El sonido de los caracoles y el aroma del copal anunciaron la apertura del XXXVI Festival Cultural de la Toltequidad en Mineral de Pozos, San Luis de la Paz, donde cientos de personas se congregaron para rendir homenaje a la sabiduría ancestral de los pueblos originarios. Bajo un cielo azul profundo, el corazón del antiguo pueblo minero volvió a latir al ritmo de tambores, cantos y danzas ceremoniales que recordaron que el pasado sigue vivo.
A lo largo de las calles empedradas y plazas del lugar, comenzaron a desplegarse actividades que combinan lo ritual con lo artístico. Talleres de herbolaria, conferencias sobre cosmovisión indígena, música tradicional y exposiciones artesanales ofrecieron a los asistentes una experiencia profunda, no solo de disfrute cultural, sino de reflexión y conexión con la identidad colectiva.
Este año, la presencia de artesanos y artistas provenientes de otras regiones del país aportó nuevas miradas y conocimientos al encuentro. Para muchos de ellos, fue la primera vez participando en el festival, y su entusiasmo fue palpable. “Venimos a compartir lo que aprendimos de nuestros abuelos, pero también a aprender de quienes han mantenido viva esta celebración por décadas”, expresó uno de los talleristas venidos del sur de Veracruz.
El Gobierno Municipal de San Luis de la Paz estuvo presente durante la inauguración, subrayando la importancia del festival como un acto de resistencia cultural y espiritual. No se trató solo de un evento turístico o recreativo, sino de una ceremonia extendida que buscó recordar lo esencial: la raíz común que une a los pueblos y la urgencia de no perderla en la prisa del presente.
La Toltequidad no solo celebra la herencia indígena, la protege, la revive y la transmite, año con año, como un fuego encendido que pasa de mano en mano.
Información. El Sol del Bajío.

