En el corazón de Irapuato, un espacio artístico y espiritual se ha consolidado como uno de los referentes culturales más singulares del Bajío: el Museo Pacha Moma, un recinto dedicado a las diversas expresiones del arte que, desde hace seis años, impulsa la expansión de la conciencia a través de la creatividad, la espiritualidad y la conexión con las raíces.
El museo fue fundado por Fer Barba y su esposa, Nayeli Cuéllar, quienes desde el inicio soñaron con crear un espacio donde el arte fuera un vehículo de transformación y encuentro.
“El objetivo principal de la fundación —explica Fer Barba, cofundador del recinto— es la expansión de la conciencia a través de distintas expresiones artísticas. El Museo Pacha Moma es un espacio que alberga esas manifestaciones que nos conectan con nuestras raíces y nuestra esencia, y que nos permiten expandir la conciencia individual y colectiva”, comparte.
El proyecto ha crecido gracias a la colaboración de más de 220 artistas de 25 países, quienes han donado el 95% de las obras que conforman su acervo.
“Nuestro lema es que la colección está hecha por todos y para todos”, dice Barba. “Cada pieza que llega aquí pasa por un proceso de evaluación dentro de la fundación, y una vez que entra, no se vende. Si el artista lo desea, puede recuperarla, pero lo importante es mantener la obra viva, compartida y al servicio del público”.
Mantener un espacio así en Irapuato no ha sido tarea fácil. El museo ha tenido que cerrar y reinventarse en distintas etapas, pero siempre ha logrado resurgir con más fuerza.
“El mercado cultural aquí es muy selectivo, más que complicado”, reconoce Barba. “Además, la gente no siempre se acerca a las actividades culturales. Pero poco a poco, con amor, energía y mucho esfuerzo, hemos logrado que el museo se vuelva parte del paisaje cultural de la ciudad”.
Ubicado en la zona centro, en la calle Tres Guerras, el Museo Pacha Moma ofrece salas de arte contemporáneo, indígena y visionario, además de un área de exhibiciones temporales que constantemente presenta nuevas propuestas. También cuenta con una sala de arte con luz ultravioleta, donde las obras brillan en la oscuridad; una cafetería temática, una sala de juegos y más de 16 murales creados por artistas nacionales e internacionales.
“El Pacha Moma es un museo familiar, saludable, sin venta de alcohol ni consumo de sustancias”, enfatiza su fundador. “Nuestro público principal son los jóvenes adultos, quizá porque el arte que tenemos es muy mágico, no tan convencional. Aquí encuentran un espacio seguro, pacífico y diferente”.
El camino, admite Barba, no ha sido lineal. “Este proyecto renace cada cierto tiempo. Hemos tenido etapas en las que el museo ha tenido que cerrar, reestructurarse y volver a abrir. Pero la gente siempre pregunta: ‘¿Cuándo regresa el Pacha Moma?’. Eso nos motiva muchísimo. Cada reapertura es un nuevo comienzo, una nueva forma de compartir el arte y la conciencia”.
Hoy, el esfuerzo ha rendido frutos. Si alguien busca en internet “qué hacer en Irapuato”, el Museo Pacha Moma aparece como el primer resultado, consolidándose como un referente cultural y turístico.
“Nos llena de orgullo saber que se ha convertido en un lugar emblemático”, comenta Barba. “Pero más allá del reconocimiento, lo que realmente nos mueve es ver que hay personas que salen de aquí con otra mirada, con otra energía. El Pacha Moma es amor, arte y conciencia”.
Información. Periódico Correo.

