La prohibición para que la artista Natalia Barajas exhibiera en el Congreso local dos pinturas con semidesnudos de mujeres no fue un acto de censura, tampoco representa un tabú, sino que se busca cuidar que todas las personas que visitan el Palacio Legislativo, incluidos menores de edad, vivan la misma experiencia al recorrer las exposiciones que se presentan.
Así lo aseguró el secretario general del Congreso, Javier Torres Mereles, al ser cuestionado sobre la denuncia pública que hizo la artista leonesa porque el Legislativo no le permitió presentar dos pinturas con las que pretendía rendir homenaje a las mujeres indígenas, al tratarse de obras con semidesnudos.
En entrevista, Torres Mereles señaló que antes de firmar el convenio de colaboración con la artista se le informó que no podría exhibir sus dos pinturas y ella aceptó.
El secretario general del Congreso dijo que si la artista hubiera manifestado su inconformidad con la decisión del Congreso de no exhibir dos de sus pinturas, se habría tomado la decisión de no presentar ninguna de sus pinturas, pero que al aceptar dejar fuera de la colección la representación de las diosas indígenas fue que se concretó la colaboración.
Cuestionado sobre quiénes toman la decisión de que sí exhibir y qué no dentro del Palacio Legislativo, se limitó a decir que el tema está a cargo del Centro Cultural, sin dar a conocer nombres o perfiles de las personas que toman las decisiones.
La polémica de la censura tomó mayor relevancia porque en el mismo Palacio Legislativo se exhibe un cuadro con bolsas negras de plástico rasgadas y una torre de unos ocho ladrillos, obras que para el Congreso sí representan una expresión artística, pero no pueden presentarse pinturas con semidesnudos de mujeres.
Información. Carmen Pizano.
Foto. El Sol del México.

