“¿Por qué a ti, mi niña?”: Barrón despide a sus muertos y clama justicia.

Entre calles desiertas y polvaderas que levantaba el viento llegaron a la comunidad de Barrón los cuerpos de Pamela Rubí y Estafanía, dos de las estudiantes asesinadas en la masacre de Barrón la tarde noche del lunes.

“Tú no puedes regresar así, tú no mi niña ¿por qué te hicieron esto? tú tienes que estar viva”, con llanto y dolor recibieron a Pamela Rubí sus familiares.

El estruendo de los cohetes anunció la llegada de los restos de la joven de 17 años asesinada a balazos, junto con otros 4 estudiantes y una mujer de la tercera edad.

En el inmueble que se ubica en la calle Miguel Hidalgo, donde creció Pamela Rubí, se respiraba dolor, incredulidad y frustración. En esta ocasión Rubí no entró a casa sonriendo con la alegría que le caracterizaba, en su lugar, su cuerpo inerte, regresó a su hogar en un ataúd.

Mientras bajaban el féretro color blanco, se escuchaba el llanto de los familiares. Estos aún no aceptan la pesadilla tras el ataque armado que destrozó a balazos la vida a una joven entusiasta, buena estudiante, con sueños e ilusiones.

“¿Por qué a ti mi niña, si tu no le hacías daño a nadie, mi chiquita?”, gritaba desconsolada una mujer cuando entró el ataúd de Pamela Rubí.

Cinco familias más en luto

En un domicilio de la calle Zaragoza también hubo llanto y dolor, los familiares no podían creer que Estefanía de 17 años de edad, estuviera llegando en un ataúd.

La camioneta del servicio funerario ingresó al domicilio y las puertas de tela ciclón quedaron cerradas. Familiares pidieron respeto para su dolor.

Pamela Rubí y Estefanía murieron junto con otros 3 estudiantes: Guadalupe, José Guadalupe y Eleuterio.

Un ataque a balazos truncó cinco vidas, con las que se desvanecieron sueños, anhelos, proyectos e ilusiones.

La agresión deja sumergidas en el dolor a seis familias de la comunidad de Barrón. También le robaron la vida a Juana, una mujer de 65 años de edad.

La comunidad de Barrón ya no volverá a ser la misma, este ataque armado marca el peor capítulo de su historia, el miedo sigue latente, el dolor es grande.

Por todas las víctimas, la comunidad de Barrón exige justicia, mientras despide y llora a sus muertos…

Seis cruces de cal denuncian la tragedia

Seis cruces de cal cubren la sangre de las 6 víctimas mortales de la Masacre en Barrón de Salamanca. Cada una evidencia el luto y el miedo de las familias que, encerradas, esperan la llegada de los cuerpos de sus seres queridos.

La señora Dolores cuenta que su hija venía de la prepa y se detuvo a platicar con sus amigos, cuando hombres armados les dispararon.

Su hija junto con sus compañeros y la señora perdieron la vida casi al momento, sin que les dieran tiempo de nada.

Estefania tenía 17 años de edad y era la mayor de las hermanas. Ella, junto con su madre, trabajaban en el campo para sostener a su familia, dado que su papá tiene una discapacidad. Pero ella se daba tiempo para seguir estudiando y colaborar en las labores del hogar.

Información. Periódico Correo.

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