Trump apuesta todo a una vacuna.

Lejos de paralizar la economía para contener al nuevo coronavirus, el presidente estadounidense Donald Trump insistió ayer en que la solución pasa por el rápido descubrimiento de una vacuna y nuevos tratamientos contra el virus, que ahora contagió a un cercano asesor suyo.

Hostil a cualquier confinamiento antes de las presidenciales del 3 de noviembre, en las que busca la reelección, Trump quiere resolver la crisis de salud gracias al “genio científico estadounidense”.

El presidente republicano lo dejó claro al visitar el sitio de producción en Carolina del Norte de la vacuna experimental desarrollada por una de las muchas compañías en las que ha invertido su gobierno: Novavax, una empresa de biotecnología que nunca ha comercializado una vacuna pero que ha recibido mil 600 millones de dólares.

Trump recorrió el laboratorio con un tapabocas negro, lo que es su segunda aparición pública con barbijo en dos semanas.

Washington ha destinado 6 mil 300 millones de dólares desde marzo para financiar proyectos, en grandes laboratorios como Johnson & Johnson, Pfizer y AstraZeneca, y en dos pequeñas empresas de biotecnología, Novavax y Moderna. Moderna, fundado en 2010 y sin ningún producto en el mercado, comenzó ayer la última fase de ensayos de su vacuna en EE. UU., una de las cuatro compañías en el mundo que ha alcanzado esta etapa.

“Nunca una vacuna contra un nuevo patógeno fue tan rápida”, dijo Trump. Washington otorgó miles de millones de dólares adicionales para financiar el desarrollo de tratamientos terapéuticos, plantas de producción, fabricación de jeringas y otros insumos médicos.

Trump bautizó sus esfuerzos contra la Covid-19 ‘Operación Warp Speed’ (un término de ciencia ficción que significa ‘más rápido que la velocidad de la luz’) y no oculta que su objetivo es vacunar a EE. UU. primero, lejos de la retórica europea sobre la vacuna como un “bien público global”.

Dado que no hay garantía sobre la efectividad de ninguno de los proyectos, los contratos firmados con tres de los desarrolladores (AstraZeneca, Novavax, Pfizer) ya prevén la entrega prioritaria a Estados Unidos de 500 millones de dosis.

“Nunca hemos hecho esto antes”, dijo Trump. “Hemos lanzado la producción en masa de las candidatas más prometedores, para que desde el primer día estén disponibles para los estadounidenses de inmediato”. “Y probablemente tendremos un montón para el resto del mundo”, agregó.

Ensayos a gran escala

Washington firmó acuerdos con los dos proyectos de vacunas occidentales más avanzados (junto con los chinos Sinovac y Sinopharm): AstraZeneca (socio industrial de la Universidad de Oxford en Reino Unido, que prueba su vacuna en el Reino Unido, Brasil y Sudáfrica), y Moderna, que ensaya en EE. UU.

Moderna, asociada a los Institutos Nacionales de Salud (NIH) –un grupo de instituciones públicas estadounidenses centradas en la investigación médica–, administró ayer la vacuna al primer voluntario en la fase 3 de los ensayos. Fue a una mujer negra llamada Robyn, quien explicó en videos que había tenido que superar su propia renuencia, debido al sombrío precedente del “experimento Tuskegee”.

Moderna y los NIH quieren reclutar en los próximos meses 30 mil voluntarios.

Los resultados estarían en octubre, en el mejor de los casos, en noviembre, dijo ayer en la cadena CNBC el jefe de Moderna, Stéphane Bancel, lo cual permitiría un anuncio antes de las elecciones.

Como la mitad de los participantes recibirán un placebo, cuantos más estén infectados, más probable será que la vacuna tenga que demostrar su efectividad en la mitad que la habrán recibido.

La agencia de medicamentos estadounidense (FDA) dijo que para aprobar una vacuna contra la covid-19, los patrocinadores deben demostrar que es al menos 50% efectiva en un ensayo con placebo.

Información. Periódico Correo.

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