“Aquí era cerro”: familia lucha por no ser desalojada en Jaral del Progreso.

Doña Juana y su esposo, Guillermo Medina Barbosa, llevan 38 años de casados y viviendo en un predio que, en sus palabras, han habitado “con sudor y lágrimas”. Ahí construyeron su hogar, donde también viven dos de sus hijos con sus respectivas familias. Hoy enfrentan la amenaza de ser desalojados de manera injusta y piden apoyo a las autoridades de Jaral del Progreso.

“Cuando me casé, mi papá, Agustín Medina Aguilera, me heredó de palabra un pedazo del terreno ubicado en la esquina de las calles Abraham González y Francisco I. Madero, en la colonia Emiliano Zapata. A mis otros cuatro hermanos, Agustín, Carmen, Lupe y Sanjuana, también les dio su parte. Era un predio baldío, un cerro… aquí era cerro, y hoy ya hay calles”, relató Don Guillermo.

Recordó que durante años vivieron en condiciones precarias: “Vivíamos en un cuarto de piedras, láminas y tejas. Pero llegó la familia, los hijos, y decidí irme de mojado a Estados Unidos. No fue fácil, porque mi esposa, aunque también trabajaba aquí, enfermó de cáncer. Había que juntar dinero para hacer una casa de ladrillo y atender su enfermedad”.

Sus hermanos también construyeron lo que pudieron con piedras, incluidos unos cuartos y uno donde vivía su padre. Un día, Agustín Medina Aguilera, de 99 años, desapareció. La familia denunció su desaparición y lo buscaron por días. Fue entonces cuando apareció su hermano Salvador, quien se había ido de casa a los 14 años y del que no habían sabido nada desde entonces.

“Llegó y nos enseñó una caja donde dijo que estaban las cenizas de nuestro padre, que había muerto en la Ciudad de México, donde supuestamente vivía con él. Fue algo muy extraño, pero lo más grave fue que Salvador dijo que nuestro papá le había vendido el predio en 250 mil pesos, y que él se lo vendió a su yerno, Mauricio Ochoa Vázquez. Ese yerno ahora quiere desalojarnos”, contó.

En 2019, la familia enfrentó un juicio por despojo que concluyó con una sentencia absolutoria a su favor. El Tribunal de Juicio Oral no acreditó el despojo. Sin embargo, recientemente recibieron una nueva demanda con un plazo de solo tres días para desalojar.

“Tantos años trabajando, yéndome a Estados Unidos para darles de comer a mis hijos y construir nuestra casa… ¿y ahora me la quieren quitar? Yo ya soy viejo, ¿a dónde voy a hacer otra casa? Trabajo al día, y hasta por atender estas demandas pierdo, porque tengo que pagar taxi para ir al Cereso Mil”, lamentó Guillermo.

Se cuestiona por qué solo él está siendo demandado. “¿Será porque logré construir unos cuartitos? ¿Y por qué también quieren desalojar a mis hermanos, que apenas tienen cuartos de piedra, con techos de lámina, sin baño, sin luz, sin agua potable? Es difícil creer en las leyes cuando un abogado listo te puede dejar en la calle”.

Finalmente, lanzó un llamado de auxilio a las autoridades: “Los vecinos de la colonia saben que vivimos aquí desde niños. Era un baldío, y en gran parte lo sigue siendo, con muchas carencias. Mi hermano Agustín les dijo a los señores trajeados que a él lo sacan muerto”.

Información. Periódico Correo.

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