Hallan Esperanza Entre Desechos; La Familia Recolecta Desde Hace 30 Años.

Montañas, que en lugar de ser verdes son de plástico o de cáscaras, papeles o cartones y flores de colillas de cigarro y en realidad ni son flores, ni son montañas, sino pilas y pilas de basura.

Un paisaje poco cotidiano para muchos, pero el lugar de trabajo de la familia Coronilla, quienes por más de 30 años se han dedicado a separar basura en el relleno sanitario, encontrando historias y creando otras con materiales que reciclan, otros que venden y les han pagado la escuela a nietos e hijas.

“Trabajar lejos de todos es mejor, aquí tenemos una tranquilidad, no andamos corriendo para acá o para allá, aquí nos ganamos nuestro dinerito, a veces no me alcanza para pagarles a mis hijas pues yo pienso que ese año estuvo bien difícil, espero que el año que entra esperamos que cambie todo”, Martín Coronilla, Pepenador

“Yo empecé aquí por mi papá, desde los 12 años, era muy difícil, mis papás estaban más jóvenes, trabajábamos en el relleno, nos veníamos en una bicicleta y ahorita pues ahora sí que nos superamos, porque ya mi ‘apá’ tiene su camioneta, en ese tiempo pues no, nos veníamos todos los días en la mañana a juntar material”, indicó Mari, mientras cubre su boca con un pañuelo rosa, el cual recalca que no es para evitar enfermarse.

“A mí esto nunca me ha hecho daño”, comenta, lo usa entonces para el calor que por las tardes les pega recio en la cara, ahí está también su hermana y su pequeña sobrina Karen que cuida a ovejín, güero, elefante, sus perritos que rescató ahí mismo.

Casi todas las que trabajan ahí son mujeres aguerridas, “Lo más difícil es cuando nos toca cargar lo pesado, no podemos, pero le hacemos la lucha entre todas, luego cargamos el material, eso es lo más pesado, somos tres mujeres y mi papá que es el único hombre”.

Es su fuente de trabajo

En estos tiempos la familia dice que muchas personas quieren sacar negocio de su trabajo, por eso piden a los ciudadanos que no separen la basura, ya que, al separar botellas de plástico o cartones del resto de desechos, a ellos ya no les llega nada para vender.

“Trabajar lejos de todos es mejor, aquí tenemos una tranquilidad, no andamos corriendo para acá o para allá, aquí nos ganamos nuestro dinerito, a veces no me alcanza para pagarles a mis hijas pues yo pienso que ese año estuvo bien difícil, espero que el año que entra esperamos que cambie todo. Yo voy a cumplir 30 años, desde que empezamos en El Copalillo y a la fecha aquí andamos, hay comida y salud, que es lo importante”, dijo don Martín.

En esas pilas de desechos, les ha tocado encontrar de todo, ver de todo y aplastar de todo. Hace como 10 años, se espantaron con lo que parecía ser lo más extraño que pudieran haber encontrado: “Una vez en un camión del Seguro (Social) tiraron varios fetos y después vinieron (las autoridades) por ellos porque hablamos, pero sí salieron como seis, pero hace tiempo”, recordó Mari.

Pese a no tener seguro ni aguinaldo, dice se siente contenta de trabajar con su familia, ya que como están los tiempos, en las fábricas de ensamblado o de refacciones para carros, no le iría bien, aquí al menos asegura sus doscientos pesos diarios y puede faltar en casos de emergencia.

Información. Periódico Correo.

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