El Colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco encontró una fosa clandestina en Teuchitlán que operaba como un campo de adiestramiento y exterminio.
Testimonios de una víctima que logro escapar dio a conocer como era la vida dentro del lugar. En el centro de reclutamiento, ubicado al interior del Rancho Izaguirre, se encontraron hornos crematorios, droga espolvoreada y objetos personales como ropa, mochilas, libretas, entre otros.
¿Cómo era el contacto y traslado al Rancho de Teuchitlán?
El lugar habría sido operado por integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación. Cientos de jóvenes acudían con engaños para ser entrenados y unirse a la organización criminal.
Acorde con el testimonio, los jóvenes llegaban a la Central de Autobuses de Guadalajara con engaños de ofertas de trabajo como: electricistas, ayudantes generales, etc. principalmente publicadas en Facebook.
Llegando al lugar, les avisaban qué vehículo los recogería; al subir los despojaban de sus pertenencias y les vendaban los ojos.
Hacían un recorrido de aproximadamente una hora para arribar al centro de reclutamiento y exterminio en Teuchitlán.
Dentro del rancho acomodaban a los jóvenes en filas y les asignaban un apodo con el que les pasaban lista: «Yo conté poco más de 200 personas cuando llegamos»
Esta primera fase, las personas reclutadas eran sometidos a un entrenamiento físico extremo con llantas de autos, simulaciones de combate, pasos pecho tierra bajo alambres de púas, laberintos, etc.
Si los jóvenes se quejaban, se caían o fallaban en los ejercicios, los mataban. Por la noche dormían en un cuarto con techo de lámina, una lona en el suelo y una cobija para 10 personas.
¿Cómo comenzaron las fosas clandestinas en el Rancho de Teuchitlán?
Los cuerpos de los reclutados asesinados eran llevados a un cuarto llamado «La Carnicería» en donde los desmembraban para meterlos a los hornos crematorios clandestinos, construidos por los mismos jóvenes con piedras y ladrillos.
“Hacíamos una cama de piedra, echábamos gasolina y quemaban los cuerpos ahí. El horno se usaba varias veces”.
Si lograban completar el primer entrenamiento, con una duración aproximada de 30 días, los mandaban a la guerrilla en colindancias como Zacatecas y Michoacán.
En este nivel los jóvenes trabajaban con ex militares para un entrenamiento más difícil y especializado.
De acuerdo con las declaraciones de la víctima, si los reclutados lograban sobrevivir al segundo nivel, eran enviados con “los jefes” a la sierra, sin comunicación alguna.
“Éramos los mejores elementos, pero de 200 quedábamos 30”. Cuando llegaban a lugares como Zacatecas y mataban a la cabecilla del grupo, los jóvenes tenían oportunidad de escapar.
Se sabe que el reclutamiento funcionó por más de 3 años, con una rotación constante y una cantidad incalculable de personas calcinadas.
Cabe mencionar que las autoridades de Jalisco ya habían localizado el predio; sin embargo, no presentaron ningún reporte que coincidiera con los hallazgos del Colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco.
Información. Periódico Correo.

