En la memoria de esta ciudad hay un capítulo que transformó para siempre su vida social y laboral en Irapuato: la llegada de la Cigarrera El Águila, que desde principios del siglo XX hizo que muchas mujeres dejaran el hogar para incorporarse a la fuerza productiva. A esas trabajadoras se las conoció como las fabriqueñas del Bajío.
“No se puede afirmar con certeza si Irapuato fue el primer municipio de Guanajuato —o incluso del Bajío— en tener a la mujer como fuerza laboral primordial; sería necesario investigar qué ocurría en otros centros industriales importantes como León o Celaya. Lo que sí es claro es que, para Irapuato, fue una verdadera novedad que desde principios del siglo XX las mujeres empezaran a salir de sus hogares para incorporarse al trabajo fabril”, explicó el historiador del Archivo Histórico Municipal Franco Segoviano.
Antes de la industrialización, en Irapuato existían más de una decena de pequeños talleres artesanales donde las mujeres ya participaban en el proceso de enrollado de cigarros. El panorama cambió en la década de 1920 con la llegada de la British American Tobacco Company, que absorbió a las cigarreras locales, compró marcas como Faros y levantó la gran fábrica de El Águila, con edificios diseñados especialmente para la producción industrial.
“Esta empresa (El Águila) continuó contratando a numerosas mujeres de Irapuato, consolidando su papel como pilar en la economía local y marcando un parteaguas en la historia laboral y social del municipio”, señaló Segoviano.
La historia de estas trabajadoras y su impacto en la sociedad está documentada en el libro Las Fabriqueñas del Bajío, de María García Acosta, que recupera testimonios de las mujeres que hicieron de la fábrica un símbolo de independencia y resistencia, ahí se cuentan relatos como el de Doña María —que inició como torcedora y llegó a maquinista— y dan rostro a las fabriqueñas que encontraron en la fábrica no solo un salario, sino la posibilidad de sostener a sus familias. Aunque el empleo significó independencia, también trajo consigo largas jornadas, bajos salarios y tensiones laborales que en los años setenta derivaron en huelgas y demandas de mejores condiciones.
Estas presiones, según especialistas, influyeron en la decisión de la empresa de trasladar su producción a San Luis Potosí.
Es importante mencionar que, la fábrica de cigarros El Águila se consolidó como una de las principales industrias del estado de Guanajuato desde los años treinta, con maquinaria moderna y fuerte impacto económico local y estatal. En 1937, su recaudación fiscal mensual superaba los 366 mil pesos, y movilizaba grandes volúmenes de mercancías por ferrocarril.
Durante los años cuarenta vivió un auge productivo, con incremento de turnos y estrictas condiciones laborales, aunque las mujeres participaron en los dos primeros turnos, fueron excluidas del tercero.
Hoy, la memoria de la Cigarrera El Águila permanece como un símbolo de resistencia femenina y del cambio cultural que permitió a cientos de mujeres del Bajío romper prejuicios y abrirse paso en el mundo laboral.
Información. Periódico Correo.

