Guerra civil en Sudán, el tercer aniversario del conflicto olvidado.

El 15 de abril de 2023 explosiones y refriegas en la capital de Sudán marcaron el inicio de una guerra civil entre las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR); después de tres años de conflicto ninguno de los combatientes puede reclamar el control total del país norafricano, mientras, la población civil enfrenta cada vez más dificultades en una guerra civil atravesada por intereses extranjeros que ha provocado la mayor crisis humanitaria contemporánea.

Desde el derrocamiento de Omar al-Bashir en 2019, los dos líderes militares que colaboraron para su caída se convirtieron en los protagonistas de la política sudanesa. Después del golpe al único gobierno civil que ha tenido Sudán en más de 30 años,  el general Abdel Fattah al-Burhan, comandante de las FAS, sostuvo una lucha de poder con el líder de las FAR, Mohamed Hamdam Dagalo, que explotó en una guerra civil que ha dividido al país en en zonas de influencia donde ambos bandos ejercen el control mediante la violencia contra la población civil.

Hasta el momento las Fuerzas Armadas de Sudán han logrado controlar el norte, el centro y el este del país, la zona portuaria que permite la entrada de mercancías desde el Mar Rojo y en donde se encuentra la mayor parte de la infraestructura petrolera del país. Si bien la violencia se ha extendido a los 18 estados de Sudán, las entidades que más se han visto afectadas son Kordofan, Darfur y Gezira; regiones bajo el dominio de la milicia rebelde en donde se concentra la producción alimenticia y se encuentran instalaciones de explotación minera con las que financian su levantamiento.

Crisis humanitaria en Sudán

Ante un conflicto en el que ninguno de los dos actores tienen la fuerza suficiente para vencer militarmente al otro, la guerra se ha estancado en un proceso de desgaste cuyas consecuencias en la población civil resultan incalculables.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) 40 mil personas han muerto desde el inicio de las hostilidades; sin embargo, este número es la estimación más baja que se tiene, pues la organización Datos de Eventos y Localización de Conflictos Armados (ACLED) calcula al menos 59 mil muertos, mientras que diversas ONGs apuntan que la información que no está disponible de áreas en conflicto indica un número aún mayor de pérdidas humanas.

Bajo ese panorama, las condiciones de vida en Sudán se han deteriorado hasta el punto de convertirse en la crisis alimentaria más aguda del momento, el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas estima que 19 millones de personas padecen hambre aguda y, en noviembre pasado, después de la toma de El Fasher por parte de las FAR se declaró hambruna en dos ciudades de Darfur. Así mismo, la violencia ha motivado el mayor número de desplazamientos forzados que se presentan actualmente; 4.5 millones de personas han huido a países cercanos mientras que otras nueve millones permanecen desplazados al interior de Sudán.

La reacción de la comunidad internacional en Sudán

A pesar de la gravedad de la situación humanitaria en el país norafricano, los múltiples informes de agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) e incluso la resolución su Consejo de Seguridad para un fin al conflicto armado, tanto las potencias globales como los actores regionales no han implementado las acciones necesarias para salvaguardar a la población; en parte por los recursos minerales y energéticos que son extraídos por los beligerantes y que llegan a manos de sus partidarios extranjeros.

En un contexto donde los intentos de mediación encabezados por Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Egipto y Estados Unidos han sido ignorados por ambos bandos, el doctor Rubén Peña Carmona, especialista en conflictos armados en África de la Universidad La Salle, califica de “inimaginable” las condiciones de vida en Sudán y señala que más allá de la reticencia de los combatientes por negociar, la atención de la comunidad internacional está en otras latitudes.

“Más allá de que los actores siempre estén marcando un freno a las negociaciones, esto tiene que ver con los objetivos políticos y militares de las cúpulas del Ejército (FAS), en realidad la importancia internacional que se le ha dado a Sudán se nota en que se ha calificado como un conflicto olvidado; estamos mirando las acciones de Donald Trump, la crisis en Medio Oriente y estamos olvidando a Sudán en un conflicto en donde deja mucho que desear el papel de la comunidad internacional”, señala el especialista.

Sin una salida negociada para el conflicto en Sudán

Actualmente ambos bandos mantienen una posición relativamente sólida en sus zonas de influencia; sin embargo, los enfrentamientos en los puntos de contacto ubicados, mayormente, en Kordofan y en la frontera con Etiopía se mantienen activos. En los últimos meses las FAR han logrado contrarrestar la superioridad aérea del Ejército gracias a los drones brindados por sus patrocinadores desde Abu Dabi; en respuesta a ello, Amnistía Internacional ha llamado por un embargo de armas a Sudán.

El doctor Peña Carmona comenta que los antecedentes del conflicto motivan las ambiciones maximalistas de los combatientes y apunta a que más allá de los esfuerzos internacionales sea el conflicto en Medio Oriente lo que limite el suministro de armas en Sudán.

“En ambos bandos se espera que a través del desgaste y del apoyo internacional que reciben puedan controlar todo el territorio para así instaurar un gobierno; desafortunadamente para ambos bandos, y para la población, esta guerra se ha alargado y va a ser muy complicado que se llegue a una conversación política porque eso implicaría incluir al otro bando en un gobierno de transición y no habría la confianza puesto que siempre estaría latente la amenaza de un golpe de Estado (…)

«Los embargos de armas no han funcionado para evitar que lleguen armas al Ejército o las FAR, pero es justo el conflicto a Medio Oriente lo que puede cambiar eso, porque los principales proveedores de armas para los rebeldes son los Emiratos Árabes Unidos y ahorita están más preocupados por ellos que en el apoyo logístico a Sudán”, finaliza el académico. 

Información. Reporte Índigo.

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