Panamá se aleja de China y recibe tropas de Estados Unidos.

En el punto más estrecho del continente, un surco une el Atlántico con el Pácifico. Construido por Estados Unidos y operado por Panamá, el Canal de Panamá es la segunda vía marítima más importante para el comercio mundial y un punto estratégico en los planes de defensa estadounidenses.

Durante los últimos meses, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que la vía estratégica era operada por China, el rival comercial con el que Washington mantiene una guerra comercial, y denunció la injusticia que representaba para su país. Si bien las declaraciones del estadounidense no estaban fundamentadas, las presiones de la Casa Blanca obligaron al país centroamericano a revisar sus relaciones con Pekín.

Con la visita la semana pasada del secretario de Defensa, Pete Hegseth, Estados Unidos reafirmó no sólo su creciente interés en mantener su influencia en el cruce, sino también las formas en las que la busca ejercer.

Si durante los meses de la segunda presidencia de Trump compañías estadounidenses han aumentado su participación en la operación de puertos a lo largo del canal, el involucramiento del Pentágono logró que Panamá aceptara nuevas formas de cooperación en materia de seguridad.

De acuerdo con el Pentágono, el acuerdo con Panamá elimina la “maligna influencia china” al permitir nuevos centros de entrenamiento militar y el despliegue de soldados estadounidenses en la zona, así como asegurar la prioridad de los navíos militares estadounidenses para atravesar el Canal.

En opinión del doctor Antonio Hernández Macías, investigador del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC) de la UNAM, para Estados Unidos las negociaciones resultaron una victoria en más de un campo.

“Estos nuevos acuerdos incrementan la presencia militar estadounidense y, sobre todo, llevan implícita la salida de Panamá de cualquier proyecto global chino. No solamente aumenta la presencia militar que está rotando en Panamá, que finalmente son bases militares en las que cambia la semántica, sino que implica la cooperación que conlleva su presencia; por otra parte, Panamá tuvo que alejarse de los acuerdos comerciales y de cooperación con el gigante asíatico, entonces Estados Unidos se apunta un doble éxito, Panamá sale de la Ruta de la Seda y vuelve a tener, no el control administrativo, pero sí el militar”, dice el especialista.

Si bien para Estados Unidos el acuerdo resulta beneficioso en múltiples frentes, para Panamá todas las concesiones parecen no ofrecer ningún privilegio más allá del reconocimiento verbal del secretario de Defensa a la soberanía panameña sobre la ruta transoceánica.

El presidente panameño, José Raúl Mulino, ha declarado en más de una ocasión que los acuerdos con Estados Unidos no vulneran la soberanía del país; sin embargo, la oposición ha señalado que ese elemento no está presente en lo comunicado por el Departamento de Defensa estadounidense.

Al respecto, el doctor Hernández Macías dice que las constantes intervenciones estadounidenses en la región, y en particular en Panamá, son recordadas más por sectores ajenos al gobierno de Mulino, pues las preferencias políticas del mandatario panameño se acercan más a las del gobierno estadounidense en turno.

“Pareciera que (la idea de soberanía) está más presente en la población y en los partidos políticos y movimientos sociales de oposición que en el gobierno, pues justamente este tipo de acuerdos son los que crean el peligro de perder la administración del Canal (…) Pero el gobierno de Mulino es un proyecto de derecha, conservador, entonces está más alineado a Estados Unidos y pone en peligro una soberanía ya de por sí debilitada sobre el Canal de Panamá”, afirma el académico.

La influencia china en Sudamérica

De acuerdo con el Banco Mundial, en 2017 el principal socio comercial de Sudamérica era Estados Unidos; en 2024, el mayor socio de las potencias económicas de la región fue China; tanto Brasil como Argentina, Uruguay y Paraguay comerciaron más con el gigante asiático que con la Unión Americana el año pasado.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta, conocida coloquialmente como la Nueva Ruta de la Seda, es la estrategia de desarrollo y cooperación con la que China se ha abierto camino en el Cono Sur. Con firmas de capital chino, algunas con participación estatal, invirtiendo en proyectos de infraestructura, redes eléctricas y mineria, pero también tendiendo lazos culturales, diplomáticos y de seguridad, el doctor Hernández Macías apunta que Pekín se entrelaza con el subcontinente de formas distintas a las que tradicionalmente ha usado Estados Unidos.

“Debido al crecimiento comercial que ha tenido China en América Latina había aprovechado el Canal de Panamá y eso le molestaba a Estados Unidos, quien desde hace unos años está perdiendo la batalla comercial con China en la región, por eso el Canal se vuelve clave (…) China en las últimas décadas ha tendido lazos de cooperación sin ninguna injerencia o amenaza militar, a ningún país con los que ha tenido un acercamiento mediante préstamos o inversiones los ha amenazado como sí lo hace Donald Trump con el gobierno panameño”, afirma el investigador.

Durante los últimos años, Panamá ha enfrentado diversos problemas para operar el Canal, tan sólo en lo que va del 2025 no se ha llegado a la capacidad máxima de cruces diarios, diversas condiciones climáticas y presiones políticas ponen en evidencia que Panamá no es la única ruta para cruzar el continente. El doctor Hernández Macías apunta que a China esto no le pasa desapercibido.

“Esta cuestión reaviva otros proyectos que habían sido puestos en pausa, por ejemplo, el Canal que se piensa realizar en Nicaragua, totalmente financiado por China, o incluso un acercamiento para utilizar el Corredor Interoceánico. Esta decisión difícilmente va a hacer que China detenga su avance comercial en América Latina”, finaliza el experto en la región.

Información. Reporte Índigo.

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