El Gobierno federal, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, elevó a grado constitucional la prohibición de maíz transgénico en México como parte de su estrategia para alcanzar la seguridad alimentaria; sin embargo, la inexistente especificidad en el plan de acción, genera diversas observaciones por parte de pequeños productores y científicos.
¿Qué está pasando en México con el maíz transgénico?
Conforme al Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), México importa anualmente 17 millones de toneladas de maíz (2022), lo que equivale a 5 mil millones de dólares (101 mil 300 millones de pesos al tipo de cambio actual), del cual, alrededor del 90% es transgénico.
Datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) y la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos para Animales (ANAFAR) apuntan a que entre el 70% y 75% del maíz que llega de Estados Unidos (EEUU) se utiliza para forraje (alimento de animales de granja); del 20% al 25%, para la industria del procesamiento (almidón, jarabes, aceites y etanol); y sólo el 5%, consumo humano indirecto. Sin embargo, existen riesgos periféricos mayúsculos en este insumo, por lo que el Estado mexicano procedió a su prohibición.
¿Qué es el maíz transgénico en México?
De acuerdo con el departamento de Agronomía de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) unidad Xochimilco, el maíz transgénico es el que, a través de la manipulación genéticas, se le insertan características que no tendrían de manera natural, como tolerancia a herbicidas.
Toda semilla transgénica se diseña y elabora en laboratorio para después ser cosechada en condiciones de riego donde se utilizan insecticidas y herbicidas como el glifosato, químico considerado como “probablemente cancerígeno para los seres humanos” por la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 2015.
¿Por qué el maíz transgénico está prohibido en México para el consumo humano?
La doctora Alma Piñeyro, responsable del laboratorio de genética y biotecnología vegetal de la UAM Xochimilco, explica las repercusiones que puede tener el maíz transgénico en la salud humana, el ecosistema donde se cosecha y la biodiversidad del maíz nativo.
Por ejemplo, señala riesgos a la salud por los químicos con los que se cosechan, pues, además del glifosato, estos cultivos son rociados con el glufosinato de amonio, el 2,4-D, la atrazina y dicamba, que están relacionados con algunos tipos de cáncer, deficiencias en el sistema endócrino, así como daño renal y hepático.
Además, la bióloga Piñeyro Nelson advierte los peligros contra el ecosistema y diversidad del maíz por el entrecruzamiento de la semillas transgénicas con las nativas a través de la polinización o el trasiego de este grano, pues atenta contra la prevalencia natural de las semillas y su futuro.
“En México tenemos alrededor del 50% de la diversidad genética del maíz […] es el reservorio vivo del que podemos echar mano para esfuerzos de fitomejoramiento para, entre otras cosas, adaptarnos a los efectos del cambio climático”.
No obstante, esta contaminación ya está en curso. El maestro Pavel Moreno, jefe del departamento de producción agrícola y animal de la UAM Xochimilco, recuerda que ya hay campos de cultivo en México con rastros de transgenia y teoriza que esto se debe a la compra de semillas a EEUU, pues algunos productores, infiere, pueden hacer uso de este insumo para incrementar sus propias cosechas y reducir costos, ya que este grano es más barato; empero, puntualiza que este fenómeno aún es reducido.
Es por ello que el gobierno federal se pronunció, desde la administración de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), contra el avance del maíz transgénico en México, aunque, advierten los investigadores, falta precisar una estrategia donde los productores puedan seguir cosechando con semillas nativas o procesos de fitomejoramiento alternativos sin que esto sea una condena a la pobreza por las condiciones del mercado.
¿Qué es la seguridad alimentaria?
De acuerdo con el gobierno de México, la seguridad alimentaria “es la garantía que poseen todos los seres humanos para poder acceder a alimentos inocuos, suficientes y nutritivos. A través de ella, se busca que nadie pase hambre y que todas y todos puedan disfrutar de una dieta saludable”.
En relación al maíz, se busca incentivar a los productores de semilla nativa para el consumo humano y, aunque éste está garantizado (porque el que se importa es mayormente para animales), los mecanismos establecidos no son favorables en el contexto de competencia comercial para los productores, particularmente para los pequeños.
Un ejemplo de esto son los precios de garantía. Actualmente, el kilo de semilla para consumo humano se paga a $6.00; sin embargo, los grandes productores piden, para tener una recuperación digna, un mínimo de $7.00. Es aquí donde entra el maíz importado (de consumo animal y transgénico al 90%), pues ese cuesta $4.00, por lo que, para abaratar costos, mezclan las semillas.
Respecto a este último punto, la doctora Mariela Fuentes, investigadora del departamento de producción agrícola y animal de la UAM Xochimilco, advierte la existencia de maíz transgénico en las tortillas que se comen diariamente en México.
“Puede ser que las grandes empresas, posiblemente —casi seguro—, mezclen el maíz amarillo (transgénico) en la producción de tortilla”, señala la agrónoma Fuentes Ponce a Reporte Indigo, ello al apuntar el descubrimiento de trazas de glifosato en productos derivados de maíz.
“Es un problema de mercado, social y productivo. Si a las empresas les es más fácil importar, lo van a hacer”.
Por su cuenta, la doctora Piñeyro ve con buenos ojos las modificaciones a la Constitución por parte de Claudia Sheinbaum; por ejemplo, aplaude que ahora la COFEPRIS realice sus propias pruebas para conocer el verdadero riesgo de la transgenia en maíz y no sólo acoplar su criterio al de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos).
“La FDA no hace pruebas independientes. Eso por supuesto es un problema básico de conflicto de interés (con los grandes productores)”
Para que se cristalicen los objetivos del gobierno, se tiene que trabajar en las reformas secundarias, es decir, faltan las modificaciones de armonización a la Ley de Semillas, Ley de Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados y Ley de Desarrollo Urbano Sustentable, así como especificar las directrices que deben acatar las dependencias involucradas en la seguridad alimentaria.
Con esta óptica, el maestro Moreno infiere una contradicción entre el discurso de apoyo al campo y la transición al modelo agroecológico con la operación real de políticas para que se materialicen sus objetivos.
Un ejemplo que sostiene este punto es el acompañamiento a productores de maíz con semilla nativa, pues, a pesar de que los técnicos estaban altamente calificados para mejorar la producción de pequeños campesinos, simplemente no se daban abasto porque eran pocos.
Aunado a ello, observa un rezago legislativo, pues no está “plenamente seguro que estos cambios a la Constitución incluyan el tema, ya no de los transgénicos, sino de los organismos editados a través de CRISPR (Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Espaciadas)”, es decir, que la reforma no está a la altura de los nuevos avances en genética.
Entonces, con esto en mente, los investigadores insisten en que, para tener los resultados que se desean, deben existir políticas y subsidios diferenciados, así como combatir la dependencia a la proveeduría de semillas (no nada más en maíz, sino en otros insumos como el frijol o el jitomate), de lo contrario, la seguridad alimentaria no podría ser garantizada.
Alternativas al maíz transgénico
Una de las ventajas que promueven los agroindustriales para incorporar la transgenia a los mecanismos de cultivo en México es la alta productividad que garantizan; sin embargo, la doctora Fuentes Ponce sostiene que no es indispensable este tipo de procesos, pues documentó un incremento del 37% de producción de pequeños y medianos productores “con maíces nativos mejorados, que no son híbridos ni transgénicos”.
Asimismo, de acuerdo con la doctora Piñeyro, los maíces nativos sometidos a procesos de fitomejoramiento pueden tener mayor resistencia a sequías, tener ciclos de vida más cortos (más maíz con menos recursos invertidos) y hasta mejorar su sabor, pero todo esto debe de ser impulsado fuertemente desde el Estado, pues los pequeños productores no tienen los mecanismos para hacerlo sin ser víctimas del mercado.
Como ejemplos de producción libre de semillas transgénicas, están los casos de Laura Flores y Gerardo Camacho; pequeños productores de la periferia en Ciudad de México (CDMX), quienes tienen la capacidad de generar tanto maíz blanco (de consumo humano), como de amarillo (forraje).
Respecto al llamado maíz blanco, explica la también abogada Flores, no se refiere al color blanco de las mazorcas, sino al uso que se le da, pues cosecha tanto maíz azul como criollo, sangre de Cristo (rojo), palomero y un sin fin de variantes que van saliendo con cada cosecha (dorado, de diferentes colores por cada elote, magenta, rojo mate, anaranjado con venas rojas, etc.).
Tanto Laura como su esposo, Nicolás, se dedican a la abogacía, pero insisten en promover sus tradiciones agrícolas por todo lo que representa culturalmente el maíz, además de ser una herramienta eficiente para defender el territorio de las comunidades al sur de la capital nacional.
“Toda mi familia —esposo y hermanos— tiene una actividad distinta al campo, pero no dejamos el campo porque tiene que ver con este arraigo que tenemos con el territorio”
Por su cuenta, Gerardo, quien es apoyado por su hija, Ángela, se ha visto en la necesidad de innovar para poder hacer más eficiente su cosecha de maíz amarillo (cultiva maíz azul para forraje), por lo que echa mano de una procesadora de abono que inventó uno de sus hijos con el apoyo de mecánicos de San Luis Potosí.
Asimismo, Ángela cuenta con doctorado en Física por parte de la Facultad de Ciencias de la UNAM, dando otra perspectiva sobre los productores agrícolas en México, ya que están abiertos a las nuevas tecnologías siempre que éstas no corrompan o pongan en riesgo la semilla nativa de maíz.
“No se ha avanzado en materia de capacitación. Siempre se es muy condescendiente en la forma en la que se nos habla a las y los campesinos. Es como ‘ay sí, tu práctica milenaria síguela haciendo así con coa’. Como si nosotros no tuviéramos la disposición de aprender sobre nuevas tecnologías”, criticó la doctora Camacho sobre el discurso con el que se dirigen a campesinos.
Información. Reporte Índigo.

