Marco Rubio, encargado de la política exterior estadounidense, reforzó la alianza entre Estados Unidos y la Unión Europea, durante su visita a la Conferencia de Seguridad de Múnich, Alemania.
Como parte de su discurso, Rubio enmarcó a la Unión Americana como la heredera de las tradiciones del viejo continente y como parte de un proyecto civilizatorio en necesidad de rescate. Mientras los líderes europeos resienten la caracterización que se hace a sus naciones, Washington impone su peso detrás de los proyectos políticos más conservadores en Europa.
Desde el inicio del segundo periodo presidencial de Donald Trump, la alianza entre Estados Unidos y las democracias liberales europeas se ha puesto en duda en ambos lados del Atlántico, y la presentación de Rubio en Múnich buscó reafirmar el compromiso de la Casa Blanca con mantener esa alianza.
El principal diplomático estadounidense trazó una línea retórica que conecta las exploraciones atlánticas europeas del siglo XV con la fundación de Estados Unidos y las ideas democráticas de su independencia con la filosofía política del viejo continente; sin embargo, las palabras del cubano-estadounidense en defensa del imperialismo europeo y su posicionamiento como un acto civilizatorio, resuenan con los argumentos postulados por la extrema derecha estadounidense.
La presencia en la Casa Blanca de personajes relacionados con estos movimientos, como el asesor de Seguridad Nacional Stephen Miller, o el secretario de Defensa, Pete Hegseth, elevaron estos discursos a posiciones oficiales en las que ahora el Departamento de Estado advierte a Europa sobre los peligros de un “borrado civilizatorio”.
Las advertencias estadounidenses a Europa
La retórica de una agenda multicultural que amenaza con destruir las tradiciones culturales anglosajonas y la religión cristiana es un punto común en foros supremacistas blancos y etnonacionalistas cristianos dentro de Estados Unidos; en ese contexto, el discurso de Rubio fue festejado por comentaristas políticos abiertamente extremistas, como Matt Walsh.
En opinión del doctor Gustavo Ramírez Paredes, internacionalista y profesor de Relaciones Internacionales la Escuela Superior de Comercio Administración Tepepan del IPN y especialista en Norteamérica, el reconocimiento de Rubio sobre la huella histórica de Europa en Estados Unidos funciona como un punto de partida para el discurso imperialista estadounidense y recuerda a argumentos que hacen eco de otros momentos históricos.
“Rubio reconoce que Estados Unidos y Europa están conectados cultural y económicamente, pero su idea de que es la más grande civilización de la historia es una postura que puede ser peligrosa en términos de sus elementos supremacistas, tanto raciales como culturales. Elementos que vemos regresar con Donald Trump a Estados Unidos y que fueron muy peligrosas para la humanidad en otros momentos, por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial. Es preocupante porque vemos que el gobierno de Estados Unidos simpatiza con posturas no de derecha sino de extrema derecha”, dice el especialista.
Si bien, a diferencia de los comentaristas de extrema derecha, el secretario de Estado articuló los peligros a la “civilización occidental” en términos de políticas públicas concretas, las cuales han caracterizado a Europa en las últimas décadas, como la desindustrialización, el apoyo a entidades supranacionales, la permeabilidad fronteriza y la falta de inversión en defensa, la respuesta de los líderes europeos fue señalar que esas amenazas civilizatorias son políticas pensadas en la fortaleza colectiva del modelo europeo.
La estrategia de global de apoyo a la derecha internacional
Conscientes de que las críticas a la integración europea son defendidas como fortalezas por los líderes del viejo continente, los encargados de la política exterior bajo la administración Trump han buscado nuevos alianzas ideológicas con líderes en gobiernos conservadores y opositores políticos cuyos extremismos se mantienen en la minoría pero han encontrado popularidad en parlamentos y otros mecanismos de representación.
Tras su participación en Múnich, Marco Rubio viajó a Eslovaquia para reunirse con el presidente Peter Pellegrini y el primer ministro Robert Fico, quien caracteriza a la Unión Europea como un aparato burocrático corrupto que enfrenta “una gran crisis”.
El secretario de Estado continuó su gira por Hungría, donde las elecciones programadas para abril tienen al primer ministro, Viktor Orban, en un margen muy estrecho para perder el poder; el gobernante húngaro es popular con la derecha estadounidense por su defensa al cristianismo y sus medidas anti inmigración y ha sabido utilizar su cercanía ideológica con el presidente Trump para impulsar su imagen dentro de su país.
La búsqueda de “aliados civilizatorios en Europa”, como los denomina un artículo publicado por el Departamento de Estado en los primeros meses de la actual administración, se suma a las críticas que el Departamento de Estado hizo hacia políticas europeas que regulan el discurso de odio en redes sociales, o las condenas a las acciones emprendidas por el gobierno alemán contra grupos extremistas y apologistas nazis dentro de partidos políticos alemanes. De acuerdo con Washington, estas acciones son resultado de políticas restrictivas, síntoma de un declive europeo.
El doctor Ramírez Paredes apunta que, aunque Europa no es la prioridad de política exterior para Estados Unidos, la defensa del orden internacional basado en reglas hechas desde Europa es motivo del apoyo a movimientos extremistas en el viejo continente y en otras latitudes, como parte de una estrategia surgida de la mente de Steve Bannon, arquitecto político de la primera administración Trump.
“Es una estrategia que data desde el primer gobierno Trump, a través de uno de sus asesores más importantes, Steve Bannon, quien empezó a hacer avanzar posturas políticas cercanas a la extrema derecha en Europa, tanto en organizaciones como en minorías parlamentarias. Si bien aún son minoritarios, han crecido y en los últimos años ha habido una notoria simpatía hacia estos movimientos de personajes muy influyentes como Elon Musk o el vicepresidente J.D. Vance (…) Es una estrategia diplomática para tratar de hacer avanzar las posturas neoconservadoras o de derecha radical que está teniendo resultados positivos”, finaliza el académico.
Información. Reporte Índigo.

