Estados Unidos busca limitar el programa nuclear de Irán.

Para la Casa Blanca, el mayor riesgo para la estabilidad de Medio Oriente se encuentra en Irán y para Donald Trump solo hay dos maneras de lidiar con ello: una negociación bajo “máxima presión” o la vía militar.

Estados Unidos considera que el apoyo que el régimen de los Ayatolá brinda a las milicias no estatales de la región, como Hezbolá en Líbano o los Hutíes en Yemen, es uno de los factores más importantes para las tensiones constantemente encendidas en la región; sin embargo, la sombra del programa nuclear iraní tiñe al resto de las variables de un tono de urgencia.

Si durante la primera administración de Trump el desmantelamiento del Plan de Acción Integral Conjunto, el nombre formal del trato firmado en 2015 que delineaba medidas para detener el desarrollo del programa nuclear iraní, fue una de sus prioridades de política exterior, actualmente el presidente busca nuevas opciones para frenar el enriquecimiento de uranio.

A mediados de marzo, el magnate anunció haber enviado una carta al ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán, con la intención de abrir negociaciones y este domingo el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, descartó cualquier diálogo directo con Washington.

Así, mientras Trump señala su preferencia por la vía diplomática sin rechazar la posibilidad de una incursión militar, el líder supremo iraní dice que negociar con el estadounidense no sería “inteligente, sabio y honorable”.

El trato nuclear iraní se firmó en 2015 con el impulso de una coalición que incluía no solo a Estados Unidos y sus aliados sino a las potencias nucleares rivales Rusia y China. Bajo los términos del acuerdo, Irán cedió sus reservas de uranio enriquecido y se comprometió a no desarrollar material nuclear con fines bélicos, así como a ser objeto de vigilancia por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica para garantizar el cumplimiento de lo acordado; a cambio, se levantarían las sanciones comerciales sobre Teherán.

En 2018, Trump dinamitó el acuerdo y en 2020 Irán retomó su programa nuclear. De acuerdo con el internacionalista Miguel Rodríguez, profesor del Centro de Relaciones Internacionales de la UNAM y especialista en Seguridad Internacional, las tensiones entre Estados Unidos e Irán erosionan los alicientes que se pudieran tener en las negociaciones.

“Desde 2018 que Estados Unidos salió del pacto nuclear, se ha ejercido una política de ‘máxima presión’ sobre Irán para renegociar dicho acuerdo; sin embargo, en estos momentos no hay incentivos cruciales que se le pueda ofrecer a Teherán para que vuelva a la mesa, en vez de eso Estados Unidos ha amenazado con bombardear las instalaciones nucleares iraníes e imponer aranceles secundarios. Trump está presionando para lograr un nuevo acuerdo que sea favorable no solo a los intereses de Estados Unidos sino también a los de Israel”, apunta el especialista.

Irán está abierto a un diálogo indirecto con Washington

La estrategia estadounidense en vez de facilitar el diálogo, ha reforzado las posiciones más extremistas dentro de la política iraní. Ejemplo de ello son las declaraciones que el presidente iraní dio a la televisora estatal este fin de semana, donde demostró que si bien hace un año se mostraba abierto a Occidente, ahora Estados Unidos tiene que construir confianza.

Ante ese panorama, en una llamada telefónica con el presidente egipcio, Abdelfatah El-sisi, Trump abogó para que el Cairo funja como un mediador en las tensiones regionales.

Egipto ha sido uno de los países más afectados por la campaña emprendida por los Hutíes, grupo terrorista financiado por Irán, que pretende bloquear el acceso al Mar Rojo, y si bien la respuesta militar estadounidense acerca al Cairo a los intereses de Washington esta no mejora las relaciones con Teherán.

“Irán y Egipto no tienen buenas relaciones diplomáticas, representan proyectos distintos, el régimen iraní es un régimen islamista y en Egipto primero son árabes, luego militares y en cierto sentido son más laicos dentro del mundo musulmán. Habría que ver si Irán acepta esa mediación, en el pasado se ha negociado con países europeos, sobre todo con Rusia, pero antes que nada tendría que haber algún incentivo, como levantar las sanciones económicas, y aún así Irán no está dispuesto a negociar todos los temas en la agenda de Trump, como el programa de misiles o su apoyo a milicias en Medio Oriente”, apunta el profesor Rodríguez.

El programa iraní después de la caída del acuerdo nuclear

El programa nuclear iraní empezó durante el régimen de los Sha como un desarrollo civil, impulsado por Estados Unidos como benefactor del régimen; sin embargo, fue a principios de este siglo que se empezó a desarrollar un proyecto con fines bélicos. La decisión de la primera administración Trump de no ratificar el acuerdo nuclear en 2018 llevó a Irán a impulsar nuevamente el enriquecimiento de uranio y la última revisión del organismo internacional arrojó un grado de enriquecimiento cercano al necesario para producir armas.

Los sitios del programa nuclear iraní se expanden por gran parte del territorio e incluye no solo los centros de investigación y desarrollo bélico sino también generación de energía y otros fines civiles; sin embargo, el profesor Rodrígez esboza las razones de un programa militar.

“Si hasta 2018 Irán cooperó y no enriqueció uranio, ahora se sabe que está enriqueciendo uranio a más del 20 por ciento (grado necesario para material médico) para obtener el material necesario generar armas; sin embargo, hasta el día de hoy el régimen iraní sostiene que su programa es de fines pacíficos. No obstante, muchos consideramos que Irán busca el arma nuclear como un medio de disuasión y protección frente a un eventual conflicto con Israel o Estados Unidos”, finaliza el académico. 

Información. Reporte Índigo.

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