Después de un mes de hostilidades, la guerra en Irán continúa escalando y los aparentes intentos de diálogo se ven socavados por los constantes ataques iraníes a los aliados árabes de Washington y por el aumento de tropas estadounidenses en la región, tropas que que sostienen las nuevas amenazas de la Casa Blanca; el despliegue de unidades anfibias y aerotransportadas contrasta no sólo con los acercamientos diplomáticos sino también con la opinión pública estadounidense que rechaza el riesgo que una incursión terrestre pueda tener para sus ciudadanos.
Este fin de semana comenzaron a llegar al teatro de operaciones las tropas de Fuerzas Especiales estadounidenses movilizadas bajo las órdenes del presidente Donald Trump semanas atrás. El pasado 28 de marzo la 31° Unidad Expedicionaria de los Marines (MEU) quedó bajo las órdenes del Comando Central y en espera de la segunda de estas unidades en ruta desde San Diego.
Cada Unidad Expedicionaria está conformada por tres navíos, con capacidades de incursiones anfibias y asaltos aéreos, más de 2 mil 500 infantes de marina que llegan a reforzar a las 50 mil tropas que ya se encuentran en la región, tanto en bases militares ubicadas en los países árabes como en la armada que navega a las costas de Irán.
El Comando Central de los Estados Unidos también recibió este lunes a los más de mil miembros de la 82 División Aerotransportada del Ejército, una unidad de paracaidistas de élite que brindan a Washington mayor flexibilidad y la posibilidad real de una incursión terrestre limitada.
Donald Trump no descarta una incursión terrestre en Irán
Pese a que funcionarios de la administración Trump y el presidente mismo aseguran que los objetivos militares en Irán pueden ser alcanzados sin necesidad de un despliegue de tropas terrestres, la Casa Blanca sostiene que la movilización de fuerzas especiales permite mantener las opciones necesarias en caso de contingencias. En entrevista con The Financial Times publicada este lunes, el presidente Trump, declaró que aún no se descarta la toma de la Isla de Jark y aseguró que aunque la incursión inicial no representaría dificultades para las Fuerzas Armadas estadounidenses la ocupación se tendría que extender “por algún tiempo”.
En contraposición con el optimismo del mandatario estadounidense, desde Teherán los altos funcionarios del régimen afirman que las defensas iraníes están listas para “prender en llamas” a las tropas estadounidenses que se adentren en su territorio. De acuerdo con los medios estatales iraníes, las Fuerzas Armadas se han preparado por décadas para semejante escenario; así mismo, el vocero del Comando Central iraní describió la posible ocupación de las islas del Golfo Pérsico como un plan poco realista y advirtió de consecuencias humillantes en caso de proceder.
Una incursión a la isla de Jark, o bien ataques aéreos que pongan en peligro su infraestructura petrolera, significaría una escalada mayor por parte de Estados Unidos, debido a que la isla representa la principal terminal de exportación para los hidrocarburos iraníes, su ocupación también pondría a las tropas estadounidenses en el terreno en una posición descubierta a tan solo 33 kilómetros de las costas enemigas; dentro del rango de la mayoría del arsenal iraní.
A un mes del inicio de las hostilidades, Estados Unidos ha sufrido la muerte de 13 militares en combate, seis de ellos durante un ejercicio de reabastecimiento de combustible, y más de 300 soldados han resultado heridos, 40 de los cuales han quedado fuera de combate.
La mayoría de los estadounidenses rechazan una invasión
Pese al reducido número de bajas y la superioridad militar demostrada en Irán, la reacción en Estados Unidos hacia la guerra contra Irán ha sido desfavorable para el presidente Trump. Si bien el respaldo de la mayoría republicana en el Congreso ha permitido al presidente actual sin las ataduras de una Resolución de Poderes de Guerra, que limitaría el tiempo de la campaña militar y prohibiría el despliegue de tropas terrestres, tanto la oposición en ambas cámaras como legisladores de su propio partido han exhortado al presidente a evitar el involucramiento de “botas en el terreno”.
Al salir de una sesión clasificada del Comité de Servicios Armados, la congresista republicana Nancy Mace, partidaria del movimiento MAGA, señaló que el despliegue de tropas terrestres sería una línea que muchos estadounidenses no estarían dispuestos a cruzar y aseguró que de avanzar con una incursión terrestre se tendría que recurrir al Congreso para pedir autorización.
Las declaraciones de la legisladora demuestran no solo las opiniones contrastadas al interior del Partido Republicano, sino también concuerdan con la opinión de la mayoría de los estadounidenses. De acuerdo a una encuesta realizada por el Centro Nacional de Investigación de Opinión y Associated Press (AP-NORC), solamente el 12 % de los estadounidenses están de acuerdo con el envío de tropas terrestres para operaciones de combate en Irán.
Si bien la guerra en Medio Oriente no ha impactado la aprobación del presidente Trump entre su base de votantes, 72% de republicanos consideran que las acciones militares en contra Irán son adecuadas o no lo suficientemente severas, incluso entre los simpatizantes republicanos la idea de enviar soldados a territorio iraní es apoyada por el 20% y rechazada por el 47% de ellos.
Mientras que el presidente mantiene el apoyo de las bases republicanas, en donde tres cuartas partes de confía en su manejo de política exterior y en el uso de las Fuerzas Armadas en el exterior, la pérdida de confianza entre los electores independientes podría poner en riesgo las mayorías legislativas que han facilitado sus primeros años de administración. Ante un presidente cuya reelección se forjó sobre promesas de reducción del costo de vida y estabilidad hacia el exterior, el aumento de los precios de los combustibles y la escalada militar han hecho que 63% de los votantes independientes consideran que la guerra en Irán ha ido demasiado lejos.
Información. Reporte Índigo.

