na nueva etapa en la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán comenzó este lunes con el bloqueo de los puertos marítimos iraníes ordenado por el presidente Donald Trump, quien asegura aún estar dispuesto a negociar con Teherán a pesar de la nula disposición iraní de permitir el paso por el Estrecho de Ormuz.
“No podemos dejar que un país chantajee o extorsione al mundo, porque eso es lo que están haciendo”, declaró el presidente Trump minutos después de que comenzara el bloqueo marítimo; sin embargo, a lo largo del día el mandatario estadounidense aseguró que el Gobierno iraní había intentado un acercamiento con la intención de llegar a un acuerdo.
Irán ha denunciado el bloqueo estadounidense como “piratería” y aumenta la posibilidad de ruptura del cese al fuego alcanzado el pasado 8 de marzo, pues los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica han amenazado con atacar puertos de los países árabes aliados a Estados Unidos de llevarse a cabo acciones que impidan el tránsito de las embarcaciones de la República Islámica.
Si bien durante la primera etapa del conflicto Estados Unidos infligió daños considerables a las capacidades militares iraníes, tanto a su programa de misiles como a su armada, Irán había privado a Estados Unidos de una victoria política y, al cerrar filas al interior del régimen, evitaba que Washington pudiera imponer condiciones de negociación. En opinión del internacionalista Jair Aguilar, profesor del Centro de Relaciones Internacionales de la UNAM y especialista en Norteamérica, el bloqueo del Estrecho de Ormuz resuelve uno de estos problemas.
“Estados Unidos toma la delantera que no había tenido anteriormente y le permite volver a entablar negociaciones pero ahora con una ventaja. El diálogo no se descarta, es un hecho que existe comunicación y que las negociaciones no se han quitado de la mesa, pero si cambian las condiciones en las cuales se llevan a cabo”, señala el especialista.
El bloqueo de los puertos iraníes llega después de que las negociaciones entre el vicepresidente, JD Vance, y la delegación iraní no lograran alcanzar un entendimiento sobre las múltiples diferencias que se tenían respecto al cese al fuego entre Washington y Teherán.
A diferencia del diálogo que precedió al conflicto, las negociaciones en Pakistán de este fin de semana no fueron dirigidas por Steve Witkoff y Jared Kushner, designados por Donald Trump debido a su relación personal, sino por un miembro de primer nivel de la Casa Blanca que ha construido su carrera política en contraposición a las intervenciones estadounidenses en Medio Oriente. El profesor Aguilar apunta que la elección de Vance como interlocutor de Irán permitió a Estados Unidos dotar de importancia un diálogo con pocas posibilidades de acuerdos reales.
“(La presencia de Vance) pone en evidencia la importancia que tiene el conflicto en este momento, es una imagen de la prioridad que se le da desde el gobierno, pero al mismo tiempo mandan a un elemento que conoce cuáles son los valores del presidente y del partido y que no va a ceder en la negociación; así que llegar a un punto de no retorno implica que Estados Unidos aborda el diálogo desde el ‘todo o nada’ en donde pueden ganar o no (…).
“Por otra parte, implica que ya se esperaba que no se pudiera negociar la desnuclearización a través del vicepresidente y sirve como justificación para cerrar el Estrecho y poner condiciones por parte de Estados Unidos y seguir avanzando en estos otros intereses”, apunta el académico.
El Estrecho de Ormuz y las complejidades de su cierre
El paso marítimo por el cual se transporta una quinta parte de los hidrocarburos comerciados a nivel mundial ha permanecido bajo control iraní desde el inicio de las hostilidades; lo cual había permitido a Teherán continuar el comercio de energéticos propios y permitir el paso de navíos bajo banderas amistosas al régimen teocrático iraní.
Si bien el Estrecho de Ormuz se encuentra dentro de las aguas territoriales de Irán y Omán, de acuerdo a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1994 y la Convención de Ginebra de 1958, ninguno de los dos países tiene derecho a impedir el paso de embarcaciones debido a su importancia para el sistema internacional.
A pesar de que por parte de Estados Unidos la tregua alcanzada la semana pasada era contingente a la liberación total del Estrecho, bajo la supuesta presencia de minas iraníes en el paso habitual de las embarcaciones, Irán exigió un desvío que obligaba a la coordinación con sus autoridades en un intento por establecer su soberanía por el paso marítimo.
Bajo este contexto, si bien el intento de Irán de establecer un sistema de cuotas por navegar la vía marítima es contrario al derecho internacional el bloqueo estadounidense también se encuentra en un limbo legal que obliga al Comando Central de los Estados Unidos a establecer parámetros claros para la acción bélica y a mantener constante comunicación con los navegantes en el Golfo Pérsico.
Si bien el presidente Trump asegura que la Armada iraní yace en el fondo del mar, durante el conflicto, Teherán ha utilizado elementos de bajo costo, como drones o lanchas rápidas, como elementos disuasorios. Frente a ello, Estados Unidos mantiene 16 embarcaciones militares en aguas de Medio Oriente. Aparte del portaaviones Abraham Lincoln, el Pentágono desplegó 11 destructores, tres embarcaciones anfibias y un buque de combate litoral; sin embargo, ninguna de ellas se encuentra cercana a las aguas territoriales iraníes en el Golfo Pérsico.
Infografía: https://e.infogram.com/9e135992-c027-4914-9e47-0f6ac7b14d92?src=embed
La OTAN, una respuesta ambivalente
El regreso a la Casa Blanca de Donald Trump vaticinaba un quiebre entre Washington y sus socios en la alianza defensiva más importante del mundo durante los últimos 80 años: la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Ante el bloqueo marítimo en el Estrecho de Ormuz impuesto por las Fuerzas Armadas estadounidenses, diversos líderes de países de la OTAN se han distanciado de participar en operaciones militares en Medio Oriente, a pesar de la declaración inicial del presidente Trump que aseguraba la participación de otros países en el bloqueo debido a que los líderes mundiales no cederían ante la “extorsión” iraní; sin embargo, desde el extremo europeo de la alianza, se sigue apostando por soluciones diplomáticas.
El presidente francés, Emmanuel Macron, aseguró que su país está dispuesto a jugar un papel proactivo para alcanzar un marco de estabilidad en la región y señaló que para lograrlo es necesario un entendimiento que resuelva los problemas centrales que causan la desestabilización regional; el mandatario galo señaló los desarrollos nucleares y balísticos iraníes, así como el cierre del Estrecho de Ormuz, como las principales causas de la inestabilidad en Medio Oriente.
Macron apuntó que la apertura del Estrecho de Ormuz es una prioridad para Francia y, en el tenor de una resolución diplomática, unirá esfuerzos con Reino Unido para organizar una misión defensiva que asegure la navegación irrestricta en la vía marítima; sin embargo, el mandatario francés aclaró que cualquier despliegue será independiente de los beligerantes y se dará únicamente cuando los ataques entre ellos hayan cesado.
El primer ministro británico, Keir Starmer, acredita al cierre del Estrecho de Ormuz el aumento del costo de vida al que se han visto expuestos los británicos en el último mes y reiteró su rechazó a cualquier esquema de cuotas que encarezca el tráfico marítimo por el Golfo Pérsico.
Ante la preocupación de los ministerios de Defensa y del Exterior de que un involucramiento británico agudizara la crisis en Medio Oriente, Starmer aseguró que el Reino Unido continuará su presencia marítima en Medio Oriente sin participar de manera directa en el conflicto y señaló que la Marina Real Británica ha movilizado recursos de remoción de minas que están en espera del fin del conflicto para ser utilizados en la liberación del Estrecho de Ormuz.
Si bien la guerra contra Irán ha evidenciado las diferencias entre Washington y sus aliados europeos, el presidente finlandés, Alexander Stubb, señaló este lunes que los intereses de Estados Unidos continúan alineados con los de la Organización. Durante el último año, Stubb ha aprovechado su relación personal con el presidente Trump para mediar entre Washington y el resto de la alianza.
Mientras el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, advierte a los miembros europeos de la alianza del deseo estadounidense por acciones concretas ante el cierre del Estrecho de Ormuz, este lunes el mandatario finés aseguró que es necesario convencer a Estados Unidos de la necesidad de aliados para proyectar poder.
Las afectaciones a los mercados energéticos más allá del costo de los combustibles
Después de 45 días del inicio de las hostilidades las consecuencias energéticas del cierre del Estrecho de Ormuz impactan a todo el mundo; la obstrucción de la vía marítima desde donde se exporta el 20 por ciento del gas natural licuado y el 25 por ciento del petróleo a nivel global afecta particularmente a los importadores de energía.
Ante el bloqueo total del Estrecho de Ormuz, la Agencia Internacional de Energía (AIE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial emitieron un comunicado en donde advertían que el impacto de la reducción de la oferta energética golpeaba especialmente a los países importadores de bajos recursos.
Los riesgos de la crisis energética se extienden más allá de los precios de los combustibles, pues el FMI ha señalado que un incremento del 10 por ciento en el costo de la energía puede significar un aumento de 40 puntos base en la inflación mientras que la AIE señala que la disrupción afecta la seguridad laboral de múltiples industrias y la capacidad de los países de bajos recursos para mantener su suministro alimenticio.
Los 32 países miembros de la AIE acordaron el mes pasado liberar 400 millones de barriles de sus reservas energéticas, el esfuerzo coordinado más grande de la historia; y si bien la mayoría de los países miembros de la AIE son países europeos, los dos principales aliados estadounidenses en la región Asia-Pacífico también forman parte de esta organización y se cuentan entre los más afectados.
Japón y Corea del Sur, dos de las principales economías en la región, dependen ampliamente de los hidrocarburos de Medio Oriente para impulsar sus industrias y a pesar de que ambos aliados estadounidenses han enfrentado dificultades para afrontar la escasez de combustibles las condiciones en las que las encaran son muy diferentes.
Mientras que Japón cuenta con la tercera reserva estratégica de petróleo más grande del mundo, con suficiente combustible para 228 días, la decisión de frenar la generación de energía nuclear tras el accidente de Fukushima en 2011 obliga a Tokio a estar a merced de las importaciones de hidrocarburos. En contraposición, Corea del Sur se ha convertido en uno de los mayores productores de energía nuclear; sin embargo, las condiciones de seguridad de la Península Coreana obligan a Seúl a importar el material radioactivo, lo que limita su capacidad energética y los ata a los combustibles fósiles.
En opinión de la doctora Alicia Girón, directora del Programa Universitario de Estudios sobre Asia, África y Oceanía (PUEAAO) de la UNAM, el panorama actual de dependencia obliga a los países de la región a modificar sus políticas energéticas y China tiene una de las claves para ello.
“La energía a partir de recursos renovables, como son el viento, el mar y la energía solar, son una alternativa pero quien tiene el control del 90 por ciento de los paneles solares son de las principales cinco empresas chinas (…) China ha avanzado enormemente en las energías renovables y ha ido desdibujando poco a poco su dependencia del petróleo; sin embargo, desde hace años, y viendo la enorme dependencia del petróleo y el gas de la región del Medio Oriente, aún mantiene un suministro de petróleo desde Rusia”, señala la especialista.
Información. Reporte Índigo.

