El régimen iraní enfrenta uno de sus momentos más complicados desde la Revolución con la que se impuso en el poder en 1979. Con una economía debilitada que ha causado inestabilidad interna y presiones desde Washington para acotar el programa nuclear al que han apostado el desarrollo del país, Irán enfrenta una negociación con la Casa Blanca que lo obliga a encontrar equilibrio entre su interés nacional y la posibilidad de una guerra regional.
El pasado 17 de febrero, el ministro del exterior iraní, Abbas Araqchi, encabezó una nueva ronda de negociaciones en la que busca llegar a un acuerdo sobre su programa nuclear. De acuerdo con el diplomático iraní, aunque aún falta mucho para llegar a un entendimiento, el diálogo en Ginebra logró crear una línea base sobre la cual trabajar en lo sucesorio. No obstante, pese a la “nueva ventana de oportunidad” que se abrió con los enviados de la Casa Blanca, el contexto obliga a Irán a poner en la mesa de negociaciones las líneas rojas que no se han dispuesto a ceder.
Si bien para Washington el diálogo está enfocado principalmente en el programa nuclear iraní, el cual la administración presidencial considera la antesala al desarrollo de un arma de destrucción masiva, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha presionado para que Irán discuta otros asuntos que resultan de preocupación para sus aliados de la región.
Para la Casa Blanca, Irán no solo debe aceptar inspecciones a sus instalaciones nucleares o desmantelar sus capacidades de refinamiento, punto que Irán ha rechazado múltiples ocasiones, sino también exige el desmantelamiento de su programa de misiles balísticos, uno de los más sofisticados y con mayores reservas de la región, así como eliminar el inventario de uranio refinado al 60 por ciento, un porcentaje superior al de cualquier aplicación civil pero inferior al requerido para el desarrollo armamentístico.
Las exigencias estadounidenses a Irán
Si bien el gobierno iraní asegura que el diálogo actual debe sostenerse en el “mutuo respeto e intereses”, y se espera que se presente una propuesta escrita por parte del régimen de los ayatolás, la capacidad de negociación del régimen es baja debido a la debilidad que mostró durante los bombardeos del año pasado.
Al respecto, el internacionalista Miguel Rodríguez, académico del Centro de Relaciones Internacionales de la UNAM y especialista en Medio Oriente, menciona que el actual diálogo entre la Casa Blanca y el régimen teocrático se da en un contexto muy similar al que se intentó el año pasado, previo a la Guerra de los 12 Días; sin embargo, es precisamente la proclividad del presidente Trump por usar la fuerza lo que mina la confianza entre ambos países.
“Frente a la debilidad actual del régimen, por los bombardeos del año pasado y por las protestas que terminaron en represión, los ayatolá tienen menos fuerza para negociar con Estados Unidos (…) La relación es de amplia desconfianza, Irán no confía en Estados Unidos porque abandonó el pacto nuclear de 2015 en la primera administración de Trump y además las negociaciones del año pasado terminaron en un ataque; sin embargo, sabe que tiene que negociar porque Estados Unidos tiene una política en la que usa la fuerza para garantizar sus intereses estratégicos y los de sus aliados”, afirma el especialista.
Irán ha señalado su disposición por apaciguar al residente de la Casa Blanca al considerar ciertas concesiones económicas hacia Estados Unidos a cambio del levantamiento de las sanciones económicas que han ahorcado su economía; incluso el subdirector de diplomacia económica criticó el acuerdo nuclear de 2015 y recurrió a la falta de incentivos económicos a corto plazo para Washington como una de las razones de su falla; sin embargo, el presidente Trump parece estar frustrado por la velocidad de las negociaciones y plantea un elemento coercitivo.
¿Qué tan importante es la presencia militar estadounidense cerca de Irán?
Más allá de los avances diplomáticos, el presidente Trump no ha detenido el despliegue de fuerzas militares en la región, al contrario, el mandatario ordenó el traslado del USS Gerald Ford, el portaaviones más avanzado de la flota estadounidense, a aguas cercanas al Golfo Pérsico como medida de presión; se espera que el navío insignia estadounidense llegue a una posición de ataque a mediados de marzo.
Si bien el despliegue de los dos portaaviones y el traslado de material bélico a las bases militares de la región no garantizan un ataque estadounidense, dan al presidente Trump una mayor ventaja en caso de decantarse por la opción bélica.
El almirante Shahram Irani, comandante de la Marina iraní, condenó la presencia “injustificada” de flotas extra regionales y, en respuesta a la amenaza militar, Irán llevó a cabo ejercicios de guerra que buscan preparar a las Fuerzas Armadas para un posible conflicto. El pasado martes, como parte de la preparación, los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) cerraron el Estrecho de Ormuz, el paso que divide el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y por el que se comercia una quinta parte del petróleo del mundo.
El profesor Ramírez apunta que pese a la experiencia en combate de las Fuerzas Armadas iraníes, en especial de los CGRI, la asimetría en la fuerza entre Estados Unidos e Irán podría conllevar acciones que obliguen al país persa a expandir el conflicto a otros frentes y con ello causar más inestabilidad en la región.
“Irán tiene experiencia en combate pero también presenta obsolescencia en gran parte de su aparato militar; en ese sentido, la asimetría es muy grande, aunque el régimen tiene dos ejércitos: las Guardias Revolucionarias, que protege directamente al régimen teocrático, y las Fuerzas Armadas, que es el Ejército Nacional.
En un hipotético ataque estadounidense, Irán podría utilizar misiles balísticos, drones o bloqueos marítimos para tratar de hacer frente a Estados Unidos y presionar a sus aliados regionales árabes para reducir el coste de la guerra; y aunque Estados Unidos puede realizar ataques selectivos contra miembros del poder político iraní, eso podría generar más inestabilidad en una región ya caótica, lo que terminaría por afectar a Estados Unidos”, finaliza el académico.
Información. Reporte Índigo.

