Mundial 2026 deja huella de gentrificación: vecinos y comerciantes denuncian desplazamiento.

Ala sombra del Mundial 2026, la gentrificación avanza con paso firme en la alcaldía Benito Juárez. En la colonia Nativitas, el “renacimiento urbano” que promete modernizar la capital convive con otra realidad: comercio informal, trabajo sexual y vecinos que observan cómo el precio del suelo se dispara mientras su entorno cambia a una velocidad inusual.

Entre calles donde antes predominaban talleres y viviendas tradicionales, hoy inmobiliarias anuncian lofts como símbolo de innovación y plusvalía. Este modelo de reutilización de espacios industriales en zonas céntricas y bien conectadas se ha popularizado en la zona: departamentos desde 2 millones de pesos se promocionan por su “excelente ubicación, cerca de las principales avenidas y con acceso al transporte público”.

La narrativa comercial insiste en la conectividad y la tranquilidad. “Perfectamente conectado a los puntos más importantes de la Ciudad de México, rodeado de un ambiente familiar”, prometen anuncios de preventa para departamentos que superan los cuatro millones de pesos.

A la par, oficinas en renta por hasta 170 mil pesos mensuales se ofertan sobre Calzada de Tlalpan, una de las arterias viales más relevantes de la capital.

En contraste, puestos de comida, comercio ambulante y trabajadoras sexuales continúan ocupando el espacio público. Conviven con obras prioritarias rumbo al Mundial: la rehabilitación de la Línea 2 del Metro, la ciclovía Gran Tenochtitlán y la construcción de un Parque Elevado.

Las diferentes caras de la gentrificación

A la cotidianidad se han sumado varias causas. Frente a los hoteles ahora abundan mantas de trabajadoras sexuales con la leyenda: “No vamos a permitir que se sigan burlando de nuestra integridad como trabajadoras sexuales (…) el proyecto de la Gran Tenochtitlán nos está dejando sin ingresos, exigimos un programa social, seguridad y el seguro del desempleo”.

Pero ellas no son las únicas inconformes, comerciantes de los pasos peatonales a desnivel también exigen frenar el desalojo, bajo el argumento de la rehabilitación, de los espacios que ocupan hace años: “¡No al desalojo y a la gentrificación!”, reclaman.

Moisés y Oswaldo son comerciantes de la Calzada Tlalpan, en su pequeño puesto tienden sobre la banqueta sus libros y diversos artefactos como collares.

Moisés cuenta que durante los trabajos para la construcción de la ciclovía tuvo que dejar de trabajar durante dos meses debido a la obra. Añade que sí bien ahora no tiene problemas con ella, pues le parece muy útil para los ciclistas, desde que inició el año se enfrentó al encarecimiento de la renta de su vivienda: «A partir de este año subió diría que casi un 25 por ciento … todo ha subido”, señala.

Por su parte, Oswaldo reclama la mala planeación de la ciclovía y la denomina como “motopista”. El proyecto de la Gran Tenochtitlán planea ser una de las rutas más largas de la capital, además de que su diseño implementa confinamiento de seguridad a través de jardineras y barreras físicas, pese a ello, el hombre de mediana edad señala que estas son usadas como “basurero”.

“Esto lo hicieron más que nada por el Mundial. De ahí de Pino Suárez a Chabacano van a hacer un segundo piso arriba. No sirve para nada».

Yo pensé que de ahí, de Chabacano, iban a hacer una vía rápida que la iban a unir, pero de ¿Pino Suárez a Chabacano?¿Una parte de la calzada arriba? No le veo caso”, cuestiona.

Por su parte, Eduardo Alanís, miembro del Bloque AntiGentrificación, define que la gentrificación puede ir desde una limpieza social hasta el nulo acceso a la vivienda.

“Imposibilidad de pagar una renta con este salario mínimo, los desalojos forzosos que vienen pasando o la limpieza social o el abuso de las condiciones en que personas están laborando, por ejemplo, en la calzada de Tlalpan con el tramo elevado, a las trabajadoras sexuales les impiden trabajar”, explica.

Eduardo puntualiza que además de la obstaculización a las trabajadoras sexuales, los obreros encargados de la construcción del tramo elevado y del Estadio Azteca han manifestado que las condiciones en las que laboran son precarias por las largas jornadas laborales ante la premura de la obra.

Calzada de Tlalpan pasó del abandono a la prioridad

El gobierno capitalino emprendió la construcción de un Parque Elevado sobre la Calzada Tlalpan, este es construido encima de las vías de la Línea 2 del Metro y tiene el objetivo de que las personas puedan recorrer Tlalpan o llegar caminando al Zócalo. La obra abarca la zona de Pino Suárez y Chabacano. Se espera esté concluida a más tardar el 30 de mayo de 2026, un mes antes del torneo Mundial.

A su vez se trabaja en la reparación de todas las banquetas y la construcción de la ciclovía la Gran Tenochtitlán y la cual cuenta con un avance del 95 por ciento. En tanto, el pasado 9 de febrero se emprendió la rehabilitación de la Línea 2 por lo que se realizan cierres parciales y la modificación de horarios.

Cabe destacar que todos estos trabajos pertenecen a una intervención integral que costará alrededor de 2 mil 200 millones de pesos.

Alanís puntualiza que estas obras son pensadas únicamente en el evento deportivo, por lo que carecen de un consentimiento de sentido social.

“¿En qué momento se preocuparon por Tlalpan? Era una avenida que estaba abandonada, Los mismos comerciantes de los pasos a desnivel lo mencionan y de buenas a primeras se anuncia que ahí quieren realizar obras, pero sin consultar a la población (…) esta cuestión de los desalojos es resultado de que se está planeando la ciudad orientada a los extranjeros que van a venir al mundial y esto tiene que ver con el programa general de ordenamiento territorial”, cuestiona.

El activista enfatiza que las políticas impulsadas se han realizado sin consulta a los habitantes de las zonas afectadas, pues se prioriza el turismo y la derrama económica estimada entre 1 mil 800 y 3 mil millones de dólares que estima el Gobierno federal.

Retrasos y falta de planeación en obras de la CDMX

La modernización prometida rumbo al Mundial 2026 continúa entre retrasos, ajustes de último momento y reclamos por exclusión. Para vecinos y comerciantes, las obras no solo carecen de planeación integral, sino que priorizan la imagen internacional sobre las necesidades de quienes habitan y trabajan en la zona.

La Ciudad de México fue designada como una de las sedes del Copa Mundial de la FIFA 2026, lo que detonó una serie de intervenciones urbanas orientadas a mejorar infraestructura, movilidad y espacios públicos en zonas estratégicas del sur de la capital.

Infografía: https://e.infogram.com/96c4e667-aeea-4e17-b997-de9fcd35c308?src=embed

Eduardo Alanís advierte que el principal problema de las intervenciones es la falta de enfoque hacia la población local y los constantes desfases en el calendario.

“Quieren presentar una buena imagen hacia afuera, pero las personas que estamos aquí, comerciantes, trabajadores, trabajadoras sexuales, no importamos”, sostiene.

El activista asegura que, en mesas de diálogo con autoridades, se ha reconocido que los trabajos comenzaron con retraso y sin un diagnóstico social ni ambiental completo.

“Ellos mismos aceptaron que no han tenido las medidas correctas para conocer el sentir de la población local. El problema es que nos están dejando afuera”, acusa, tras referir un encuentro realizado en la colonia San Miguel Insurgentes.

La promesa del estadio

Las controversias no se limitan a la Calzada de Tlalpan. La remodelación del ahora Estadio Banorte —antes Estadio Azteca— inició en 2024 y también ha enfrentado retrasos significativos.

Los retrasos, incluso, obligaron a replantear el megaproyecto “Conjunto Estadio Azteca”, que contemplaba centros comerciales, hoteles, ampliación de estacionamientos y modificaciones urbanas en los alrededores del llamado Coloso de Santa Úrsula. El plan fue retirado tras cuestionamientos por el impacto en habitantes de la zona.

Además, se registraron demoras contractuales que llevaron a priorizar la remodelación interna del estadio para cumplir con las normativas de la FIFA. En su momento, el propietario del recinto, Emilio Azcárraga Jean, reconoció los retrasos, aunque aseguró que el inmueble estará listo para el torneo, aun cuando no quede completamente concluido.

El Estadio Banorte planea reabrir sus puertas el 28 de marzo de 2026 con un juego amistoso entre México y Portugal, el cual será clave para ver las condiciones del coloso que recibirá a la oleada mundialista.

Antecedentes internacionales

La promesa de modernización que acompaña a los grandes eventos deportivos puede tener un alto costo social. Eduardo Alanís, integrante del Bloque AntiGentrificación, advierte que existen antecedentes internacionales donde la organización de copas del Mundo derivó en procesos de gentrificación y desplazamiento forzado de comunidades enteras.

“En Brasil 2014, en Qatar 2022 —donde incluso murieron trabajadores— hubo reordenamientos terribles. En Brasil está documentado cómo intervinieron favelas y también cómo surgió la resistencia de la población local”, señala.

La Copa Mundial de la FIFA 2014 tuvo como sede a Brasil y trajo consigo la expropiación de predios para construir infraestructura que facilitara el acceso a estadios como la Arena Pernambuco, así como nuevas terminales de transporte.

Residentes del municipio de Camaragibe y de zonas aledañas denunciaron haber sido desplazados de sus hogares y recibir compensaciones insuficientes por parte del gobierno.

El caso no fue aislado. En favelas de Río de Janeiro, habitantes acusaron un proceso de “limpieza social” al ser obligados a abandonar sus viviendas para dar paso a obras vinculadas tanto al Mundial como a los Juegos Olímpicos de Río 2016.

En aquel contexto, el entonces alcalde Eduardo Paes defendió las intervenciones como una oportunidad para modernizar la ciudad, pese a las protestas vecinales. De acuerdo con cifras difundidas entonces por organizaciones civiles, alrededor de 19 mil familias fueron desalojadas para permitir la construcción de carreteras, la renovación de estadios y la edificación de la villa olímpica que alojó a los atletas.

El caso más reciente: Qatar 2022

En el caso de Qatar 2022 los alquileres aumentaron hasta un 40 por ciento en los meses previos a la Copa Mundial de igual forma residentes denunciaron haber sido obligados a dejar sus viviendas ya que los edificios fueron catalogados como reservados para la fiebre mundialista.

Alrededor de una decena de edificios donde residían trabajadores temporales extranjeros y que se presume fueron los encargados de la construcción de las obras para la Copa, fueron desalojados a días del evento deportivo. Muchos acusaron que fueron abandonados en las calles y sin previo aviso.

En su momento las autoridades de Qatar descartaron que los desalojos estuvieran relacionados con la Copa del Mundo, sino que estos estaban diseñados “en línea con los planes integrales y a largo plazo en curso para reorganizar áreas de Doha”.

Este fenómeno parece repetirse en todos los países que son sede de la Copa del Mundo y que a la vez perpetúan el fenómeno de la gentrificación de forma acelerada. De acuerdo con Alanís estos eventos son aprovechados por los anfitriones para aumentar significativamente el aumento de rentas.

Información. Reporte Índigo.

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