Fueron las manos de la gente trabajadora y con un espíritu inquebrantable, las que reconstruyeron a Irapuato, una ciudad que quedó destruida luego de la peor inundación que han sufrido, y que a 47 años de la tragedia, sigue en el recuerdo de los irapuatenses, de entre quienes existen héroes anónimos que no se dejaron vencer por la tragedia.
Una de esas heroínas es Doña Candelaria, quien sabía que tenía que sobrevivir a la inundación por sus hijas y por la pequeña que llevaba en el vientre, y que nació apenas 15 días después de que bajó el agua. Su estado en cita no le impidió bajar todos los días entre el agua para buscar comida con la que alimentar a sus pequeños hijos.
“No nos dijeron nada, venían gentes que venían del estadio y venían unos ya todos mojados y nos dijeron: súbanse señoras que ahí viene el agua, y como yo estaba esperando, me dijo el señor que nos rentaba: no se crean, no se espanten, ha de ser una agüita que viene pasando”, recordó Doña Cande, quien sólo alcanzó a subir un poco de ropa al techo de lámina de los cuartos que rentaba para vivir con su familia, que antes de su llegada eran usados como corraletas.
Lo difícil vino después
Hoy a sus 74 años, Doña Candelaria recuerda con una sonrisa todo lo que vivió esos días, pues tenía sus hijos pequeños y estaba esperando a Francisca, su pequeñita, nacida de la inundación.
“Duramos bien hartos (días), cuando nosotros bajábamos nos daba hasta ahí (señala a la altura del pecho), y cuando caminábamos más nos bajaba, y nos decían tengan cuidado porque había coladeras abiertas y se las puede llevar el agua, y pues nosotros lo que llevábamos eran unas garrochas, chiquitas”, compartió Doña Candelaria.
Y es que sus más de ocho meses de embarazo no la detenían para bajar todos los días del techo e ir en busca de comida para sus niños; pues aunque había ayuda para los damnificados de la inundación, no llegaba a todos; ella se formaba horas para recibir tortillas que regalaban, pero eran cinco o seis, y no alcanzaban para todos los niños que tenía; hasta que le dijeron que en la Región Militar daban ayuda.
“La gente se aventaba, tenían dos o tres cuatro costales y todavía se aventaban, venían de los ranchos. Pero muchos ranchos no se inundaron y yo después decía, pero a ustedes ya les dieron, dejen a la gente que va llegando y cuando a mí me dieron el pollo decían: hay que ponernos una panza de trapo para que también nos den un pollo, pero no era panza postiza, era mi niña”, contó con una sonrisa en el rostro.
En aquella ocasión le dieron harina, tortillas, frijoles y carne de avestruz. Pero el nuevo problema la falta de un lugar para cocinar, y tuvo que comprar un bracero y con el carbón mojado intentar hacer fuego: “hacia gorditas, se las retacaba de frijoles y con chile, con eso sobrevivimos”.
Fueron difíciles los días después de la inundación, pues no había trabajo y ella se ofrecía para limpiar casas, aunque la gente le decía que le podía hacer daño porque estaba embarazada, pero eso no le importaba, necesitaba dinero para sus hijos; 15 días después de que bajó el agua, nació su hija y aun así siguió saliendo a buscar comida y trabajar.
Nuevo comienzo
Ella fue una de las beneficiarias del Instituto para el Desarrollo de la Comunidad Rural y Vivienda Popular (Indeco), que tras la inundación, con apoyo de diferentes dependencias construyeron 510 casas y terrenos para apoyo de más de tres mil 500 personas que quedaron sin un hogar, y que hoy es la colonia 18 de Agosto.
Eligió anotarse para un terreno y vendieron elotes y cacahuates en la calle 20 de Noviembre. Con el apoyo de sus hijos que se metieron de chalanes de albañil, fue como levantó su casa, en la que hoy recuerda sus anécdotas y sabiéndose una sobreviviente de una tragedia que cambio la vida de los irapuatenses.
https://www.youtube.com/watch?v=xe_UPKtJ7Yc&feature=youtu.be
Información. Periódico Correo.

