“En la memoria de una gran mujer siempre está la fuerza, el espíritu, el carácter de este gran San Miguel de Allende en el que hoy vivimos”: así reconoce el presidente Luis Alberto Villarreal García a Sor María Josefa Lina de la Canal y Hervas, a 250 años de su muerte.
A las 6 de la mañana repicaron las campanas de todas las Parroquias y templos en San Miguel de Allende; y volverán a escucharse en punto de las 3:30, para evocar aquel jueves 9 de agosto de 1770, cuando a la edad de 33 años, fallece Sor Lina o querida también, como “La Azucena” de San Miguel.
El 23 de septiembre de 1736, en la entonces Villa de San Miguel, nace primogénita María Josefa Lina de la Canal y Hervas. Desde su niñez tuvo interés por la vida monástica y su guía espiritual, don Luis Felipe Neri de Alfaro le dio acompañamiento para lograr fundar el primer convento de la región.
En este convento de la Purísimas Concepción, profesó el 2 de febrero de 1757 como Sor María Josefa Lina de la Santísima Trinidad. El amor por sus acciones y recuerdo sigue vivo, dijo el presidente municipal Luis Alberto Villarreal García, “forma parte del patrimonio intangible de nuestro municipio y de sus costumbres populares. Hoy a una de nuestras grandes benefactoras la recordamos con el repique de campanas”.
Así lo dijo Villarreal García momentos después de colocar la ofrenda florar en la placa que evoca a los benefactores de la Villa de San Miguel, que está en el segundo piso del Palacio Municipal.
De ahí, junto con la directora de Cultura y Tradiciones, Paulina Cadena, caminaron hasta el ahora conocido, “Templo de las Monjas” para depositar el simbólico homenaje a quien: “en nuestro recuerdo, en la memoria de una gran mujer siempre está siempre la fuerza, el espíritu el carácter de este gran San Miguel de Allende”.

