Hezbolá e Israel: El conflicto anexo a la guerra en Irán.

Los días después del inicio de la operación Furia Épica, el grupo terrorista Hezbolá lanzó sus primeros ataques en contra de territorio israelí en más de 15 meses; como resultado, el conflicto entre Israel y la milicia fundamentalista se reactivó en un frente de guerra que ha costado la vida de mil 110 personas en Líbano y seis en Israel; ahora las hostilidades amenazan con escalar aún más.

El asesinato del ayatolá Alí Jameneí, líder supremo de Irán, y las “constantes agresiones israelíes”, fueron los justificantes que Hezbolá utilizó para romper un cese al fuego pactado en 2024 que mantuvo al grupo terrorista fuera de la ecuación durante de la Guerra de los 12 días.

Desde el inicio de esta nueva etapa de conflagración, Hezbolá ha movilizado tropas especializadas en emboscadas, ataques de drones y lanzado, de acuerdo con las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), un promedio de 150 cohetes diarios; una respuesta agresiva para un grupo que se tenía por derrotado hasta hace tres semanas.

En 2024, la muerte de Hassan Nasrallah y el resto de la cúpula de Hezbolá significó un debilitamiento en la estructura que obligó a la organización a detener sus ataques contra Israel y aceptar la desmilitarización de sus brazos armados, todo esto mientras las FDI mantenían una campaña de bombardeos contra instalaciones del grupo fundamentalista y la ocupación de cinco colinas en la porción libanesa de la frontera.

Pese a ello, la milicia recibió el apoyo de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) para reestructurar el comando de la organización, reemplazando el diseño jerárquico por uno de nodos descentralizados, ajenos a la operación de sus pares pero con capacidad para acciones conjuntas; de esta manera, los CGRI buscaban preparar a Hezbolá para un eventual conflicto con Israel.

Hezbolá: Un brazo armado desde Irán

De acuerdo con fuentes anónimas consultadas por la agencia Reuters, los CGRI enviaron a oficiales iraníes para robustecer el comando, entrenar combatientes y rearmar a la organización; asimismo, el grupo paramilitar iraní extendió ayuda económica no solo para financiar la adquisición de drones y la reparación de la industria bélica doméstica de Hezbolá, sino también para pagar salarios de milicianos y ofrecer asistencia a los desplazados por el conflicto israelí.

Si bien el apoyo a las milicias del “Eje de Resistencia”, como el régimen denomina a los grupos terroristas bajo su amparo, siempre ha sido una prioridad para Teherán, durante la guerra actual ni las guerrillas iraquíes ni los Hutíes en Yemen han tomado parte de las hostilidades; solo Hezbolá apoya al régimen de los ayatolá con su propia campaña contra Israel.

En opinión del internacionalista Rubén Ramos Muñoz, profesor de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón y especialista en Medio Oriente, la afinidad cultural y religiosa con Irán convierte a Hezbolá en un brazo armado parte de la política exterior de los ayatolá lo que, sumado al rechazo a la ocupación israelí al interior de Líbano, convierte a este grupo en la herramienta ideal para esta ofensiva.

“En la actualidad Hezbolá no ha sufrido ni un gran desgaste ni un número significativo de bajas; justo por eso Israel lo considera una gran amenaza. Irán utiliza este brazo armado que ha financiado para atacar a Israel en otro frente que, al considerar el aspecto geográfico, le permite una mejor condición de ataque. Es un grupo muy bien armado se estima que tienen 25 mil misiles, de corto y mediano alcance, que le permite una gran capacidad de ataque”, señala el académico.

¿Zona de seguridad o anexo territorial?

Si bien el cese al fuego nunca significó el fin de las operaciones militares israelíes en Líbano, el recrudecimiento de las hostilidades ha significado una nueva campaña bélica que amenaza a los civiles de ambos lados de la frontera.

Las acciones bélicas de ambos beligerantes han desplazado a más de un millón de personas en Líbano, 250 mil de ellas fuera del territorio, mientras que en Israel los habitantes de la zona fronteriza exigen ser evacuados ante las órdenes del gobierno de permanecer en sus casas.

El gobierno israelí, encabezado por el primer ministro Benjamin Netanyahu, ha anunciado el reforzamiento de la incursión terrestre en el sur de su país vecino y la creación de una zona de amortiguamiento que se extienda hasta el Río Litani, 30 kilómetros al norte de la frontera en un área que representa el 8% del territorio libanés.

El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, adelantó que la estrategia a seguir en el sur de Líbano será similar a la utilizada en Khan Younis, Gaza, al demoler casas e infraestructura en la franja fronteriza para evitar que sean utilizadas para lanzar proyectiles hacia territorio israelí; la zona de seguridad resultante sería ocupada por fuerzas militares. No obstante, el ministro de finanzas, Bezalel Smotrich, ha llamado no a una ocupación militar temporal sino a anexar el territorio libanés y establecer una nueva frontera en el Río Litani.

La ocupación y la declaración de intenciones de uno de los actores más cercanos al primer ministro han causado indignación por parte del gobierno de Líbano y funcionado como herramienta de legitimación para Hezbolá; sin embargo, en opinión del profesor Ramos Muñoz, la posibilidad de una anexión aún está muy lejos.

“En una primera etapa, Israel intenta contrarrestar las milicias de Hezbolá, eliminar a sus líderes y disminuir su arsenal militar; lamentablemente, en esta incursión podemos esperar afectaciones a civiles (…) Es sumamente evidente que los ideales expansionistas van a tratar de obtener territorio como resultado de este conflicto, pero hasta ahora veo complicado que lo obtengan, precisamente por la resistencia montada por Hezbolá y el apoyo que pueda recibir por parte de Irán”, finaliza el académico.

Información. Reporte Índigo.

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