Ante el incremento de los precios de los fertilizantes inorgánicos para el campo, la Agroecología surge como una alternativa viable para los agricultores de la región Laja-Bajío, al promover el uso de fertilizantes orgánicos como una estrategia para reducir costos sin eliminar por completo los insumos químicos, sino incorporarlos como parte de un proceso de transición gradual y de manera más eficiente.
El ingeniero Agroecológico del TecNM en Roque, César Aguilar Pérez, compartió con El Sol del Bajío, cómo surgieron los fertilizantes inorgánicos en el país, lo que permitió incrementar de manera significativa los rendimientos agrícolas, y dejando en segundo plano los fertilizantes orgánicos.
“El uso de fertilizantes inorgánicos en México se remonta a la década de los años 60, cuando llegaron al país como parte de la Revolución Verde; sintetizados a partir de combustibles fósiles como el petróleo y el gas natural”, explicó.
Estos fertilizantes inorgánicos aportan nutrientes esenciales para las plantas, principalmente nitrógeno, fósforo y potasio, indispensables para la producción agrícola. Sin embargo, el especialista señala que su uso excesivo ha generado impactos negativos tanto económicos como ambientales.
Los fertilizantes naturales son mucho más baratos; incluso algunos no tienen costo, como el estiércol, que se puede aprovechar de la producción pecuaria, aunque su aplicación requiere mayor trabajo y tiempo, César Aguilar Pérez.
En cultivos como el maíz, los fertilizantes representan hasta el 30% del costo total de producción por hectárea, lo que afecta directamente la rentabilidad de los productores.
Frente a esto, la agroecología propone retomar prácticas como: el uso de estiércol, compostas y lombricomposta, que son más accesibles y contribuyen a mejorar la calidad del suelo. Pero a su vez esto puede llegar a implicar impunidad mayor esfuerzo y trabajo.
“Los fertilizantes naturales son mucho más baratos; incluso algunos no tienen costo, como el estiércol, que se puede aprovechar de la producción pecuaria, aunque su aplicación requiere mayor trabajo y tiempo”, explica.
Transición ecológica
Aguilar Pérez aclara que la agroecología no busca eliminar de manera inmediata los fertilizantes inorgánicos, sino reducir su dependencia mediante un proceso gradual que va generando una transición.
Nos falta, como agricultores, esa cultura del estudio del suelo, es como una persona tiene que saber que tiene para darle lo que necesitas, pasa lo mismo con el campo, entonces tenemos que tener esa cultura de estudio de suelo, Aguilar Pérez
“No podemos quitar un fertilizante y poner otro de golpe; se trata de una transición agroecológica, un cambio paulatino que permita mantener la producción sin llevar al productor a la quiebra”, indicó.
Además del impacto económico, el uso indiscriminado de fertilizantes químicos provoca problemas ambientales como la contaminación de cuerpos de agua por eutrofización, el desgaste del suelo y la pérdida de su fertilidad a largo plazo.
Por ello, el especialista enfatiza la importancia de realizar análisis de suelo para aplicar únicamente los nutrientes necesarios y combinar fertilizantes inorgánicos con enmiendas orgánicas que mejoran la estructura y salud del suelo.
“Nos falta, como agricultores, esa cultura del estudio del suelo, es como una persona tiene que saber que tiene para darle lo que necesitas, pasa lo mismo con el campo, entonces tenemos que tener esa cultura de estudio de suelo”, señaló.
En este contexto, la agricultura busca impulsar mejores prácticas agrícolas, en las cuales, se pueden reducir costos de producción y fomentar una transición hacia sistemas más sustentables, sin dejar de lado los fertilizantes inorgánicos, que son parte de la producción.
Concluye que la agroecología no es una solución inmediata, sino una estrategia de largo plazo que busca equilibrar la productividad con el cuidado del suelo, está en generar un cambio cultural, donde producir hoy no signifique comprometer la capacidad de la tierra para alimentar a las próximas generaciones.
Información. El Sol del Bajío.

