La posición de Estados Unidos en las tensiones entre Israel e Irán se refleja dividida.
Si bien Washington respalda a Israel en su conflicto con Gaza, al sur del país, la operación León Ascendiente que el gobierno israelí aplicó contra Irán, al norte, alejó el respaldo estadounidense.
En un comunicado, Marco Rubio secretario de Estado Unidos, deslindó a su país del ataque con más de 200 misiles a instalaciones de reserva de uranio en Irán, dejando a Israel por su lado.
El mensaje de Rubio tuvo un objetivo: que Irán se enterara que Washington no buscaba atacarlo. De haberlo hecho, se iría para abajo su intención de mejorar sus acercamiento, entre otras cosas, para asegurar que el desarrollo nuclear iraní no se continúe.
El programa nuclear iraní es considerado por Estados Unidos y el resto de Occidente, incluido Israel, como la principal amenaza a la estabilidad regional. Si para Jerusalém la posibilidad de un arma nuclear iraní es un peligro existencial, para Washington abre la puerta a la proliferación de esta tecnología en Medio Oriente y, por lo tanto, un riesgo para sus intereses en la zona.
De acuerdo con el presidente de Trump, quien presume conocimiento previo de los ataques israelíes, la apertura de su administración a las negociaciones con el régimen de los Ayatolá era una manera de contener la presión de su aliado por una resolución militar a la cuestión.
“Le di a Irán oportunidad tras oportunidad de hacer un trato (…) Ya ha habido gran muerte y destrucción, pero aún hay tiempo para que esta carnicería, que será aún más brutal con los siguientes ataques que se tiene planeados, se detenga. Irán debe hacer un trato antes de que no haya nada”, escribió el presidente Trump la mañana del viernes, una vez lanzado el programa israelí a Irán.
Negociaciones fallidas de Trump
Durante los meses de negociaciones fallidas entre Washington y Teherán, la postura de ambos poco se movió de sus ofertas de origen.
Mientras que para Estados Unidos era necesario que Irán abandonara cualquier refinamiento de material nuclear, trasladara sus depósitos de uranio enriquecido fuera del país y desmantelara su programa de misiles balísticos, para el régimen de los ayatolá todas estas demandas estaban fuera de cualquier proporción.
Autoridades iraníes, que van desde el líder supremo, Alí Khameneí, al ministro del Exterior Abbas Araqchi, han manifestado que para Irán la capacidad de generar su propio material nuclear era vital para el programa nuclear que, aseguran, es totalmente civil. Debido a esto, la propuesta estadounidense de proveer el material nuclear enriquecido al cinco por ciento, necesario para sus reactores, había sido rechazada en las primeras cinco rondas de negociaciones.
Por la mañana del 12 de junio, día que comenzó la operación israelí, el régimen de los ayatolá anunciaba que aumentarían la capacidad de su programa de enriquecimiento como respuesta a la exigencia del Organismo Internacional de Energía Atómica de divulgar la presencia de material radiactivo y cumplir con las revisiones pactadas.
En contraste con las intenciones iraníes, la segunda ronda de la operación León Ascendiente destruyó las capacidades de refinamiento terrestres de la planta de Natanz; pilar en el programa nuclear y uno de las instalaciones más contenciosas en las negociaciones. Pese a los reportes, aún no se tiene confirmación de daños en las instalaciones subterráneas donde se refina uranio al 60 por ciento.
Múltiples polos diplomáticos
Bajo ese panorama, el presidente Trump mantiene sus intenciones de negociar con Irán, y el enviado de la Casa Blanca, Steve Witkoff, se encuentra en Omán para una nueva ronda de negociaciones marcada no solo por los fracasos diplomáticos recientes sino también por la escalada de Israel y el apoyo brindado por Estados Unidos.
Poco antes del segundo ataque, el régimen informó a la embajadora suiza, representante de los intereses estadounidenses en el país, que Irán responsabilizaba a Estados Unidos por las acciones israelíes que consideró no pudieron llevarse a cabo sin la colaboración de Washington.
Pese a las advertencias, recursos estadounidenses fueron movilizados y utilizados en la defensa del contraataque iraní y la coordinación entre Estados Unidos e Israel continúa con constantes llamadas telefónicas de sus mandatarios.
Aunque el presidente Trump niega su preocupación porque el enfrentamiento escale a una guerra regional, ha buscado comunicarse con la corona saudí para evitar que otros actores ingresen al conflicto.
Sin embargo, ante el aumento de la retórica revanchista de ambos países, la caída de las bolsas y el despunte de los precios del crudo, el gobierno de Estados Unidos no es el único interesado en una resolución diplomática. Pese al extrañamiento que los gobiernos de Reino Unido, Francia y Alemania han tenido con Netanyahu por sus acciones en Gaza, los gobiernos europeos se solidarizaron con Israel en la preocupación por la amenaza iraní, más no con el lanzamiento de misiles; y si bien exhortaron a la paz por parte de ambos actores, ninguno de los beligerantes recibió la sugerencia.
Un actor cuya presencia en la región ha disminuido pero cuyos lazos con el régimen iraní podrían abrir la puerta a canales no formales de negociación, es Rusia. Si Moscú procura una postura equilibrada en Medio Oriente, en esta ocasión el presidente Vladimir Putin condenó los ataques israelíes y tras llamadas con sus contrapartes involucradas ofreció la ayuda de Rusia para mediar el conflicto.
Una nueva potencia nuclear no es conveniente para ninguno de los países que ostentan este armamento y Rusia ha dejado clara su oposición a que Irán desarrolle estas capacidades; sin embargo, las medidas ofrecidas por Moscú difieren de las condiciones de Estados Unidos, pues implican el resguardo del material nuclear iraní en sus instalaciones sin tocar la producción de uranio enriquecido.
Información. Reporte Índigo.

