Jóvenes de entre 15 y 19 años de edad se enfrentan a un panorama complicado para dejar atrás la pobreza y acceder a la movilidad social. Padecen exclusión y precariedad laboral, así como rezago educativo, desventajas que les impiden ejercer sus derechos a la educación, el trabajo, la salud y una vida digna.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la pobreza es mayor en este grupo de edad (30 por ciento), en comparación con personas adultas de entre 30 y 64 años, que suman 26 por ciento.
La falta de recursos y posibilidades es aún mayor entre las mujeres jóvenes, grupo que registra el 32 por ciento.
De acuerdo con la Alianza de Jóvenes con Trabajo Digno, estas condiciones requieren acciones inmediatas, tanto en el ámbito laboral, como educativo, para lograr que millones de jóvenes con potencial para contribuir al desarrollo del país.
La pobreza y el rezago educativo frenan su acceso a un trabajo digno
Esteban Álvarez, coordinador de la Alianza de Jóvenes con Trabajo Digno, menciona que hay una correlación entre crecer y mantenerse en pobreza durante la juventud y las condiciones que este grupo enfrentará durante la adultez, incluso si es que forman una familia.
Es por ello que la Alianza que encabeza busca opciones de inclusión en el estudio y trabajo, en condiciones dignas, para la población joven.
«La Alianza Jóvenes con Trabajo Digno somos una red multisectorial conformada por más de 80 organizaciones, principalmente organizaciones que trabajan con jóvenes y que desarrollan sus habilidades, ya sean técnicas o socioemocionales. Desde hace ya más de seis años trabajamos en el estudio de cuántos jóvenes hay fuera de la escuela y el trabajo, cuántos jóvenes están en trabajos precarios y cuántos jóvenes son estudiantes de bachillerato con hasta 12 años de escolaridad como bachillerato, que están en situación de pobreza.
“Y a lo largo de este tiempo hacemos un conteo anual. Justo la semana pasada presentamos estos datos que revelan que una gran cantidad de jóvenes en México están en exclusión, es decir, fuera de la escuela y el trabajo o en labores precarias, es decir, aquel trabajo cuyo ingreso no es suficiente para adquirir dos canastas básicas. También se toma en cuenta a quienes no tienen seguridad social por parte de su empleo”, explica.
De acuerdo con Álvarez, el análisis de estos datos les permite medir la situación y proponer acciones en torno a este tema, como flexibilidad educativa para aquellas personas jóvenes que ya se encuentran trabajando.
«Es aquí donde vemos que millones de personas jóvenes, se encuentran en términos de exclusión, pues son 4.8 millones de jóvenes los que están fuera de la escuela y del trabajo. La gran mayoría de las mujeres, son personas que están realizando labores de cuidado o labores domésticas sin remuneración.
“Así también es como nosotros hemos llegado a ver cuál es la situación de los los jóvenes en términos educativos, que es preocupante y alarmante, por lo que hemos hecho propuestas a las autoridades, ya sea a nivel federal o estatal, para reconfigurar y reconstruir los sistemas educativos, para que sean flexibles y ofrezcan oportunidades tanto para los jóvenes que están escolarizados, lo que nos obliga a revisar los programas, los currículums, en el nuevo marco curricular, por ejemplo; y por otro lado también ver las opciones educativas que existen para las personas eh que no están en escuela y que están justamente en estos trabajos precarios, donde se necesitan modalidades flexibles e impulsar esquemas que puedan asegurarles empleo o una certificación de sus competencias, de sus habilidades en los lugares de trabajo y que esas competencias y habilidades sean transferibles y tengan un valor curricular”, comenta.
Aunque el INEGI registró una reducción en la pobreza, el rezago educativo subió del 19 al 27 por ciento en las personas jóvenes (15-29), lo que pasó de 5.6 millones en 2016 a 8.2 millones en 2024.
De acuerdo con la Alianza, esto genera una secuela para el resto de su vida, pues crea barreras de acceso al trabajo digno. El 85 por ciento de los jóvenes que se encuentra fuera del trabajo y de centros laborales, y el 79 por ciento de quienes cuentan con un trabajo precario, están integrados por jóvenes con rezago educativo que carecen de estudios universitarios.
“En México, hay 30.5 millones de personas jóvenes, de ellas casi la mitad, 14.4 millones son jóvenes sin oportunidad: 4.8 millones están fuera de la escuela y sin trabajo; 6.9 millones ya no estudian y tienen trabajo precario y 2.6 millones aún están en la escuela y viven en pobreza. En todos los casos son jóvenes con rezago educativo o sin estudios universitarios”, explicó Esteban Álvarez.
Otro problema que acusa Álvarez es que, a pesar de que la tendencia mundial es el aumento de niveles escolares entre los jóvenes, esto no se traduce en una mayor movilidad social.
“Este es un tema complejo, porque lo que hemos visto en los últimos años es que han ido aumentando en promedio los años de escolaridad de las personas jóvenes, esto es un fenómeno no solo en México, o una situación no solo en México, sino a nivel regional y global. Y aunque los años de escolaridad han aumentado, la movilidad social de los jóvenes se ha mantenido más o menos igual que en años o periodos anteriores.
“Han ido aumentando en los últimos 30 años en promedio los años de escolaridad. Todavía hay zonas, por supuesto, estados en el país que tienen mayor rezago educativo, lo que tiende a estar correlacionado a donde hay mayor índice de pobreza. Pero, por ejemplo, en la Ciudad de México, donde hay unos años más de promedio de escolaridad, todavía vemos que la movilidad social no es una realidad para millones de personas”, aseveró.
Es por ello que Álvarez y las demás organizaciones de la Alianza buscan impulsar el acceso a la educación y el empleo digno, a través de acciones como potenciar la educación técnica de nivel medio superior, lo que puede conectar con metas del Plan México y el Plan Integral para el Sistema Nacional de Bachillerato de la Nueva Escuela Mexicana.
También buscan impulsar el sistema de cuidados que permita la inclusión económica de mujeres jóvenes e innovar en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, para que brinde capacitación efectiva, con habilidades técnicas y socioemocionales y se les vincule a ofertas de trabajo para su inserción laboral.
Información. Reporte Índigo.

