Ya sea para agradecer un año más de vida o pedir por aquellos que desgraciadamente perdieron la batalla contra el COVID-19, los guanajuatenses realizaron una escalada de más de un kilómetro para visitar al santo patrono de la ciudad, San Ignacio de Loyola.
Desde hace 405 años, para el cuevanense es tradición y obligación acudir a la cueva del Cerro de la Bufa para visitar a San Ignacio de Loyola y revivir una de las fiestas más importantes en la ciudad.
Este fin de semana los guanajuatenses, luego de un año de ausencia a consecuencia de la pandemia, de nueva cuenta se reencontraron con sus raíces culturales que hacen de Guanajuato una ciudad única.
Desde el viernes por la noche, los fieles montaron un campamento en las faldas de la Bufa, cuya imponente belleza en conjunción con la iluminación artificial elegida para la ocasión, se convirtieron en el centro de atención de todas las miradas capitalinas.
Ya desde por la mañana, comenzó el recorrido por una accidentada vereda, una auténtica penitencia para los fieles, que luego de 30 minutos de escalada, llegaron a la cueva, donde se encuentra la imagen del santo patrono.
En el lugar, se celebró una misa para celebrar a San Ignacio de Loyola, además de pedir especialmente por que las condiciones sanitarias por la pandemia mejoren.
Ya de regreso, la festividad se apoderó de la zona, entre los múltiples conjuntos musicales, las familias se reunieron en torno al escenario principal para continuar con las festividades.
Una nube de polvo por más de 20 minutos anunció la llegada de los más de 300 jinetes y escaramuzas que encabezaron la tradicional cabalgata a San Ignacio, ya sea a trote lento y algunos en marcha a la vieja escuela española, asombraron a los niños que por primera vez acudieron a las fiestas.
De carnitas, de barbacoa o de asada, se escuchó por parte de los taqueros, aunque el exquisito olor que emanó de los puestos de comida, por si solos hipnotizaron a los asistentes.
El calor en el lugar también contribuyó para que las micheladas, cervezas y algunos licores, ingresaran con mayor facilidad al estómago de los capitalinos o visitantes y poner todavía aún más ambiente.
El alcalde de la ciudad, Alejandro Navarro Saldaña, informó que la llegada de visitantes de otras partes del estado para esta festividad, permitió no solo reactivar la economía para los más de 179 puestos en la zona, sino para toda la ciudad.
Pese a la gran cantidad de personas, a diferencia de los festejos de la San Juan y Presa de la Olla, en esta ocasión no se registraron riñas o escándalos por en las inmediaciones de la Bufa.
De acuerdo con el Secretario de Seguridad Ciudadana, Samuel Ugalde García, solamente fueron atendidas cuatro personas por caídas o resbalones durante el recorrido, por lo cual los festejos de San Ignacio de Loyola fueron con saldo blanco.
Fue así, como luego de un año de tristeza, temor, incertidumbre, crisis social y económica, San Ignacio de Loyola y su Día de la Cueva, dieron esperanza a los capitalinos ante la contingencia sanitaria más severa de la historia moderna.
Información. Tomás Cuevas.

