Más de 650 niños menores de nueve años han sido atendidos por sospecha de dengue en el sistema de salud pública de El Salvador durante el primer trimestre del año.
Este grupo etario sea posicionado como el más vulnerable a la enfermedad febril, situación que ha llevado a las autoridades a intensificar la vigilancia en los municipios con registros recientes, según los datos oficiales divulgados por las autoridades sanitarias.
La persistencia del virus se relaciona con la temporada cálida y lluviosa, lo que incrementa el riesgo de brotes.
El reporte oficial, correspondiente a la semana epidemiológica 13, con corte al 4 de abril, detalla que a nivel nacional se han atendido 1,479 casos sospechosos de dengue.
Los niños de cero a nueve años encabezan los registros con 684 casos. El siguiente segmento más afectado corresponde al grupo de 10 a 19 años, con 473 consultas por la enfermedad, según la información proporcionada por el Ministerio de Salud (MINSAL), a través del Boletín Epidemiológico.
En lo que va del año, la vigilancia epidemiológica del dengue ha identificado 15 municipios con “leve afectación”. En un promedio semanal de 100 atenciones médicas antes de la temporada de lluvias.
A pesar de que el volumen global de casos se considera bajo en comparación con años anteriores, la incidencia sostenida entre los menores advierte sobre la necesidad de un seguimiento permanente en zonas de riesgo.
El dengue mantiene un patrón estacionario en el hemisferio Norte, la mayoría de los casos suelen registrarse en la segunda mitad del año, coincidiendo con el ascenso de las temperaturas y la intensificación de las lluvias. Este comportamiento responde a las condiciones biológicas ideales para la proliferación del Aedes aegypti, principal vector del virus.
Hasta el momento, la enfermedad permanece bajo control y se ubica dentro del rango epidemiológico esperado. Del total de casos atendidos en hospitales y clínicas públicas, solo 11 fueron confirmados mediante exámenes de laboratorio; sin embargo, 12 pacientes requirieron hospitalización por complicaciones asociadas a la enfermedad.
Las autoridades no han detallado la distribución geográfica de estos casos graves, según los datos publicados.
El dengue es causado por la picadura de un mosquito infectado con uno de los cuatro serotipos del virus. En la actualidad, el DENV-3 predomina en El Salvador, lo que representa un factor de riesgo adicional, ya que este serotipo se ha vinculado a un mayor número de cuadros graves, de acuerdo con los informes del MINSAL. Hasta principios de abril, no se han registrado muertes asociadas a las arbovirosis en el país.
La infección puede no manifestar síntomas o presentarse con fiebre moderada a alta. Los principales síntomas incluyen dolor de cabeza intenso, malestar general, dolor detrás de los ojos, dolor muscular y articular, y exantema. La evolución hacia formas más severas de la enfermedad suele estar asociada a una segunda infección, en estos casos pueden aparecer dificultad respiratoria, hemorragias y daño en los órganos internos.
Un criadero de zancudos puede sobrevivir hasta tres meses
El epidemiólogo Jorge Panameño explicó a Infobae que la población debe mantener una vigilancia constante sobre los posibles puntos de reproducción del mosquito transmisor en el entorno doméstico. Las lluvias intensas registradas a finales de marzo pueden haber dejado remanentes de agua que facilitan la formación de criaderos, aunque estos sean de “dimensiones mínimas”. Un criadero de zancudos puede sobrevivir hasta tres meses en las inmediaciones de una vivienda.
Según Panameño, “el problema es que las lluvias contribuyen a la formación de criaderos de zancudos y estos tienen ciertas características interesantes. Por ejemplo, llovió hace tres meses, pero los criaderos que se formaron pueden estar generando poblaciones de mosquitos, en este caso hablando del Aedes aegypti y albopictus en otras regiones”.
Investigaciones internacionales citadas por el experto han demostrado que los mosquitos vectores del dengue han experimentado “cambios importantes” en su comportamiento, lo que les ha permitido establecerse y multiplicarse en zonas donde antes la población desconocía la enfermedad.
“Esto nos lleva a decir que el mosquito está mutando y adaptándose a vivir en áreas donde no podía”, añadió Panameño en diálogo con Infobae.
Este fenómeno subraya la necesidad de fortalecer la prevención a nivel comunitario, especialmente ante la posible acumulación de agua en objetos y recipientes expuestos a la intemperie.
Un invierno irregular no reduce la proliferación de mosquitos
El arranque de un invierno irregular, marcado por lluvias esporádicas y prolongados periodos de calor, no contribuye a limitar las poblaciones de mosquitos y en muchos casos puede estimularlas. Las temperaturas elevadas, frecuentes en este escenario climático, favorecen una aceleración del ciclo biológico del zancudo, permitiendo que las larvas se conviertan en adultos en menos tiempo.
De acuerdo con Panameño, “esto ya es una enfermedad endémica en el territorio nacional. El año pasado tuvimos presencia de la enfermedad y mucha preocupación debido a la predominancia del serotipo 3, en 2024 se registraron muertes», puntualizó el especialista.
En este contexto, la vigilancia epidemiológica permanente es una herramienta clave para la atención oportuna de los casos. Las arbovirosis se han encontrado presentes en el sistema público de salud desde los primeros días del año. Panameño advierte, sobre la importancia de ampliar el control frente a otras enfermedades transmitidas por mosquitos, como el Zika, con 10 casos sospechosos en las últimas semanas y la Chikungunya, para la cual se han reportado cuatro casos sospechosos en el mismo periodo.
El especialista enfatizó que hay señales preocupantes de una mayor incidencia de la enfermedad periurbanas transmitidas por mosquitos, subrayando que “eso no debería ser”, dado que se han atendido pacientes con complicaciones variadas también en el sector privado.
Información. Infaboe.

