Sobrevivir a un feminicidio, el caso de Naget Abraham.

Sobrevivir a una tentativa de feminicidio podría considerarse una segunda oportunidad. Pero escapar de la muerte es, apenas, el inicio de un tortuoso camino en el acceso a la justicia en un país con graves niveles de impunidad. Y para muchas mujeres más, salir vivas de un ataque implica cargar con el miedo de que quien intentó asesinarlas regrese a terminar lo que inició. Son sobrevivientes por ahora y hasta que la justicia las proteja.

Un ejemplo de esto es el caso de Naget Abraham, de 23 años, quien el 4 de febrero levantó una denuncia judicial contra Eduardo Alfonso G.M. por tentativa de feminicidio, lesiones y violencia intrafamiliar.

Durante la madrugada del 3 de enero de 2021, él intentó asesinarla después de golpearla a ella y a su hija de de siete meses de edad al interior de una habitación del hotel HS Hotsson, en Tampico, Tamaulipas, de donde el hombre es originario.

De acuerdo con la víctima, tras las celebraciones de fin de año, los tres se encontraban en el inmueble, ubicado en la avenida Miguel Hidalgo, cuando el hombre lanzó su teléfono celular contra el rostro de la bebé tras una discusión en la que Naget se negó a tener otro hijo con él.

“Le lanza el celular, en ese momento ella tenía siete meses, apenas empezaba a gatear. El celular le cae en la cara. Como es un celular grande, el golpe le dañó sus ojos, nariz y boca del lado derecho. Ella empieza a gritar, yo vi que tenía mucha sangre”, narra la madre de la menor de edad y agrega que cuando se acercó a atender a su hija, el hombre le quitó a la bebé de los brazos, las encerró en la habitación y arrojó a la niña.

“La aventó hacia atrás, como si fuera un objeto, sin fijarse si caía en el suelo o en la cama; como cuando avientas una chamarra. Sólo me miraba a mí, con cara de odio”, cuenta Naget.

Debido a esta acción, la pequeña cayó al suelo y Eduardo Alfonso comenzó a estrangular a su expareja: “Me agarra del cuello y me empieza a decir que qué pensaba, que estaba tonta si pensaba que yo podía ser libre, que yo era literalmente de él, que nunca me iba a dar el divorcio. Todo el tiempo asfixiándome”.

Tras ese intento de asfixia, la arrojó al suelo para lanzarse a patadas contra su cara, sus costillas, su estómago y arrastrarla de los cabellos a lo largo de la habitación. Luego la incorporó para subirla a la cama, donde comenzó a retirarle todos sus objetos personales y a morderle diversas zonas del cuerpo.

“No sé cuánto tiempo pasó hasta que me subió a la cama y me empezó a quitar mis cosas: anillos, collares, mis aretes. Como no me pudo quitar un anillo, me empezó a morder el dedo, también los brazos, como intentando arrancar la piel”.

Al percatarse que sus intentos de asesinar a la mujer no tenían efecto, el hombre comenzó a introducir alimentos en su boca para que se atragantara. Y el infierno no terminó ahí.

En un segundo ataque, el hombre la levantó del suelo e intentó clavarle un cuchillo en las costillas y la espalda. Tras ello, el sujeto le atizó un fuerte golpe en la cabeza y la intentó estrangular nuevamente hasta que ella perdió el conocimiento. Lo único que la joven quería era sobrevivir esa noche para rescatar a su hija. No quería morir enfrente de ella y se aferró a la vida.

Sobrevivir a la pesadilla del Feminicidio

Cuando Naget despertó, se encontraba atada de pies y manos. Ella escuchaba a su expareja hablar por teléfono en la habitación, mientras preguntaba a su interlocutor en dónde podía esconder el cuerpo inerte.

La víctima piensa que el hombre ya lo había planeado, pues ya tenía entre sus cosas las cuerdas con que la amarró: “Hablaba por teléfono, preguntándole a alguien dónde podían llevar el cuerpo. Él se refería a mí como un cuerpo, daba por hecho que ya me había matado. Yo supongo que él ya tenía todo planeado porque tenía las cuerdas preparadas para amarrarme”.

La víctima aprovechó cuando su agresor se encerró en el baño, pensándola muerta, para desatarse y salir corriendo con su bebé. Naget fue trasladada a un hospital en Tamaulipas, apoyada por personal del hotel. Aunque con varias lesiones, ambas sobrevivieron.

Hasta ahora, el hombre continúa en libertad y Naget está en espera de que la justicia llegue y, por fin, poder dormir con la tranquilidad de saber que Eduardo Alfonso ya no podrá atentar contra su vida ni la de su hija.

Información. Reporte Indigo.

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