La quema de tule en las inmediaciones del Lago de Cuitzeo continúa siendo una práctica recurrente que genera preocupación entre habitantes de diversas comunidades aledañas al vaso de agua, entre ellas La Ortiga, quienes denuncian los efectos negativos que esta actividad provoca tanto en el medio ambiente como en la salud pública.
De acuerdo con testimonios de pobladores, durante distintas épocas del año se registran incendios intencionales en zonas donde crece el tule, una planta característica de los humedales de la región. Aunque esta práctica ha sido utilizada tradicionalmente con fines como la limpieza de terrenos o la regeneración de pastizales, advierten que sus consecuencias superan por mucho los beneficios percibidos.
“El humo derivado de estas quemas se dispersa rápidamente hacia las comunidades cercanas, deteriorando significativamente la calidad del aire. Esta situación afecta de manera directa a sectores vulnerables de la población, como niñas y niños, personas adultas mayores y quienes padecen enfermedades respiratorias crónicas”, así lo manifestaron habitantes de La Ortiga.
Habitantes resaltaron que, durante los días con mayor presencia de humo, se incrementan los casos de irritación en ojos, garganta y problemas para respirar. La quema de tule representa una amenaza severa para el equilibrio ecológico del Lago de Cuitzeo. La destrucción de esta vegetación implica la pérdida de hábitats esenciales para diversas especies de aves, peces y otros organismos que dependen del ecosistema del humedal.
Si se continúa con la quema del tule, estas afectaciones podrían agravar las condiciones ya críticas que enfrenta el lago, como la reducción de sus niveles de agua y la contaminación. Uno de los principales obstáculos para atender esta problemática es la falta de identificación de los responsables. Según denuncian los propios habitantes, las quemas suelen realizarse de manera clandestina, lo que dificulta la intervención de las autoridades y la aplicación de sanciones.
“La quema podría ser por habitantes de localidades como Iramuco, La Cañada, San Juan o la propia Ortiga, pero hasta el momento no se ha detectado a la gente que lo realiza”. Esta situación ha generado un sentimiento de impotencia entre la población, que observa cómo el problema se repite sin que existan medidas efectivas para frenarlo.
Ante este panorama, ciudadanos hacen un llamado urgente a las autoridades ambientales y de salud para que implementen estrategias de vigilancia más estrictas, campañas de concientización y mecanismos de denuncia anónima que permitan frenar estas prácticas. La situación en La Ortiga y comunidades aledañas refleja una problemática que requiere atención inmediata y coordinación entre distintos niveles de gobierno.
Información. Periódico Correo.

