En medio del semidesierto guanajuatense, en el municipio de San Luis de la Paz, crece poco a poco un proyecto espiritual que ha echado raíces en la Diócesis de Celaya: el Monasterio Santa María de la Paz, una obra que, más que construirse con concreto, se levanta con fe, donativos y la perseverancia de una comunidad de religiosas contemplativas.
Sor María de la Misericordia, conocida también como Sor Misericordia, relata a El Sol del Bajío que esta comunidad monástica pertenece a las trinitarias, Hijas del Corazón Inmaculado de María, y tiene ya una historia de 28 años desde su fundación. Sin embargo, su presencia en tierras guanajuatenses es más reciente.
“Gracias a Dios vamos a cumplir ocho años aquí en la Diócesis de Celaya, somos ocho hermanas las que integramos la comunidad en San Luis de la Paz”.
La llegada de las religiosas no fue casual. Provenientes de Guadalajara, encontraron apertura gracias al entonces obispo de Celaya, Benjamín Castillo Plascencia, quien impulsó su asentamiento. Fue así como, con el apoyo de benefactores, lograron obtener el espacio donde hoy se levanta el monasterio.
“Él nos abrió las puertas aquí en la diócesis, nos animó a buscar un terreno y, a partir de ahí, el terreno donde se está haciendo el monasterio fue donado”, recuerda la religiosa.
Obra que nació sin recursos pero con fe
La construcción inició aproximadamente dos años después de su llegada, en 2020. Sin recursos económicos suficientes, la comunidad decidió comenzar confiando plenamente en la providencia. Comparte Sor Misericordia su testimonio: llegaba una persona a dejarles dinero para el pago de los albañiles.
“No teníamos dinero para pagar a los trabajadores, pero la fe grande de nuestra madre fundadora nos sostenía. Decía: esta obra no va a parar, Dios nos va a ayudar. Llegaba alguien a la puerta y nos daba el dinero exacto para pagar la nómina de los albañiles”, relató.
Desde entonces, la edificación avanza de manera gradual, dependiendo de los apoyos que reciben. Las religiosas han recurrido a múltiples actividades para sostener tanto la obra como sus necesidades básicas: rifas, kermeses en templos, bazares de ropa donada, reciclaje de materiales e incluso la elaboración de productos como gel antibacterial durante la pandemia.
“De todo hacemos para sacar tanto para el monasterio como para necesidades básicas: la luz, medicamentos, cirugías; todo se va complementando”, explica.
Monasterio pensado para la vida contemplativa
El proyecto del Monasterio Santa María de la Paz contempla los espacios esenciales para la vida monástica. Entre ellos se encuentran la capilla, el área de clausura —donde habitan las religiosas en sus celdas—, talleres de oficios como panadería, elaboración de hostias, costura y áreas de servicio.
También se proyecta una sala capitular, espacio donde se toman decisiones internas de la comunidad, y una hospedería destinada a laicos que deseen vivir retiros en silencio.
“Ahí pueden acompañarnos en la eucaristía, en el oficio divino, vivir días de contemplación; lo único que se les pide es el silencio”, detalla.
La dimensión del terreno también responde a las necesidades de la vida contemplativa. Sor Misericordia explica que estos espacios deben permitir la oración en contacto con la naturaleza: caminar, rezar el rosario y encontrar a Dios en el entorno natural.
Una obra sin fecha de término
A diferencia de otros proyectos de construcción, el monasterio no tiene una fecha definida para su conclusión, pues indican que el tiempo no lo pueden determinar, sino conforme se vaya avanzando, con paciencia.
“El tiempo lo está poniendo Dios; nosotras no estamos abandonadas, es a lo que Él nos va dando”, mencionó. Mientras tanto, la comunidad de religiosas mantiene una dinámica constante de oración por sus benefactores, agradeciendo por lo que se les va dando entre los esfuerzos que hacen para la construcción del monasterio.
“Desde antes de salir a vender, ya estamos pidiendo por las personas que nos van a ayudar, aunque no sepamos sus nombres”, señaló.
Gratitud y llamado a la solidaridad
La comunidad expresa su agradecimiento hacia quienes han hecho posible este proyecto, desde sacerdotes hasta ciudadanos, recordando a Monseñor Benjamín Castillo Plascencia, quien fue impulsor de esta obra.
“Nos conmovemos hasta las lágrimas de gratitud por todo lo que han hecho por nosotras”, expresa Sor Misericordia, al recordar especialmente el respaldo del obispo, ya fallecido.
Finalmente, las religiosas extienden una invitación abierta a la sociedad para sumarse a esta obra, ya sea mediante la oración o con donativos en especie —como cemento, arena o acero— o aportaciones económicas.
“Si el Rey les mueve el corazón, los invitamos a apoyar”, concluye Sor Misericordia, convencida de que, paso a paso, el Monasterio Santa María de la Paz seguirá creciendo como un espacio de silencio, contemplación y fe en el noreste de Guanajuato.
Información. El Sol del Bajío.

