La caída de Bashar al-Ásad en Siria abrió la puerta para nuevas concepciones de gobierno y una sociedad siria que afronte los abusos cometidos por el antiguo régimen, mientras siguen saliendo a luz los horrores de su represión.
La devastación de una generación en guerra civil no quedó marcada solamente en los más de medio millón de muertos durante el conflicto sino también en las prisiones del régimen, símbolos y mecanismos de la represión ejercida en nombre de la estabilidad.
De acuerdo a oficiales del nuevo gobierno sirio, hay más de 100 mil personas cuyo paradero no pudo ser verificado después de las liberaciones de los centros penitenciarios de al-Ásad; para la sociedad siria, encontrar a sus desaparecidos es una prioridad.
Un nuevo reporte del Centro de Justicia y Responsabilidad en Siria (SJAC) se adentra en el Aeropuerto Militar de Mezzeh para buscar a los muertos que desaparecieron en esa prisión clandestina y con ello descubrir cómo funcionaban los mecanismos de coacción durante los últimos años de la dinastía Al-Ásad.
Mediante el uso de fotografías satelitales, documentos encontrados en Mezzeh, y testimonios tanto de víctimas como de los oficiales de la Inteligencia de la Fuerza Aérea, brazo represor del régimen, el SJAC detalla cómo en los primeros días de las manifestaciones de 2011 que detonaron el conflicto interno, la base aérea fue convertida en un centro de detención extrajudicial que, eventualmente, estaría ligado a fosas clandestinas a las afueras de Damasco.
Ante el aumento de presos políticos durante los años de guerra civil, la base aérea de Mezzeh fue expandida para poder ser utilizada como centro penitenciario y para 2020 los mandos de la Fuerza Aérea habían convertido una docena de hangares y barracas en centros de detención.
Escogido por ser originalmente la sede de la Inteligencia de la Fuerza Aérea, el Aeropuerto Militar de Mezzeh funcionó también como la base de las divisiones de Fuerzas Especiales e Investigación, que ejecutaron la política de seguridad de Al- Ásad, y de 2011 a 2017 fueron responsables por 28 mil 809 detenciones.
Prisión clandestina a las afueras de Damasco
Si bien las Fuerzas Especiales originalmente enfocaron sus arrestos contra desertores, disidentes políticos y activistas de todo el país, sus operaciones se expandieron y el reporte muestra que eran comunes los arrestos a hombres, mujeres y niños con poco o nulo involucramiento en las protestas; a su detención en retenes carreteros o redadas en centros de trabajo, le seguía la designación de “terroristas”.
Arrestados sin juicio ni procedimientos legales para defenderse, los prisioneros en la base aérea también se encontraban aislados de sus familiares, pues las desapariciones no producían información pública del paradero de los detenidos; una vez en Mezzeh, las torturas, privaciones y castigos multitudinarios eran comunes.
“Cuando el guardia cerraba la puerta, la gente caía encima de los demás por la sofocación y el ruido. No había ventilación ni luz; entonces, encontrabas mucha gente vieja aplastada debajo de los demás, muriendo en nuestras manos. A mucha gente la sacaban muerta, morían con nosotros. Veía a gente morir frente a mí y gente caer sobre sus cuerpos”, narra el testimonio de un sobreviviente.
De acuerdo con el reporte de SJAC, las condiciones inhumanas de la prisión provocaron más de 600 muertes entre 2011 y 2017 otras mil 154 murieron en la base aérea que se mantuvo en operación hasta los últimos días del régimen de Bashar Al-Ásad; los restos fueron enterrados en fosas clandestinas dentro del aeropuerto o a las afueras de la capital.
Mientras el Aeropuerto Militar de Mezzeh servía como el centro neurálgico de las operaciones de la Fuerza Aérea, en el resto de las ramas de los servicios de inteligencia y seguridad del gobierno de Al-Ásad operaban sitios similares por todo el territorio controlado por ellos. De acuerdo a oficiales del nuevo régimen, encontrar a quienes fueron desaparecidos dentro del sistema penitenciario es una de sus prioridades al frente del gobierno.
Ahmed al-Charaa propone una nueva Constitución
En Siria, los trabajos por develar la verdad sobre los abusos del antiguo régimen son acompañados por los esfuerzos para construir nuevas plataformas de gobierno que puedan integrar la diversidad del país en una misma nación; el nuevo presidente y líder guerrillero que logró la salida de al-Ásad, Ahmed al-Charaa, lo tiene claro.
En una muestra de cooperación entre los nuevos gobernantes y el resto de facciones del panorama político sirio, Al-Charaa convocó a un diálogo en el Palacio Presidencial, donde las voces presentes acordaron crear un comité que redacte una nueva Constitución.
En la clausura del evento, Al-Charaa recalcó que la libertad de expresión es un derecho por el que los sirios han peleado y es fundamental para alcanzar “la coexistencia pacífica entre todos los componentes de la sociedad”.
Desde el Palacio Presidencial, el mandatario anunció la creación de un comité de justicia transicional que brinde justicia y restaure los derechos de la población.
“En estos dos meses hemos trabajado en perseguir aquellos que cometieron crímenes en contra de los sirios (…) Trabajaremos en la formación de un cuerpo de justicia transicional que restaure los derechos de la población y, si Alá lo permite, lleve a los criminales a la justicia”, declaró el presidente.
Información. Reporte Índigo.

