Estados Unidos se prepara para dar un giro significativo en su política exterior al retirarse de decenas de organismos internacionales, entre ellos la agencia de población de las Naciones Unidas y el tratado que articula las negociaciones multilaterales sobre el clima. La decisión profundiza el distanciamiento de Washington respecto a los esquemas de cooperación global.
El presidente Donald Trump firmó el miércoles una orden ejecutiva mediante la cual se suspende el respaldo estadounidense a 66 organizaciones, agencias y comisiones internacionales, de acuerdo con un funcionario del gobierno que habló bajo condición de anonimato debido a que la resolución aún no había sido presentada de manera oficial.
Entre las entidades afectadas predominan organismos vinculados a la Organización de las Naciones Unidas, así como comisiones y paneles consultivos relacionados con temas como el clima, el trabajo y diversas agendas que la actual administración ha catalogado como promotoras de políticas de diversidad o iniciativas consideradas “woke”.
«La administración Trump ha encontrado que estas instituciones son redundantes en su alcance, mal gestionadas, innecesarias, derrochadoras, mal administradas, capturadas por los intereses de actores que impulsan sus propias agendas contrarias a las nuestras, o una amenaza para la soberanía, libertades y prosperidad general de nuestra nación», señaló el Departamento de Estado en un comunicado.
El anuncio se da en un contexto de creciente tensión internacional, marcado por operaciones militares y advertencias diplomáticas que han generado inquietud tanto entre aliados como entre adversarios de Estados Unidos. Entre los episodios más recientes se encuentran la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y la declarada intención de Washington de tomar control de Groenlandia.
No es la primera vez que la administración Trump retira su respaldo a instancias multilaterales. Previamente, Estados Unidos suspendió su participación y financiamiento en organismos como la Organización Mundial de la Salud, el Organismo de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y la UNESCO. Esta postura responde a una estrategia más selectiva en el pago de cuotas, mediante la cual el gobierno decide qué agencias se alinean con su agenda política y cuáles considera prescindibles.
Este enfoque representa una ruptura con la política exterior tradicional de administraciones anteriores, tanto republicanas como demócratas, que históricamente mantuvieron una relación más constante con la ONU. La nueva dinámica ha obligado al organismo internacional, que ya atraviesa un proceso de reorganización interna, a implementar recortes de personal y programas.
El impacto también se ha extendido a organizaciones no gubernamentales independientes, incluidas varias que colaboran con Naciones Unidas. Muchas de ellas han reportado el cierre de proyectos tras la decisión del año pasado de reducir la asistencia exterior canalizada a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
Uno de los movimientos más relevantes es la salida de Estados Unidos de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC), lo que refuerza la estrategia de la administración Trump de alejarse de los esfuerzos internacionales enfocados en el combate al calentamiento global. Este tratado, firmado en 1992 por 198 países, sirve como base del Acuerdo de París, considerado un hito en la cooperación climática mundial. Trump, quien ha calificado el cambio climático como un engaño, se retiró de dicho acuerdo poco después de asumir la presidencia.
La comunidad científica ha advertido que el cambio climático está directamente relacionado con el incremento de fenómenos meteorológicos extremos, como inundaciones, sequías, incendios forestales, lluvias intensas y olas de calor peligrosas.Play Video
La salida de Estados Unidos de estos compromisos podría frenar los avances globales para reducir las emisiones contaminantes. «da a otras naciones la excusa para retrasar sus propias acciones y compromisos», afirmó Rob Jackson, climatólogo de la Universidad de Stanford y presidente del Proyecto Global de Carbono, un grupo de científicos que monitorea las emisiones de dióxido de carbono a nivel mundial.
Especialistas coinciden en que alcanzar progresos significativos frente al cambio climático será especialmente complicado sin la participación de Estados Unidos, uno de los mayores emisores de gases de efecto invernadero del planeta, cuya cooperación resulta clave en cualquier estrategia global para enfrentar la crisis ambiental.
Información. Reporte Índigo.

