo, con empresas privadas, voluntarios, instituciones académicas y figuras del entretenimiento que decidieron que las personas ucranianas que perdieron extremidades también eran su causa.
El Proyecto Axolotl entregó nueve prótesis entre 2022 y 2024. Nueve personas. Un número pequeño frente a la magnitud del conflicto, pero con una simbología inmensa para cada uno de los nueve. Fue también la prueba de que la solidaridad se mide en la capacidad de ver a una persona específica, con nombre y apellido, y decidir que su vida importa.
El costo de la paz
Ucrania lleva más de cuatro años pagando el costo de la guerra con vidas, con extremidades, con casas destruidas, con miles de desplazados. Pero persiste, al igual que Zoloti Vorota, las Puertas de Oro del siglo XI, uno de los monumentos más antiguos de Kyiv, que ha sobrevivido a invasiones mongolas, guerras napoleónicas, la Segunda Guerra Mundial y la ocupación soviética. El paso de la historia no es gratuito: Kyiv tiene cientos de años practicando cómo sobrevivir.
Mientras tanto, alguien come borscht en su cocina. Alguien se zambulle en agua helada en el río Dnipro. Alguien toca la bandura mientras se refugia de los misiles y drones. Y Pavlo Naida camina sobre sus dos piernas, una de carne, una de carbono, agradeciendo la calidez de las y los mexicanos que fueron parte de su rehabilitación.
Eso también es Ucrania. Eso también es la paz por la que están pagando.
Información. Periódico Excélsior.

