El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán formalizó el martes las condiciones de tránsito por el estrecho de Ormuz, al distribuir a los 176 Estados miembros de la Organización Marítima Internacional (OMI) una nota diplomática enviada el domingo al Consejo de Seguridad y al secretario general de la ONU, António Guterres. El texto establece que los buques que no participen ni respalden actos de agresión contra Irán y cumplan las normas de seguridad declaradas podrán circular por el estrecho previa coordinación con las autoridades competentes iraníes.
La nota excluye de forma explícita a los buques de Estados Unidos, Israel y lo que Teherán denomina “otros participantes en la agresión”, declarados inhabilitados para el paso inocente o no hostil. Irán adoptó, según el documento, “las medidas necesarias y proporcionadas para impedir que los agresores y sus partidarios utilicen el estrecho para llevar a cabo operaciones hostiles”. La cancillería atribuye a Washington y Tel Aviv la responsabilidad de cualquier escalada, y los acusa de librar una “guerra ilegal y desestabilizadora” que expuso la navegación internacional a amenazas sin precedentes.
El estrecho permanece prácticamente paralizado desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron la ofensiva conocida como Operación Furia Épica. Según la Agencia Internacional de Energía, por esa vía transitan unos 20 millones de barriles diarios, cerca del 20% del consumo mundial de petróleo y el 20% del comercio global de gas natural licuado (GNL). El precio del crudo Brent superó los 126 dólares por barril en su pico desde el inicio del conflicto, según datos recogidos por Reuters.
La comunicación no implica una reapertura efectiva, sino la formalización multilateral de una política que Teherán ya aplicaba de facto: desde mediados de marzo, autorizó el paso de buques de India, Pakistán, Turquía y Tailandia previa coordinación bilateral. El canciller Abbas Araghchi había indicado que países como Japón —que depende del Golfo Pérsico para el 90% de sus importaciones de crudo— podían obtener garantías de tránsito mediante negociación directa.
La OMI celebró la semana pasada una sesión extraordinaria convocada por Francia, Reino Unido, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar, entre otros. Su secretario general, Arsenio Domínguez, confirmó que al menos siete marinos habían muerto y que unos 20.000 tripulantes permanecían atrapados en la zona. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) advirtió que el bloqueo eleva los costos del flete, los seguros y los combustibles, con efectos directos sobre el precio de los alimentos en los países más vulnerables. Unos 3.200 buques permanecen varados en el Golfo Pérsico y al menos 22 embarcaciones han sido atacadas desde el inicio del conflicto.
Antes de que venciera el ultimátum, Trump anunció el lunes que Estados Unidos e Irán habían mantenido conversaciones “muy buenas y productivas” y ordenó al Departamento de Guerra posponer los ataques contra infraestructura energética iraní por un período de cinco días. El presidente añadió que el acuerdo podría materializarse en ese mismo plazo. Pakistán, Turquía, Egipto y Omán participan en los esfuerzos de mediación, según fuentes cercanas al asunto, aunque no había constancia de negociaciones directas entre Washington y Teherán desde el inicio de la guerra.
Desde Teherán, las autoridades negaron cualquier negociación con Washington y sostuvieron que las declaraciones de Trump buscaban influir en los precios de la energía en medio de la volatilidad global. Ghalibaf calificó el anuncio de “noticia falsa” y sostuvo que el aplazamiento respondía al temor de Trump ante el alza del crudo, no a avances diplomáticos reales. Al formalizar sus condiciones por escrito ante instancias multilaterales mientras niega negociar, Teherán busca consolidar su posición como árbitro del tránsito por el estrecho sin ofrecer concesión alguna a Washington.
Información. Infaboe.

