El próximo domingo 12 de abril Perú experimentará las elecciones más grandes de su historia, los más de 27 millones de ciudadanos votarán por cinco representantes del Parlamento Andino, 130 diputados, 60 senadores, dos vicepresidentes y un presidente; sin embargo, con más de 30 aspirantes a contender por la jefatura del Ejecutivo y una boleta presidencial de casi medio metro, el sistema político peruano hace evidente la fragmentación que ha provocado que en 10 años en el país hayan gobernado ocho presidentes.
Si bien Perú no era ajeno a turbulencias políticas, la destitución de Pedro Castillo, el último presidente en pasar por las urnas, detonó una crisis de gobernabilidad agudizada por una fragmentación partidista que se refleja en la complejidad de la boleta electoral y en la necesidad de tutoriales y ejercicios de simulación para que los ciudadanos completen el sufragio.
Si ninguno de los candidatos logra obtener el 50% de los votos, los dos aspirantes con mejor desempeño en la jornada del 12 de abril se enfrentarán en un balotaje a celebrarse el próximo 7 de junio. La fragmentación partidista y el poco entusiasmo de la población hacen de una segunda ronda de votaciones el escenario más probable y el nombre de Keiko Fujimori se perfila como el primero en aparecer en una segunda boleta.
Los cinco candidatos más importantes en Perú
Congresista con experiencia, abanderada por el Partido Fuerza Popular e hija del expresidente Alberto Fujimori, condenado a 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad, Fujimori ha tenido una tendencia a la alza que le da el 13% de la intención de voto.
Con un plan de gobierno que se enfoca en la seguridad ciudadana, el combate al narcotráfico y la lucha anticorrupción, las políticas de la heredera Fujimori trazan paralelismos con las implementadas por otros gobiernos de derecha de la región, como la securitización de la vida pública, mayor vigilancia del Estado y la construcción de prisiones de máxima seguridad, así mismo sus planes de crecimiento económico abrazan una mayor conexión con Washington y el apoyo a empresarios.
En segundo lugar de preferencia electoral se encuentra Carlos Álvarez, un cómico con una trayectoria de tres décadas en televisión imitando a los políticos que ahora pretende encabezar. Con 8% de la intención de voto, el cómico abraza una plataforma populista anclada en su no pertenencia a la clase política que promete cero tolerancia a la corrupción, mayor involucramiento de las Fuerzas Armadas en la seguridad pública y penas más severas para algunos delitos.
Rafael López Aliaga completa la trifecta de candidatos con mayor posibilidad de ver su nombre en la segunda ronda. El empresario, Banquero y exalcalde de Lima que ha llegado a la contienda presidencial con una plataforma neoliberal que apuesta por privatizar las empresas estatales, disminuir impuestos y una mayor cooperación con Estados Unidos, también mantiene una línea ultraconservadora que se opone al aborto y al matrimonio entre personas del mismo sexo.
Roberto Sánchez y Jorge Nieto son los últimos dos candidatos que superan el cinco por ciento de la intención de voto. Si bien Nieto también mantiene políticas conservadoras, su plan de gobierno traza propuestas más moderadas en cuestiones sociales y ha tratado de fincar su campaña en la experiencia de gobierno que obtuvo en la presidencia de Pedro Pablo Kuczynski en 2016; por su parte Roberto Sánchez es el único candidato de izquierda que cuyo nombre figura entre los principales contendientes y aunque su paso por el gobierno de Pedro Castillo le dio reconocimiento, también unió su nombre al del desprestigiado mandatario.
Perú y el desencanto con la democracia
En este periodo electoral 35 candidatos lograron su inscripción en la boleta, un récord para cualquier país de la región. No obstante, el mayor número de opciones no se refleja en una mejoría en la calidad de la democracia; al contrario, de acuerdo con una encuesta del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral en 2024 solo el 17 por ciento de los peruanos aprobaban la calidad de la democracia en su país y el 52 por ciento de ellos considera que el gobierno funcionaría mejor sin un Congreso.
El descontento con la democracia ha funcionado como catalizador para la formación de múltiples organizaciones políticas, que en muchos casos funcionan como mecanismos personalistas de captación del voto que se desintegran al concluir las elecciones o se agrupan en nuevas alianzas para obtener mayor fuerza en coalición.
Si al inicio del deterioro democrático, en las elecciones de 2016, en Perú habían 25 partidos políticos inscritos para presentar candidatos a cargos de elección popular, actualmente hay 37 organizaciones, 34 partidos y tres alianzas, acreditadas para las elecciones generales; sin embargo, la mayoría de estas fuerzas políticas son muy débiles y reflejo de ello es que solo cinco candidatos superan el cinco por ciento de la intención de voto, de acuerdo a las últimas encuestas.
Al proceso democrático de este domingo lo antecede una crisis política que sustituyó a un presidente interino acusado de corrupción por otro presidente interino cuyo paso por el gobierno también ha estado manchado de escándalos. José María Balcázar, actual presidente de Perú, fue denunciado por corrupción a solo cinco días de haber tomado el cargo y es investigado por la Comisión de Ética del Congreso por supuestos delitos cometidos durante su etapa parlamentaria.
La historia reciente de corrupción explica que la campaña presidencial ha ahondado en promesas de transparencia y rendición de cuentas; sin embargo, la corrupción de su clase política ha pasado a segundo plano para los peruanos que actualmente declaran como su mayor preocupación la delincuencia y el crimen organizado. El apoyo recibido por los candidatos cuyas propuestas se enfocan en la seguridad evidencian el cambio de prioridades en Perú.
Información. Reporte Índigo.

