Sin presencia del Gobernador, vive Guanajuato la apertura de la Presa de la Olla.

La apertura de la Presa de la Olla, más allá de una festividad arraigada en el corazón de los cuevanenses, representa una nueva esperanza, una nueva oportunidad de superar un año opacado por la crisis social y sanitaria por la COVID-19.

Como es tradición, el primer lunes de julio, autoridades estatales y municipales, se dieron cita a las 13:00 horas, para abrir las míticas compuertas de la presa y dejar que el agua fluyera por una caída de más de 10 metros de altura.

El secretario de Finanzas, Inversión y Administración, Héctor Salgado Banda, ante la ausencia del gobernador, Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, levantó un pañuelo blanco para que el imponente cuerpo de agua fuera liberado y la densa bruma generada por el impacto de líquido con el cimiento empedrado de la presa, una vez más dieran vida a un espectáculo sin igual.

El estruendo de la liberación de las aguas de la presa, solo pudo ser silenciado por los talentosos músicos de la orquesta del estado, que como es tradición, amenizaron el evento con las suaves melodías del vals Sobre las Olas, pieza magistral del compositor otomí, Juventino Rosas.

Sentimientos a flor de piel entre los asistentes, los niños que por primera vez presenciaron el espectáculo hídrico contrastaron con los melancólicos semblantes de quienes recordaron a esa persona que año con año acudía al evento y que a causa del COVID-19, hoy sin presentes en los corazones de sus familiares.

Al interior de la zona de compuertas, los abrazos, los saludos y por qué no, la solicitud de apoyos para ejecutar proyectos futuros, son parte de la coreografía de la clase política.

Ya se extrañaba la verbena en torno al festejo, pues en 2020 las condiciones sanitarias no permitieron al cuevanense disfrutar la fiesta como se merecen, pero eso ya quedó atrás, hoy con la renovación del agua de la presa también se renueva un nuevo ciclo, una nueva normalidad, una nueva oportunidad de dejar atrás los estragos de la pandemia y comenzar de nuevo.

El capitalino, festivo por tradición, de nueva cuenta salió a las calles para festejar la apertura de la presa, disfrutar de las exquisitas botanas que son ya parte fundamental de la fiesta, degustar de un helado con los hijos o acariciar al paladar con el exquisito sabor de las tostadas de pata, tártara, ceviche, oreja y trompa.

Los jovencitos, quienes aprovechan la ocasión para lucir sus mejores prendas y  que aprovechan el menor descuido de sus padres para darse a la fuga y encontrarse con esa personita que llena de alegría el corazón.

Es así como el guanajuatense, después de un duro año, de nueva cuenta pudo reír, disfrutar, reencontrarse con los amigos y asombrarse una vez más con el espectáculo y sentir la brisa que emana desde la intimidad de la Presa de la Olla.

Información. Tomás Cuevas.

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