Templo del Hospitalito: herencia tarasca en piedra en Irapuato.

Mucho antes de que Irapuato se convirtiera en ciudad, ya había vida, cultura y fe en estas tierras.Fue el pueblo tarasco quien, con sus propias manos, construyó lo que hoy conocemos como el Templo del Hospitalito, una obra que no solo refleja su espiritualidad, sino también su talento como artesanos y constructores.

Este recinto religioso, que empezó siendo una pequeña capilla en el siglo XVII, fue una de las primeras construcciones importantes de la zona. Para 1610, ya figuraba como uno de los cuatro templos fundacionales de Irapuato y aunque su aspecto era modesto en ese entonces, fue durante el siglo XVIII cuando cobró forma como la joya barroca que es hoy.

La transformación más notable llegó en 1733, cuando Crispín Lorenzo, un indígena tarasco, se encargó de tallar la fachada actual. Cada detalle de esa piedra habla del conocimiento artístico heredado de su cultura, fusionado con las influencias del barroco que trajeron los españoles. El resultado: una obra única que ha perdurado por siglos.

El templo originalmente fue dedicado a Nuestra Señora de la Misericordia, pero con el tiempo la gente comenzó a llamarlo “Hospitalito”. Esto se debe a la visión del obispo Vasco de Quiroga, quien al llegar a la Nueva España impulsó la creación de templos-hospitales: espacios religiosos que también ofrecían ayuda a los enfermos y necesitados. Así, la fe y la solidaridad se vivían bajo un mismo techo.

Curiosamente, en 1916 el templo estuvo en riesgo. El Ayuntamiento de entonces pidió al presidente Venustiano Carranza autorización para demolerlo. No se sabe si hubo respuesta, pero lo cierto es que el Hospitalito sobrevivió.

Hoy, este templo no es solo un espacio de oración. Es el testimonio silencioso de una cultura indígena que dejó huella profunda en la historia de Irapuato, y de un pueblo que, contra todo pronóstico, sigue defendiendo su memoria.

Información. Periódico Correo.

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