El consumo de drogas en menores de edad ha ido en aumento en Salamanca, aunque no lo reflejen cifras oficiales, debido a que padres de familia se niegan a reconocer que sus hijos se encuentran en esta situación hasta que el problema es grave. Así lo señaló Mónica Díaz Hidalgo, psicóloga especialista en adicciones, quien advirtió que la violencia que se vive no solo en Salamanca se va “apoderando” de la juventud, por lo que se requiere del apoyo de la familia para contrarrestar este problema desde el hogar.
De acuerdo con datos de organizaciones de salud como los Centros de Integración Juvenil (CIJ) y estudios locales sobre consumo de sustancias en Salamanca y el estado de Guanajuato, las drogas más consumidas —incluidas sustancias legales e ilegales— son el alcohol, el tabaco, la marihuana (cannabis), las metanfetaminas (cristal) y la cocaína.
En Guanajuato, alrededor del 43 por ciento de quienes comienzan a consumir drogas lo hacen entre los 10 y los 14 años de edad, cifra que, de acuerdo con especialistas, va en aumento.
A pesar de las estrategias implementadas por instancias gubernamentales y otras instituciones para la prevención de adicciones, los casos que se viven y se atienden muestran un panorama por demás preocupante.
Mónica Díaz trabaja con jóvenes que intentan salir del mundo de las drogas, situación que no es sencilla cuando la adicción es avanzada, y aún más cuando el consumo inició a temprana edad.
“Existen estadísticas derivadas de estudios y programas de atención o prevención; sin embargo, siendo realistas, estas cifras podrían estar muy por debajo de la realidad. La realidad es la que palpamos en las calles, con nuestros vecinos, en nuestro propio hogar, con los compañeros de nuestros hijos; esas son las cifras reales, que van en aumento junto con la violencia que se enfrenta, no solo en el municipio. Es una situación que va ganando terreno y preocupa”, expresó.
Destacó que la mayoría de los casos no se atienden debido a la negativa de padres de familia para reconocer que existe un problema con alguno de sus hijos, y cuando se busca atención, el proceso es más complicado. “En parte, esto ocurre porque padres y madres trabajamos y solo vemos a nuestros hijos por las mañanas y al regresar por las tardes o noches; muchas veces no preguntamos cómo les fue en su día a día, no sabemos quiénes son sus amigos ni qué les interesa, y cuando detectamos algo raro o sospechoso lo minimizamos. Confiamos en nuestros hijos, pero desconocemos los riesgos que existen a su alrededor”, explicó.
Indicó que actualmente atiende pacientes de entre 12 y 18 años de edad, atención que se complementa con otros tratamientos de rehabilitación ofrecidos por distintas instancias; sin embargo, no es una tarea sencilla, ya que al menos siete de cada 10 pacientes no continúan con las sesiones.
“Es un tema muy complicado y que, desafortunadamente, cada vez absorbe a más niños y jóvenes. Desde casa hay mucho por hacer; los padres deben saber qué tan valioso es acercarse a sus hijos para evitar que caigan en el mundo de las adicciones y pongan en riesgo su vida, no solo en términos de salud. Si no se trabaja desde el hogar, el problema continuará avanzando y será más difícil erradicarlo”, concluyó.
Información. Periódico Correo.

