Sudán sigue en conflicto por toma de su capital.

Durante los últimos días, la capital de Sudán se ha convertido nuevamente en un campo de batalla. Las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF) expulsaron al  grupo paramilitar que disputa el control del país, las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), y Jartum se transforma en reducto del Ejército, haciendo que el país se divida en zonas de influencia y la crisis humanitaria continúe.

Durante los últimos meses de 2024, las Fuerzas Armadas lanzaron una ofensiva coordinada en las tres áreas urbanas más importantes del país, la operación sorprendió a las RSF y por primera vez desde el inicio del conflicto el Ejército comenzó a ocupar espacios en la capital. Este fin de semana, la constancia de las operaciones rindió frutos y, tras ocupar el Palacio Republicano, la sede del Servicio Nacional de Inteligencia y otros edificios de gobierno, las SAF consolidan su presencia en Jartum.

La ofensiva de las SAF ha cosechado no solo victorias simbólicas como recuperar la sede del poder en Sudán sino que ha tenido éxito en liberar vías de comunicación necesarias para impedir el esfuerzo bélico del grupo paramilitar; sin embargo, las RSF continúan en control de la mayoría del país, incluyendo las regiones más productivas.

Para el doctor Rubén Peña Carmona, jefe de Relaciones Internacionales de la Universidad La Salle y miembro del Programa Universitario de Estudios sobre Asia y África (PUEEA) de la UNAM, las constantes victorias de las Fuerzas Armadas de Sudán marcan un punto de inflexión en el conflicto.

“Es un gran avance el de la posición de las Fuerzas Armadas respecto del control del territorio. Los enfrentamientos comenzaron justo en la capital y el debilitamiento del Ejército se dio porque las Fuerzas de Apoyo Rápido controlaron puntos estratégicos, como el aeropuerto y los almacenes de armamento, con lo que sacaron de Jartum a las SAF (…) Los acontecimientos de estos días son un punto de inflexión en el conflicto y ahora las fuerzas armadas solo controlan algunas regiones al sur de la ciudad, que es importante por ser el paso de gasoductos, pero ya es evidente el debilitamiento de las RSF y una reubicación de las zonas en su control”, señala el especialista.

Es en la región de Darfur, controlada por las Fuerzas de Apoyo Rápido, donde la lucha ha sido más intensa y ha tenido las peores consecuencias. La noche de este lunes, un ataque aéreo de las Fuerzas Armadas en un mercado al norte de la región dejó 26 muertos y 84 heridos; organizaciones de Derechos Humanos denuncian que afectar deliberadamente una zona urbana es un crimen de guerra.

De acuerdo con el Centro por la Resiliencia Informativa, el ataque de este lunes es el más devastador desde que comenzaron a rastrear los ataques en Darfur en 2024. Pese a ello, la exigencia de organizaciones pro derechos humanos de llevar a cabo una investigación independiente y con base en mecanismos internacionales resulta aún lejana, más cuando ambos grupos atacan centros civiles y se ha documentado violencia étnica por parte de las RSF.

Las regiones de influencia de las Fuerzas de Apoyo Rápido 

Pese a los avances de las Fuerzas Armadas de Sudán en la capital y el debilitamiento del grupo paramilitar, el profesor Peña Carmona considera que el fin del conflicto no está a la vista, pues las RSF mantienen su apoyo externo y han comenzado a hacer alianzas con grupos armados remanentes de la anterior guerra civil en regiones estratégicas.

Muestra de los alcances de las RSF es el acta firmada en la capital keniana que llama por el establecimiento de un gobierno paralelo que pugna por “un Estado democrático, secular y descentralizado”. El doctor Peña Carmona dice que la nueva división de un país ya fraccionado en el pasado reciente puede provocar más inestabilidad, en particular por las regiones que busca dominar.

“Es grave no solamente en cuanto a la división institucional, pero más allá de eso hay que recordar que desde el dominio británico Sudán fue dividido en dos zonas y todos los problemas que eso creó. En el contexto actual, las zonas que propusieron ahora son Darfur y Kordofán, en esa región limítrofe con Sudán del Sur existe una zona administrativa especial la cual aún está en disputa por el yacimiento petrolero, la intención de crear un gobierno paralelo cuyo territorio incluya la zona en disputa puede ser utilizada para recibir apoyo externo”, apunta el académico.

Sudán: la mayor crisis humanitaria del planeta 

En los casi tres años desde el inicio de la guerra, han muerto más de 150 mil personas y, de acuerdo con la Agencia para los Refugiados de Naciones Unidas, 12 millones 500 mil personas han sido desplazadas.

Sumando gravedad a la situación, la movilización de tropas y los constantes ataques ha dejado a Sudán sin la capacidad de producir alimento y, pese a los intentos de la comunidad internacional para entregar alimentos, agua potable y artículos de primera necesidad, los ataques de las RSF y las restricciones de las Fuerzas Armadas evitan que la comida llegue a quien lo necesita.

De acuerdo con Naciones Unidas, 30 millones, de las 50 millones de personas que viven en Sudán, requieren algún tipo de asistencia. El problema de la inseguridad alimentaria y el hambre aguda afecta a 25 millones de personas, un incremento de 3.5 millones desde junio de 2024, y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que la hambruna que ya ha cobrado la vida de miles de personas se extienda aún más.

Al respecto, el especialista señala que el control de las Fuerzas Armadas de Sudán de la capital representa una buena noticia para las personas que viven en Jartum, pues su control no solo representa el regreso de la ayuda humanitaria sino la restitución de servicios cortados durante el mandato de las RSF.

Información. Reporte Índigo.

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