La NASA ha dado a conocer la construcción de una base permanente en la Luna. El anuncio, realizado durante el evento Ignition, refleja un cambio de paradigma. Ya no se trata de misiones aisladas con objetivos puntuales, sino de establecer una presencia humana continua en el satélite natural de la Tierra.
El administrador de la agencia, Jared Isaacman, fue enfático: “El tiempo apremia en esta competencia entre grandes potencias”. Según su visión, el éxito ya no se medirá en décadas, sino en meses. La meta es regresar a la Luna antes de que concluya el mandato de Donald Trump y consolidar una infraestructura estable que permita operaciones sostenidas.
El programa Artemis como columna vertebral
El plan se apoya en el programa Artemis, que tendrá su momento decisivo en 2027 con Artemis III. Esta misión no solo buscará llevar astronautas de nuevo a la superficie lunar, sino también probar sistemas de soporte vital, movilidad y energía que serán indispensables para una presencia prolongada.
La NASA proyecta que, tras Artemis III, se realicen alunizajes regulares, inicialmente uno por año, con la intención de aumentar la frecuencia hasta llegar a dos misiones anuales. Este ritmo marcaría un salto cualitativo respecto a las experiencias anteriores, donde los viajes a la Luna eran eventos aislados y de corta duración.
El proyecto contempla un desarrollo progresivo en tres etapas:
- Primera fase: construir, probar y aprender. Se enviarán misiones robóticas con vehículos, instrumentos y tecnología para ensayar capacidades críticas como movilidad, energía, comunicaciones y navegación. El objetivo es preparar el terreno para operaciones humanas en un entorno extremo.
- Segunda fase: infraestructura inicial semihabitable. Se desplegarán módulos básicos que permitan estancias más largas y recurrentes de astronautas. Aquí será fundamental la colaboración internacional: Japón aportará vehículos exploradores presurizados, mientras otros países contribuirán con tecnología y soporte logístico.
- Tercera fase: base permanente. Con sistemas de aterrizaje más avanzados y capacidad de carga ampliada, se instalarán hábitats y estructuras que permitirán la presencia continua de astronautas. Italia y Canadá, entre otros aliados, aportarán módulos habitacionales y vehículos especializados.
Reorganización en la órbita terrestre
El proyecto lunar se complementa con una redefinición de la estrategia en la órbita terrestre baja. La Estación Espacial Internacional (EEI), que ha operado por más de dos décadas, se encamina hacia una transición hacia estaciones comerciales. La NASA busca evitar interrupciones en la presencia humana en el espacio y fomentar un ecosistema privado competitivo que acompañe los esfuerzos públicos.
La agencia también impulsa una nueva generación de misiones científicas. El telescopio James Webb continúa revolucionando la comprensión del universo, mientras se preparan proyectos como el Nancy Grace Roman y la misión Dragonfly a Titán. Además, se anunció el desarrollo de tecnología nuclear para exploración profunda, con la posibilidad de enviar una nave a Marte antes de 2028.
La Luna como plataforma hacia Marte
La base lunar no será únicamente un centro científico. Se concibe como un punto de partida para misiones más ambiciosas hacia Marte y otros destinos del sistema solar. La infraestructura permitirá probar tecnologías de soporte vital, sistemas de energía y logística que luego podrán aplicarse en viajes interplanetarios.
La NASA destacó que reforzará sus equipos, recuperará capacidades técnicas y abrirá nuevas oportunidades para jóvenes profesionales.
“Nuestro personal es la joya de la agencia”, señalaron desde la conducción. El proyecto no solo busca expandir los límites de la exploración espacial, sino también inspirar a nuevas generaciones de científicos, ingenieros y astronautas.
Información. Periódico Excélsior.

