Niñas y niños migrantes recorren ruta cruel; muchos viajan solos.

La migración ilegal ha pasado de ser una problemática política a una crisis humanitaria. El tránsito de miles de personas por México, con la intención de llegar a Estados Unidos, se mantiene pese a las políticas antiinmigrantes de Donald Trump.

En medio del contexto político que prevalece entre el gobierno estadounidense y México, y los constantes intentos por expulsar a todos los latinos del país norteamericano, quedan las niñas y niños que viajan solos a México en ruta migratoria.

La investigación «Niñez no acompañada: riesgos y violencias en la ruta migratoria por México» de Plan International y Save the Children en México, destaca el número de infantes en tránsito fue de 137 mil, al menos en 2023. Las causas de movilidad de estas infancias son principalmente por buscar la reunificación familiar, huir de violencia criminal o huir de amenazas directas o por conflictos comunitarios.

Cientos de niños migrantes están expuestos a la violencia, la explotación y los abusos durante su travesía. Algunos de ellos mueren a manos de los traficantes o tratantes, mientras que otros se ahogan en el mar, en un intento por cruzar la frontera norte de México. De igual modo, otros son obligados a participar en actividades delictivas durante su tránsito por México, país en el que los grupos del crimen organizado continúan con el reclutamiento forzado de menores de edad.

Es importante mencionar que las niñas, niños y adolescentes que se encuentran en tránsito no solamente provienen de países del centro o el sur de América, muchos son mexicanos pero de estados en donde la violencia los ha obligado a escapar solos o con sus familias.

La investigación de Plan International y Save the Children en México, realizada en colaboración con el Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, señala que la frontera norte de México enfrenta una dinámica migratoria marcada por dos fenómenos interrelacionados: el desplazamiento interno forzado por violencia y el tránsito de población extranjera, ambos originados en contextos de inseguridad y falta de oportunidades. 

Los resultados estadísticos revelan que las causas de movilidad de los menores de edad son principalmente por buscar la reunificación familiar (34.8 por ciento), huir de violencia criminal (21.3por ciento), o huir de amenazas directas o por conflictos comunitarios (11.6por ciento). En el caso de las infancias mexicanas, el patrón de desplazamiento interno refleja huida desde estados con alta violencia y pobreza hacia la frontera norte.

El riesgo de viajar solos

La vulnerabilidad con la que transitan los menores de edad por el territorio mexicano, los vuelve presas de personas abusivas o, incluso, de grupos de la delincuencia organizada.

En cuatro años, el número de niñas y niños que viajan solos a México en ruta migratoria aumentó casi al doble, pasando de 69 mil 500 en 2019 a más de 137 mil en 2023, revela el reporte de la investigación que llevó a cabo 155 entrevistas a niñas y niños migrantes en Ciudad Juárez, Reynosa y Tijuana.

Aunque la mayoría de los menores de edad, cuya situación familiar está caracterizada por precariedad económica, estructuras y fragmentación familiares, inician el viaje acompañados por un familiar, a menudo ocurre una separación que tiene que ver con la detención del adulto que lo acompaña, el extravío en el camino o, incluso, la muerte del acompañante.

Esta separación hace que la niñez —especialmente las niñas— sea más vulnerable a la violencia, la explotación, la trata y el reclutamiento forzado por parte de grupos armados. En Reporte Indigo se ha documentado que los grupos criminales han utilizado el reclutamiento forzado como forma de engrosar sus filas.

En Tijuana, el 89.5 por ciento de las niñas, niños y adolescentes reportó viajar acompañadas, principalmente por madres (73.7 por ciento) y hermanos (84.2 por ciento). No obstante, solo el 52.6 por ciento seguían acompañadas al momento de la investigación. El 57.4 por ciento experimentó conflictos o situaciones de reconfiguración familiar que afectaron el acompañamiento en el resto del trayecto.

En Ciudad Juárez, aunque el 63.5 por ciento de los menores indicaron haber iniciado el viaje con compañía, solo el 32.4 por ciento seguían acompañadas al momento de la investigación. Además, una proporción considerable viajó con personas sin vínculo de tutela, como “el pollero” o conocidos del trayecto. Las causas más comunes de separación incluyeron deportaciones, pérdida de contacto o decisiones familiares.

También hay violencia institucional contra migrantes

La Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, en su artículo 13, reconoce a las niñas, niños y adolescentes migrantes como personas sujetas de derechos. En el artículo 89 de esta misma ley se establece que “en tanto el Instituto Nacional de Migración determine la condición migratoria de la niña, niño o adolescente, el Sistema Nacional DIF o sistema de las entidades […] deberá brindar la protección que prevé esta Ley y demás disposiciones aplicables”. 

En este mismo artículo se mandata que “el principio del interés superior de la niñez será una consideración primordial que se tomará en cuenta durante el procedimiento administrativo migratorio al que estén sujetos niñas, niños y adolescentes migrantes […]”. Sin embargo, tales disposiciones no siempre se cumplen.

Asimismo las políticas migratorias y la burocracia pueden generar una revictimización. Como indica la investigación de Plan International y Save the Childrens, en Tijuana se documentó que los procesos de reunificación familiar se pueden prolongar por años, mientras las niñas, niños y adolescente deben permanecer en resguardo en albergues que además vuelven complejos los procesos de comunicación con sus familias y el acceso a defensores. 

A esto se le suma el hermetismo y la ausencia de monitoreo independiente, que limita la posibilidad de que otras organizaciones o actores puedan intervenir, observar o acompañar los procesos. Esta falta de transparencia y rendición de cuentas permite que posibles vulneraciones a los derechos de los menores pasen desapercibidas y queden impunes.

Otros factores que influyen en esta situación son las trabas administrativas, los riesgos de seguridad y la falta de educación formal en los albergues, ademas de la discriminación y la xenofobia en las escuelas.

Después de huir de la violencia, un alto número de menores de edad con estatus de migrantes se encontraron en refugios superpoblados, fuera de la escuela y sin compañía en barrios inseguros, donde enfrentaron más peligros y continuaron negándose sus derechos.

Enfrentan triple vulnerabilidad

México se ha quedado corto respecto de la política migratoria, especialmente en los últimos años y esto se ha visto reflejado en el trato con las autoridades migratorias en diferentes momentos, declara César Contreras León, abogado en el área de Defensa Integral del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Prodh).

“La responsabilidad del Estado mexicano es aplicar un enfoque diferencial privilegiando el interés superior de la niñez, mirarlos no como objetos de protección sino como sujetos de derechos, favorecer la unidad familiar y en todo momento respetar la prohibición de detención de niñas, niños y adolescentes migrantes”, indica el entrevistado.

Las personas en tránsito tienen una situación de vulnerabilidad simplemente por no estar en el lugar en el que se encontraban con redes de apoyo o familiares, por el simple hecho de estar en un lugar desconocido.

Explica Contreras León que también la falta de documentos que acrediten una situación migratoria irregular, los hace vulnerables a la violación de derechos humanos como ha sido la práctica sistemática por parte de las autoridades migratorias en México: “al ser migrantes no pueden acceder a las autoridades para poder realizar las denuncias por el temor que eso afecte su situación migratoria es decir que sean deportados”.

“México es un país, ya no solo de tránsito sino también de destino de la migración y eso ha impuesto un serio reto para el Estado mexicano de cumplir con la responsabilidad que tiene de salvaguardar los derechos de la niñez migrante”, señala César Contreras León, abogado en el área de Defensa Integral del Centro Prodh.

La tercera situación de vulnerabilidad, explica el abogado, tiene que ver con la dependencia de los adultos para poder acceder a sus derechos y garantizarlos. Tal situación coloca a los menores de edad frente a un riesgo particular en México ante las autoridades migratorias, ante el crimen organizado y a los espacios hostiles de las rutas migratorias como ríos, lagos, selvas o el desierto para poder realizar el tránsito.

“Pero también son vulnerables por todas las situaciones que se enfrentaron para convertirse en niñez no acompañada, que muchas veces tiene que ver con la falta de una familia en los países de origen o la violencia en las comunidades que les hace huir sin tener ninguna clase de red de apoyo. En otros tantos casos la discriminación por raza, orientación sexual que agrava la necesidad de huir de los países de origen”, precisa.

Un contexto de violencia e inseguridad

Datos relevantes por parte de la Unidad de Política Migratoria indican el registro de 10 mil 219 niñas, niños y adolescentes migrantes que se siguen denominado irregulares por su situación migratoria, en México entre enero y marzo de 2025. También hay 675 repatriados desde México, lo cual también, comenta César Contreras, habla de la política que ha funcionado, en los últimos años, como muro de contención fáctico.

“Hay una falta de información muy evidente de registros de vulnerabilidad en su tránsito por México y se enfrentan a delitos como la trata, la esclavitud sexual, al reclutamiento forzado por parte de integrantes del crimen organizado”, agrega.

El Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Prodh) lleva un seguimiento a la desaparición de menores migrantes, que basados en cifras oficiales, indica que en México se contabilizan 115 mil menores de 18 años desaparecidos y localizados. De niñez migrante solamente se tiene el registro de 54 casos, 14 de ellas en el estado de Veracruz.

“Esto nos habla de que la cifra está alejada de la realidad, entre otras cosas, por las dificultades para denunciar desde los países de origen, la falta de apoyo de consulados y embajadas para realizar las denuncias y la falta de la implementación de los protocolos”.

El especialista en Derechos Humanos asegura que es muy importante respaldar las iniciativas de las Organizaciones de la Sociedad Civil incluida la Red por los Derechos de la Infancia en México, que proponía una mesa transnacional de protección a las infancias que involucra la coordinación de las autoridades dedicadas a la salvaguarda de las mismas en los diferentes países de la región.

“Con esto se podrían adoptar no solamente políticas con un enfoque especial, cumpliendo con los deberes reforzados que les impone a los estados las obligaciones internacionales en relación con los derechos de los niños, sino también cómo abordarse las problemáticas para contar con mejores registros, con mejores medidas homologadas, flujos de información y políticas de la salvaguarda de los derechos de la niñez”, destacó.

Edwin: ‘Ya quiero llegar’

La incertidumbre es la acompañante permanente de los migrantes, va más allá de no saber si llegarán a Estados Unidos, que es la meta y la realización del llamado “sueño americano”.

El trayecto parece ser el mismo, pero el recorrido es diferente para cada persona. Los peligros de cruzar fronteras se hacen magnifican cuando quien los enfrenta es una niña, niño o adolescente. 

Para una niña o un niño el mundo parece ser más grande de lo que es en realidad, enfrentarse a un territorio desconocido es un reto que, sin aceptarlo, tienen que enfrentar cuando sus padres o sus familias deciden irse de sus países de origen, para buscar mejores condiciones de vida.

El pequeño Edwin viaja con su padre Pablo, su madre Elisea y su hermanito Marvin. Vienen de El Salvador y a su paso por el país ha conocido varias ciudades que, según dice con un tono alegre, le han gustado más que Soyapango, la colonia en la que vivían en San Salvador.

“Allá las casas están feas y teníamos que tener cuidado por que hay muchos pandilleros. Yo a veces me iba a la casa de mi abuela a esconderme”, relata sin dimensionar el nivel de violencia que tuvo que vivir en su país.

Él no entiende completamente la realidad que está padeciendo, sabe que está viajando para llegar a un lugar, el cual se imagina como un castillo: 

«Dice mi papá que allá está Disneylandia y que es una ciudad muy bonita. Yo quiero llegar para tener una casa y ya no andar en el tren y caminando”, confiesa Edwin, niño migrante de 5 años

¿Te cansas? Se le pregunta. “Sí, como mi papá trae su mochila y viene cargando a mi hermanito, yo tengo que cargar las otras maletas y están pesadas”.

Su cara demuestra pesadez, carga las maletas pero también la responsabilidad compartida de cuidar a su hermano Marvin, mientras sus padres pide alguna moneda o compra algo de comer en el día.

Edwin viste una playera sin mangas roja, dice que es su color favorito, un pantalón deportivo que le regalaron y unos tenis que son, por lo menos, un número más grande del que realmente calza. Mientras camina, va jugueteando con una piedra y por momentos se muestra desinteresado en platicar.

De pronto recuerda que en la mochila traía un dulce que le regalaron y lo saca de inmediato para echárselo a la boca y seguir jugando. Después de una larga jornada de recorrido, el cansancio se nota en sus ojos que reflejan ganas de dormir. No piensa en una cama, pues desde hace dos meses duerme en el piso o encima de cartones y trapos que les han prestado. Cuando pasaron por Chiapas, estuvieron tres días en un albergue pero después siguieron el camino, porque dice su papá que mientras más rápido lleguen es mejor.

Pablo, el papá de Edwin, de pocas palabras y gesto adusto, cuenta que salió junto con su esposa y sus dos hijos motivados por un hermano de ella para cruzar a Estados Unidos, pero después de un tiempo perdieron el contacto y ahora no saben exactamente a dónde llegarán, porque regresar no es una opción.

Es una realidad que en países del centro y sur del continente, se viven condiciones de pobreza, violencia, desigualdad y falta de oportunidades y después de tanto padecerlos, se convierten factores que lanzan fuera a los habitantes que pretenden mejorar y no seguir aceptando la realidad que les tocó vivir.

Información. Reporte Índigo.

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