La brutal y sangrienta represión de la revuelta iraní ha consolidado, según Roger Boyes, una inquietante verdad: el mayor beneficiario de la represión en Irán es la máquina de persecución digital china. Boyes identificó una alianza crucial entre el régimen de Beijing y Teherán que, gracias al flujo de nuevas tecnologías de vigilancia, sofocó las protestas “en un abrir y cerrar de ojos”. Apuntó como prueba definitiva: “Las órdenes de disparar a matar, las más de 16.000 bolsas para cadáveres y el silencio de cementerio”.
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